El olor corporal, el dióxido de carbono y otras características individuales ayudan a explicar por qué algunas personas reciben más picaduras que otras.
EUROPA — Agosto de 2026
Los mosquitos no pican a las personas de manera completamente aleatoria. Diferentes investigaciones han mostrado que estos insectos pueden desarrollar preferencias por determinados individuos, y que esas preferencias cambian según la especie de mosquito y las señales químicas y físicas que cada persona emite.
Entre los factores más importantes se encuentra el dióxido de carbono que exhalamos al respirar. Los mosquitos son capaces de detectarlo a distancia y utilizarlo como una de sus principales señales para localizar posibles huéspedes. A medida que se acercan, comienzan a intervenir otros elementos como el olor de la piel, el calor corporal y determinados compuestos presentes en el sudor.
La composición química de la piel también desempeña un papel relevante. Cada persona posee una combinación particular de microorganismos y sustancias que genera un perfil olfativo diferente. Para algunas especies de mosquitos, ciertos compuestos pueden resultar especialmente atractivos, mientras que otras responden con mayor intensidad a señales distintas.
La preferencia también depende de la biología de cada especie. Algunos mosquitos están mejor adaptados para alimentarse de seres humanos, mientras otros muestran mayor afinidad por aves, mamíferos u otros animales. Esta especialización influye directamente en la forma en que detectan y seleccionan a sus huéspedes.
Comprender estas preferencias tiene una importancia que va mucho más allá de las molestias provocadas por las picaduras. Diversas especies de mosquitos pueden transmitir enfermedades como dengue, malaria, fiebre amarilla, chikungunya o virus del Nilo Occidental, por lo que conocer los mecanismos que utilizan para encontrar a las personas puede contribuir al desarrollo de mejores estrategias de prevención.
Los científicos estudian ahora cómo transformar este conocimiento en repelentes más eficaces, sistemas de vigilancia y nuevas herramientas para reducir el contacto entre mosquitos y seres humanos. Identificar qué señales atraen a cada especie podría convertirse en una pieza importante para mejorar la protección frente a enfermedades transmitidas por estos insectos.
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