Cuando el cuerpo, ya sin raqueta, lanza el reto más duro: resistir sin rendirse

A veces, el partido más decisivo se juega lejos de la cancha y sin público que aplauda.

Nueva York, agosto de 2025

Monica Seles, ícono de fuerza y tenis, enfrenta hoy un adversario irreversible: la miastenia gravis. A sus 51 años y tras nueve títulos de Grand Slam, revela que desde hace tres años libra una batalla diaria contra una enfermedad autoinmune que atenta contra su visión, su fuerza muscular más elemental y la simple rutina de peinarse o vestirse.

El diagnóstico no fue inmediato. Aquello que comenzó como una pelota esquiva —“veía dos pelotas”— en un juego familiar derivó en una larga búsqueda médica. Finalmente, en 2022, se confirmó una condición que no tiene cura: cuando el sistema inmunológico traiciona la conexión entre nervios y músculos, la contracción se vuelve débil, la fatiga se instala y las tareas cotidianas se vuelven hazañas silenciosas.

Con la misma inteligencia que aplicaba para leer una pared de revés, Seles tardó en absorberlo, aceptarlo y contarlo. Pero decidió ponerlo en palabras antes de otro gran regreso: el del US Open. Porque hablar de ello no es solo compartir una historia personal, es convertirse en portavoz de quienes cargan una condición rara y poco visibilizada.

Esta enfermedad afecta a unas 20 a 35 personas por cada 100 000 habitantes. En nuestra región, las estimaciones coinciden con ese rango internacional. La miastenia gravis no solo fluctúa en intensidad —hoy fuerte, mañana casi imperceptible—, sino que desafía la identidad misma de quien ha sido una atleta dominadora. El poder camina distinto, ya no desde el pie en el acelerado movimiento, sino desde la constancia de mantenerlo, de resistir.

La respuesta terapéutica no es un soplo de alivio, pero sí una puerta: medicamentos inmunosupresores, terapias sintomáticas, biotecnologías emergentes. No es curación, pero es gestión; no es revancha, pero reivindica la posibilidad de seguir. Porque Seles, con dignidad, avanza desde ese nuevo ritmo: el de amortiguar la fatiga más que acelerar la victoria.

Este capítulo se suma a otros que redefinieron su vida: inmigrar, alcanzar la cima adolescente del tenis global, sobrevivir a un ataque que la apartó por dos años, volver por una última gran victoria. Resiliencia como motor, adaptación como manifiesto. Hoy, ella convierte su experiencia personal en un mensaje universal: resistir cuando todo parece romperse, y resistir no desde la fuerza desmedida, sino desde la delicadeza.

Si esta lucha sigue en pie, la visibilidad que le dio puede impulsar recursos, empatía y conciencia sobre una condición poco conocida. Si una nueva terapia biológica emerge, podría transformar no solo su día a día, sino el paisaje clínico de quienes padecen lo mismo. Y si otras figuras públicas comparten sus historias, quizás la solidaridad se escriba con voz fuerte y colectiva.

Porque al fin y al cabo, el verdadero triunfo no se mide en torneos conquistados, sino en cómo se sostiene la dignidad cuando el cuerpo ya no responde como uno quisiera. Y eso, para una campeona como Seles, es hoy el saque más decisivo.

Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis riguroso, en coherencia con el contexto global vigente.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team using reliable sources, public data, and rigorous analysis in alignment with the current global context.

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