Con su cuarto triunfo en París, el esloveno se consolida como el dominador de su era y acelera el debate sobre si puede destronar a las auténticas leyendas del Tour.
París, julio de 2025
Tadej Pogačar ha conquistado el Tour de Francia 2025 con autoridad y sin fisuras. El esloveno suma ya cuatro títulos con tan solo 26 años y se coloca a un paso de unirse al club más exclusivo de la historia del ciclismo: los pentacampeones de la Grande Boucle. Nombres como Bernard Hinault, Jacques Anquetil, Miguel Induráin y Eddy Merckx lo aguardan en esa cima estadística donde no basta con el talento; se necesita perseverancia, inteligencia táctica y, sobre todo, tiempo. Y Pogačar aún tiene de sobra.
Este año ha ofrecido una demostración total de supremacía: cuatro victorias de etapa, el maillot de puntos rojos como mejor escalador, y más de cincuenta días vestido de amarillo. Ni Jonas Vingegaard ni Remco Evenepoel lograron recortar distancias en la general. Su desempeño en la montaña y la contrarreloj lo consagran como el ciclista más completo del pelotón actual, pero también como el más dominante desde la era dorada del siglo XX.
Las comparaciones son inevitables. Miguel Induráin ganó cinco Tours consecutivos entre 1991 y 1995, y lo hizo con un estilo frío, calculado, basado en el control de la carrera desde la contrarreloj. Eddy Merckx, por su parte, sumó cinco títulos y 34 etapas, con una agresividad incesante que le valió el sobrenombre de “El Caníbal”. Pogačar, en cambio, ha logrado más de veinte victorias parciales y ha combinado el carácter metódico de Induráin con la audacia de Merckx, todo envuelto en una serenidad millennial que desconcierta tanto como seduce.
Consultores deportivos del sector europeo han comenzado a ubicar a Pogačar como el heredero natural del trono histórico del ciclismo. Según expertos del Institut National du Sport français, la comparación con Merckx ya no es una herejía: su rendimiento en clásicas, grandes vueltas y campeonatos mundiales ha redefinido los estándares de exigencia física y mental del ciclismo profesional.
El 2025 también marca otro hito: Pogačar conquistó el Giro d’Italia, ganó dos Monumentos y el Campeonato Mundial, igualando una gesta que solo Merckx y Stephen Roche habían conseguido en una misma temporada. No es solo la acumulación de títulos, sino el modo en que lo ha hecho: dominando en alta montaña, resistiendo en etapas planas y tomando riesgos calculados incluso cuando no era necesario. Esa voluntad de ir más allá, de no conformarse con la ventaja táctica, es quizás el rasgo que más lo aproxima a la categoría de mito.
En la etapa final en París, con condiciones climáticas adversas sobre los adoquines húmedos de Montmartre, Pogačar no bajó el ritmo. Aunque la victoria de la jornada fue para Wout van Aert, el esloveno mantuvo la compostura, sabiendo que el Tour ya le pertenecía. El público francés lo ovacionó con respeto y cierta resignación: el dominio de Pogačar ha empezado a borrar las fronteras nacionales en la narrativa del Tour.
Lo que viene es inevitable: la presión mediática por el quinto Tour, las comparaciones continuas, el desgaste psicológico de sostener una hegemonía. Pero si algo ha demostrado Pogačar es que corre con la inteligencia de quien ha entendido que su mayor rival es el calendario, no los otros corredores. Y aunque aún le falta una victoria para entrar en el olimpo, ya corre como si siempre hubiera estado allí.
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