Especialistas advierten que la nueva política estadounidense puede debilitar la confianza pública y facilitar el regreso de enfermedades que habían sido controladas.
Washington, Estados Unidos | Agosto de 2026. El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que propone reducir de 18 a 11 las enfermedades incluidas en las recomendaciones universales de vacunación infantil en Estados Unidos.
La medida retira del esquema sistemático las recomendaciones contra la COVID-19, influenza, rotavirus, enfermedad meningocócica, virus respiratorio sincitial y hepatitis A y B. Algunas vacunas continuarían destinadas a menores con mayor riesgo, mientras otras quedarían sujetas a una decisión compartida entre las familias y los profesionales sanitarios.
La orden también plantea separar la vacuna triple vírica contra sarampión, paperas y rubeola en tres inyecciones administradas durante visitas diferentes. Actualmente no existen en Estados Unidos vacunas individuales para esas tres enfermedades.
La Organización Mundial de la Salud reiteró que la evidencia científica demuestra que las vacunas, incluida la triple vírica, son seguras y no causan autismo. Especialistas también señalan que dividir las dosis carece de fundamento científico y podría provocar retrasos o abandonos del esquema de inmunización.
La Agencia Europea de Medicamentos advirtió que las consecuencias pueden extenderse más allá de Estados Unidos. Las decisiones adoptadas por una potencia científica y sanitaria pueden alimentar la desconfianza internacional y reducir la cobertura en países donde el escepticismo ya está creciendo.
Europa conoce ese riesgo. Armenia, Austria, Azerbaiyán, España, Reino Unido y Uzbekistán volvieron a registrar transmisión endémica de sarampión en 2024. Los expertos temen que una caída adicional de la vacunación también facilite el regreso de enfermedades como la poliomielitis.
Las vacunas combinadas reducen el número de visitas médicas y facilitan completar los esquemas infantiles. Añadir citas e inyecciones separadas, por el contrario, puede dificultar el acceso y dejar brechas de protección en las comunidades.
Las enfermedades no necesitan nuevas fronteras para regresar; les basta con encontrar comunidades que hayan dejado de estar protegidas.