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Siria regresa al tablero: Suwayda entre lealtades cruzadas y represión militar

by Phoenix 24

En el sur de Siria, Suwayda —de mayoría drusa— pasó de ser un enclave estable al epicentro de una crisis donde convergen protesta social, tensiones étnicas y el desgaste del régimen autoritario.

Suwayda, julio de 2025 —

Después de intensos enfrentamientos entre jóvenes drusos armados y clanes beduinos con vínculos históricos con Damasco, el Ejército sirio ha desplegado nuevamente tropas en la provincia de Suwayda. Aunque el gobierno asegura que el regreso tiene como objetivo estabilizar la región tras los disturbios recientes, activistas locales y analistas independientes temen una operación más amplia de represión que podría derivar en una nueva ola de violencia civil.

Según informes obtenidos por Phoenix24 a través de fuentes regionales cruzadas y verificación con datos de Human Rights Watch y el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR), el último estallido de violencia dejó al menos cinco muertos y decenas de heridos, entre ellos civiles atrapados en las escaramuzas entre grupos armados locales y las fuerzas de seguridad.

La comunidad drusa, una minoría religiosa con fuerte cohesión interna y tradiciones ancestrales de autonomía, ha mantenido históricamente una relación ambigua con el gobierno de Bashar al-Ásad. Aunque no ha participado activamente en la guerra civil siria como otras regiones, el malestar por la crisis económica, la inflación descontrolada (que supera el 150% en productos básicos, según el Banco Central sirio), y la represión de libertades civiles ha erosionado la pasividad de sectores juveniles que ahora reclaman reformas estructurales y mayor autodeterminación.

Expertos del Middle East Institute y del Carnegie Endowment señalan que la reactivación del conflicto en Suwayda no es un evento aislado, sino parte de una dinámica más amplia de disgregación del control estatal en zonas periféricas. “El régimen ha perdido capacidad efectiva de gobernanza en regiones que antes se mantenían en silencio, y la reactivación de la presión militar sólo genera mayor polarización”, advierte Lina Khatib, analista del Instituto Real de Asuntos Internacionales Chatham House.

En paralelo, el retorno del Ejército a Suwayda revive viejas sospechas sobre la estrategia del gobierno de promover enfrentamientos interétnicos como forma de mantener el control a través de la fragmentación. Una táctica ya observada en otras provincias como Daraa o Hasaka, donde el aparato de inteligencia sirio ha sido acusado de instrumentalizar diferencias tribales y religiosas para desactivar focos de resistencia organizada.

Por su parte, voceros no oficiales del Ejército sirio aseguran que la intervención se limita a proteger las infraestructuras clave y evitar un vacío de poder que pueda ser aprovechado por grupos extremistas, como remanentes de Daesh aún activos en áreas desérticas del sur. No obstante, activistas locales entrevistados por Phoenix24 aseguran que varios domicilios han sido allanados sin órdenes judiciales y que al menos 12 jóvenes han sido detenidos por compartir publicaciones críticas en redes sociales.

El contexto regional también condiciona la evolución de esta crisis. Con la frontera jordana al sur y el Golán ocupado por Israel al oeste, Suwayda se encuentra en una posición geopolítica delicada. La reciente visita del ministro de Defensa ruso a Damasco y los ejercicios conjuntos con Irán en la región de Latakia han sido leídos por analistas de Stratfor como señales de que Moscú no permitirá un colapso absoluto del régimen, pero tampoco parece dispuesto a financiar su represión interna indefinidamente.

China, mientras tanto, ha mantenido silencio diplomático, aunque medios vinculados a Pekín como CGTN han publicado reportajes que presentan al gobierno sirio como garante de estabilidad frente al “caos tribal”, una narrativa que refuerza la legitimidad del uso de la fuerza.

Si la situación continúa su curso actual, es probable que el Ejército mantenga una presencia de control sin mayores altercados, prolongando el estado de tensión latente sin resolver las demandas sociales. Sin embargo, si se produce un nuevo incidente letal o una represión masiva, el conflicto podría escalar, atrayendo atención internacional y reactivando viejas redes de apoyo a la disidencia. Un tercer escenario contempla la entrada en juego de mediadores no estatales, como ONGs drusas transnacionales o diásporas influyentes, que podrían forzar negociaciones internas sin pasar por Damasco.

Mientras tanto, la batalla por Suwayda no se libra únicamente en sus calles, sino también en la forma en que será narrada al mundo. Si el silencio vence, el régimen habrá ganado otra batalla sin disparar un solo tiro ante las cámaras. Pero si el relato druso logra proyectarse más allá de las montañas del sur, el equilibrio estratégico en Siria podría volver a cambiar.

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