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Trump mantiene la presión arancelaria sobre la industria automovilística de la UE

by Phoenix 24

Una política proteccionista sostenida amenaza con cambiar las reglas del juego industrial en Europa, manteniendo intactas tarifas que penalizan al sector automotor europeo pese al acuerdo alcanzado.

Bruselas, 2 de agosto de 2025 — A pesar del pacto comercial anunciado entre la Unión Europea y Estados Unidos en julio, la administración de Donald Trump ha confirmado que los aranceles del 25 % sobre los automóviles europeos seguirán vigentes. Aunque el acuerdo bilateral estableció un arancel general del 15 % para la mayoría de productos industriales, el sector automotriz quedó explícitamente excluido, reforzando el carácter estratégico que Washington asigna a esta industria.

La medida se mantiene bajo la sección 232 del Trade Expansion Act estadounidense, una disposición que permite imponer gravámenes a sectores considerados sensibles para la seguridad nacional. En consecuencia, grandes fabricantes europeos como BMW, Mercedes-Benz, Volkswagen, Peugeot o Renault seguirán enfrentando un sobrecoste considerable para colocar sus vehículos en el mercado estadounidense, justo cuando la demanda interna comienza a desacelerarse y las cadenas de suministro globales continúan bajo presión.

El impacto financiero ya es palpable. Las asociaciones industriales europeas estiman que las pérdidas acumuladas por exportaciones afectadas podrían superar los 10 000 millones de euros en lo que resta del año. Empresas como Stellantis, General Motors Europa y Mercedes-Benz Group han reportado caídas de beneficios de entre el 20 % y el 35 %, especialmente en segmentos de gama alta. A ello se suma la amenaza de un posible nuevo paquete de aranceles del 50 %, anunciado como parte del esquema de “reciprocidad plena” propuesto por el actual gobierno estadounidense.

En contraste con la narrativa de alivio comercial difundida tras la cumbre UE–EE. UU. celebrada en Ginebra, la exclusión del sector automotor ha generado malestar en Bruselas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha expresado su rechazo a lo que considera un “trato desigual”, advirtiendo que se activarán medidas de retaliación si la situación no se revisa antes del cierre del año fiscal. Entre las opciones que se manejan están nuevos aranceles a vehículos estadounidenses de gran cilindrada, restricciones al acceso de contratistas norteamericanos en licitaciones europeas y limitaciones regulatorias a la importación de tecnologías asociadas.

Analistas de comercio internacional señalan que el actual esquema arancelario favorece, paradójicamente, a ciertas automotrices europeas con presencia fabril en Estados Unidos. Las marcas que producen directamente en plantas en Tennessee, Alabama o Carolina del Sur evitan el impacto directo de los aranceles, lo que ha generado un desplazamiento estratégico en la logística industrial del sector. Sin embargo, estas mismas fuentes advierten que la permanencia de tarifas punitivas puede erosionar la competitividad europea en mercados clave como el de vehículos eléctricos, donde las inversiones transatlánticas aún no alcanzan la escala necesaria.

En términos políticos, la postura de Trump responde a una narrativa electoral centrada en la “reindustrialización americana” y en la protección del empleo local, especialmente en los estados del llamado Rust Belt. Aunque el nuevo arancel general del 15 % se aplica a una amplia gama de productos europeos, la decisión de mantener intacto el 25 % para los automóviles envía una señal clara a su electorado: la defensa de la industria automotriz estadounidense es innegociable.

Por su parte, el Parlamento Europeo ha convocado sesiones extraordinarias para analizar los efectos colaterales del acuerdo, que ha sido recibido con cautela por sindicatos y cámaras empresariales. La principal preocupación radica en que la aceptación del arancel general del 15 % por parte de la UE, sin incluir cláusulas vinculantes para el sector automotor, haya debilitado la posición negociadora europea a mediano plazo.

En resumen, el supuesto deshielo comercial entre Bruselas y Washington queda empañado por la exclusión del sector más emblemático de la industria europea. Con los aranceles del 25 % aún en vigor, y nuevas amenazas sobre la mesa, la presión sobre los fabricantes europeos se mantiene intacta. El automóvil vuelve a ser, como en otras épocas, más que un producto: un símbolo geopolítico en disputa.

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