Home PoliticsRegreso a clases en Sinaloa: entre el miedo, el ausentismo y la guerra interna del cártel

Regreso a clases en Sinaloa: entre el miedo, el ausentismo y la guerra interna del cártel

by Phoenix 24

El ánimo escolar resquebrajado, mientras la violencia impone la tregua del terror.

Culiacán, septiembre 2025

En Sinaloa, la vuelta a clases comienza bajo una sombra persistente. La llamada guerra interna del Cártel de Sinaloa ha generado niveles de violencia inéditos desde septiembre de 2024, con más de mil 500 desapariciones y homicidios documentados en lo que va del conflicto. Esa realidad ha convertido las aulas en espacios vacíos o virtuales, no por elección, sino como forma de supervivencia.

El ciclo escolar 2024-2025 cerró sin celebraciones ni rituales de graduación. Al menos 80 escuelas permanecieron cerradas, y muchas graduaciones se efectuaron a distancia. Trágicamente, cerca de 50 niñas, niños y adolescentes fueron asesinados durante el ciclo, a menudo durante balaceras o en sus trayectos a clases. Padres y madres optaron por proteger a sus hijos quedándose en casa, desafiando los llamados oficiales para retomar la educación presencial.

Al menos 18 planteles educativos en Sinaloa han sufrido robos y daños a su infraestructura durante el último ciclo escolar. Crédito: Cuartoscuro

El contexto regional refuerza la urgencia: en julio de 2025, la violencia en Sinaloa había escalado a condiciones de emergencia, con centenares de muertos y decenas de familias desplazadas o en confinamiento voluntario. La guerra entre facciones rivales del cártel, Los Chapitos y La Mayiza, ha fragmentado la estructura criminal, multiplicando zonas de combate intraurbano e imponiendo miedo como forma de control social.

El Gobierno estatal y la Secretaría de Educación Pública y Cultura defienden que existen condiciones mínimas para regresar a clases, especialmente en zonas urbanas como Culiacán y Mazatlán. Sin embargo, muchos planteles rurales en Cosalá, Navolato y municipios limítrofes permanecen clausurados por completo, víctimas del abandono, la inseguridad y la ausencia de estudiantes y docentes.

El choque entre necesidad educativa y derecho a la integridad ha intensificado una fractura social: la comunidad educativa exige garantías reales antes de aceptar el retorno. La oposición de padres y madres ha sido firme, y no faltan quienes recuerdan que no es una petición de suspensión indefinida, sino de una reactivación segura y digna, similar a los protocolos de virtualidad utilizados durante la pandemia.

Un antecedente relevante fue el intento anterior de retomar clases presenciales en febrero de 2025, tras operativos policiales en la ciudad. Aunque formalmente reabrieron instituciones públicas y privadas, la asistencia fue simbólica, con la mayoría de los alumnos ausentes incluso en zonas declaradas seguras.

La situación exige una respuesta integral: protocolos de protección, presencia confirmada de autoridades en zonas de riesgo y un mecanismo claro de seguimiento a desapariciones y agresiones contra menores. No basta con patrullas; se necesita reconectar la confianza. El tejido social no solo se ha resquebrajado, sino que ha sido desplazado por una cotidianidad marcada por el terror.

Este regreso a clases en condiciones extremas no solo descubre una paradoja: el derecho a la educación frente al derecho a existir, a no ser víctimas de la sinrazón del narco. La pregunta que surge es si Sinaloa logrará reconstituir espacios de aprendizaje, o si niños y adolescentes serán desplazados de sus aulas, atrapados en un ciclo de silencio y abandono impuesto por el Estado de miedo.

La narrativa también es poder.
Narrative is power too.

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