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Ucrania desafía el cielo ruso: el ataque a la base aérea de Morózovsk y el nuevo tablero bélico en Europa del Este

by Phoenix 24


Varsovia, 5 de julio de 2025 – En la madrugada del 5 de julio, un enjambre de drones ucranianos cruzó el cielo de la región rusa de Rostov y golpeó con precisión la base aérea de Morózovsk, un enclave clave en la arquitectura militar rusa que ha sido utilizado para lanzar ataques aéreos contra Ucrania desde el inicio de la invasión en 2022. El Ministerio de Defensa de Ucrania no ha emitido declaraciones oficiales, pero fuentes militares occidentales aseguran que el ataque fue exitoso y provocó “pérdidas significativas en aeronaves y estructuras logísticas”.

La base aérea atacada alberga escuadrones del Su-34, uno de los principales aviones de combate rusos utilizados para bombardear posiciones ucranianas. Según un informe reciente del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), los Su-34 han sido responsables del 40% de las incursiones aéreas con municiones guiadas sobre infraestructuras civiles en Ucrania en los últimos 18 meses. El ataque ucraniano representa no solo una respuesta táctica, sino una señal clara de que Kyiv está dispuesta a llevar el conflicto al corazón del aparato militar ruso, rompiendo con la lógica defensiva que había predominado hasta ahora.

La ofensiva coincide con el despliegue de más de 500 drones kamikaze por parte de Rusia durante los últimos días en distintos frentes del este ucraniano. Expertos del Center for Strategic and International Studies (CSIS), con sede en Washington, han advertido que Moscú está aumentando la producción de drones de largo alcance con tecnología iraní, en particular del modelo Shahed-136, ensamblados ahora en territorio ruso bajo acuerdos opacos con empresas pantalla vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica.

El contraataque ucraniano en Morózovsk se lee también como una advertencia geoestratégica: Ucrania ha ampliado su capacidad de impacto más allá del Donbás y la región de Crimea, lo que obliga a Rusia a redirigir recursos hacia la protección de su retaguardia. De acuerdo con Le Monde Diplomatique, analistas franceses sostienen que esto podría debilitar la presión ofensiva rusa en Zaporizhzhia y Járkov, donde Ucrania ha recuperado terreno en los últimos meses.

El ataque ha reavivado el debate sobre la asistencia militar occidental a Ucrania. Aunque oficialmente Estados Unidos y sus aliados europeos insisten en que su ayuda está restringida a usos defensivos, reportes del Financial Times revelan que el nuevo sistema de navegación por inteligencia artificial que permitió a los drones alcanzar Morózovsk con alta precisión habría sido desarrollado con apoyo indirecto de firmas europeas ligadas al consorcio MBDA y al laboratorio alemán Fraunhofer.

Por su parte, Moscú ha acusado a Occidente de participar activamente en “actos de terrorismo internacional”, una narrativa que busca legitimarse internamente frente a un conflicto cada vez más costoso. Según datos del Banco Mundial, el gasto militar ruso ha superado ya el 8.4% de su PIB, el más alto desde la era soviética, en un contexto de sanciones económicas intensificadas por la Unión Europea tras los ataques a infraestructuras energéticas ucranianas en junio pasado.

El ataque a Morózovsk podría marcar un punto de inflexión hacia una guerra de desgaste con proyección transfronteriza. De acuerdo con el último reporte de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), la frontera ruso-ucraniana se ha vuelto una línea difusa donde operan grupos paramilitares, agentes de inteligencia y mercenarios financiados por redes de criptomoneda no rastreables. La existencia de fundaciones pantalla en Bielorrusia y Georgia, según alertas del European Centre for Intelligence Studies (ECIS), estaría facilitando la triangulación de recursos logísticos para ambas partes.

Israel, Irán, Turquía y China observan con atención. Para Ankara, el aumento de vuelos no identificados sobre el Mar Negro podría poner en riesgo sus rutas comerciales marítimas. En tanto, Beijing ha incrementado su vigilancia satelital sobre movimientos militares en Europa del Este, mientras Moscú intenta cerrar nuevos acuerdos bilaterales con Pekín para la adquisición de sistemas de defensa antiaérea de última generación.

La batalla aérea que se libró sobre Rostov no fue solamente un ataque quirúrgico; fue una declaración de intenciones. En esta guerra híbrida, donde los drones son tan decisivos como la narrativa, Ucrania está ensayando una nueva estrategia que combina precisión tecnológica, audacia operativa y simbolismo político. El mensaje parece claro: ya no basta con resistir, ahora se trata de disuadir, golpear y proyectar.

En palabras de un analista consultado por Der Spiegel, “la guerra en Ucrania ya no se libra solo por control territorial, sino por control del relato. Y quien controle el cielo, controla también la versión de la historia que prevalecerá”.

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