En la historia del arte occidental, el cuerpo gestante ha sido, con frecuencia, una presencia (o una ausencia) incómoda. Aunque la maternidad de la Virgen María fue, entre los siglos XIV y XVI, uno de los temas principales de la producción iconográfica en la península ibérica, el embarazo como realidad corporal quedó sistemáticamente sepultado bajo el simbolismo teológico. Una investigación publicada en 2026 en la revista Arts explora ahora este silencio visual desde un ángulo inédito a partir del análisis con inteligencia artificial de 52 obras de arte sacro ibérico.
El estudio, firmado por José Luis Bartha, del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad Autónoma de Madrid, empleó la plataforma Astica Vision para analizar representaciones de la Virgen de la Expectación, la Visitación y el Nacimiento de la Virgen. La metodología se articuló en dos fases. Primero, las imágenes se sometieron al sistema sin proporcionar contexto; después, se reintrodujeron con metadatos iconográficos. El objetivo era observar si la IA podía detectar de forma autónoma el embarazo representado en la imagen y determinar cómo variaba la lectura al recibir información adicional.
La investigación sostiene que, cuando la inteligencia artificial no reconoce un embarazo en una imagen que lo representa, el sentido parece claro: refleja con precisión la lógica visual del arte sacro, que nunca quiso mostrar ese cuerpo de forma explícita. La máquina, en su aparente ceguera, se convierte en un instrumento crítico para revelar lo que la tradición iconográfica ha silenciado durante siglos.
De la confluencia de la IA y el arte medieval nace una investigación pionera que busca establecer si la IA puede detectar de forma autónoma el embarazo representado en las imágenes de la Virgen y determinar cómo varía la lectura al recibir información adicional.
La Virgen que no se ve embarazada
La iconografía de la Virgen de la Expectación o Virgen de la O es una de las pocas tradiciones del arte sacro occidental en las que el embarazo de María se representa con claridad. En la escultura de madera policromada del Museo Diocesano de Santiago de Compostela, datada hacia 1325 y atribuida al Maestro Pero de Coimbra, el vientre volumétrico y la mano posada sobre el abdomen muestran de forma visualmente explícita la gestación. Y sin embargo, cuando Astica Vision analizó esta pieza sin contexto previo, describió la figura como “una mujer religiosa en oración, con una túnica larga”, sin mención alguna al embarazo.
Este resultado es una revelación. El arte gótico codifica la maternidad corporal utilizando convenciones formales, como la frontalidad, la simetría y la serenidad, que transmiten reverencia, pero que, según el autor, no representan la realidad biológica. La IA, que se ha entrenado a partir de patrones visuales contemporáneos, no encuentra los marcadores físicos que asocia con la gestación.
Cuando se introdujeron los metadatos en la segunda fase (“esta es la Virgen María embarazada, pintada en la España del siglo XVII”), el sistema comenzó a usar términos como “expectación sagrada” o “propósito divino”. Con todo, la IA seguía sin describir un cuerpo gestante.
Cuando Astica Vision analizó una escultura de la Virgen de la Expectación, sin contexto previo, describió la figura como “una mujer religiosa en oración, con una túnica larga”. No mencionó el embarazo.
Dos mujeres embarazadas que nadie reconoce
La Visitación es, en términos narrativos, la escena de toda la iconografía cristiana con mayor potencial para representar la maternidad compartida. María y su prima Isabel, ambas encintas, se encuentran y se reconocen mutuamente. Es un momento de reconocimiento intersubjetivo entre dos cuerpos que portan vida.
En la versión pintada al fresco por Juan de Borgoña en 1508 para la Sala Capitular de la catedral de Toledo, la IA describió la escena como “una mujer sujetando a un hombre” o, en el mejor de los casos, como “dos figuras religiosas abrazadas”. El sistema no reconoció ni el embarazo ni la intimidad entre las gestantes ni el reconocimiento maternal. Isabel, representada como mujer mayor, se identificó en ocasiones como una figura masculina.
Solo en un díptico de marfil del siglo XIV conservado en el Museo Lázaro Galdiano, en el que Isabel coloca la mano sobre el vientre de María mientras esta señala hacia su propia barriga, el gesto ofrece un atisbo de corporalidad. Incluso entonces, el sistema describió la escena como “dos mujeres talladas en marfil bajo unos arcos”. La gestación, como estado físico y emocional, resultó invisible para la máquina.
En la Visitación, el sistema no reconoció ni el embarazo ni la intimidad entre las gestantes ni el reconocimiento maternal.
Dar a luz sin cuerpo: el Nacimiento de la Virgen
Si la Visitación elude el embarazo como realidad física, el Nacimiento de la Virgen da un paso más: convierte el parto en un ritual ordenado y aséptico. En El nacimiento de la Virgen de Juan Pantoja de la Cruz (1603, Museo del Prado), la IA reconoció “un hombre y una mujer interactuando tiernamente con un bebé” y proyectó “temas de mitología” y “conexión divino-humana”.
Al añadir contexto, el sistema reconoció una escena sagrada y habló de “calidez” y “protección materna”, pero no mencionó el dolor, el esfuerzo ni el vínculo afectivo entre la madre y el hijo recién nacido. Santa Ana aparece pasiva y serena en el lecho, rodeada de un ritual de cuidados. La maternidad, conluye el autor de la investigación, se muestra como ceremonia, no como experiencia vivida.
La fotografía que todo lo cambia
Para calibrar sus hallazgos, Bartha incluyó en el corpus una fotografía contemporánea de una mujer en el tercer trimestre de embarazo, sentada de perfil con las manos sobre el vientre desnudo. Sin ningún metadato, la IA la identificó de inmediato: “una mujer embarazada”, “vientre grande típico de gestación avanzada”, “expresión facial serena”, “manos colocadas de forma protectora”. Detectó también el vínculo afectivo entre la madre y el no nacido, y describió la pose como “reflexiva” e “íntima”. El contraste resulta revelador. Si el arte sacro ibérico ocultó durante siglos el cuerpo gestante como realidad biológica y emocional, la cultura visual contemporánea lo exhibe sin ambigüedades.
La inteligencia artificial, al no poder “leer” ese cuerpo sin ayuda contextual, revela con precisión inusitada los códigos culturales del arte medieval que determinan qué cuerpos pueden “verse” y cuáles deben permanecer mudos.
La máquina como espejo del silencio
La aportación metodológica más valiosa de esta investigación procede de la propuesta de utilizar la IA como herramienta crítica en las humanidades. Cuando el sistema no detecta un embarazo en una Virgen de la O, no distorsiona la obra, sino que amplifica el silencio original. Como señala el autor, la ceguera de la máquina es un fiel reflejo de la resistencia teológica a corporalizar la maternidad de María.
El arte sacro ibérico construyó un régimen visual en el que el cuerpo gestante existía como símbolo, no como carne. La inteligencia artificial, al no poder “leer” ese cuerpo sin ayuda contextual, revela con precisión inusitada los códigos culturales que determinan qué cuerpos pueden “verse” y cuáles deben permanecer mudos.(M).