Home Cultura“Nunca conocí a nadie que le sacara tanto jugo a la vida”

“Nunca conocí a nadie que le sacara tanto jugo a la vida”

by Phoenix 24

Una despedida entre risas, anécdotas y viento en el rostro, donde el adiós se pareció más a una celebración que a un funeral.

Buenos Aires, agosto de 2025 — No es habitual que un viento que silba interrumpa el rito de una despedida, pero allí, en el Parque de la Memoria, junto al Río de la Plata, ocurrió como si lo esperara: en medio de aplausos y sonrisas, con el sol que rompió a brillar, las cenizas de Daniel Divinsky fueron arrojadas al agua. La ceremonia, íntima pero abierta a la comunidad cultural, reunió a escritores, editores, lectores, colegas y familiares, todos unidos por la idea de rendir homenaje a un hombre que hizo de la vida una obra generosa y libre.

Divinsky, figura emblemática de la edición argentina y responsable de Ediciones de la Flor, sello que alojó a Mafalda, Rodolfo Walsh, Fontanarrosa y una constelación de autores esenciales, partió rodeado de la calidez que supo cultivar en décadas de trabajo y amistad. No hubo discursos formales; en su lugar, se compartieron anécdotas, gestos de complicidad y recuerdos que revelaban su humor característico y su capacidad para hacer sentir a cada persona parte de un proyecto más grande.

Iván, el nieto de Divinsky y Liliana, su mujer, arrojan las cenizas al Río de la Plata.

Liliana Szwarcer, su compañera, recordó con ternura cómo Daniel le propuso casamiento “en calzoncillos y medias” porque “no uso anillos”. Su nieto Iván, visiblemente emocionado, sintetizó el legado personal con una frase que hizo sonreír y llorar al mismo tiempo: “Cuando no había nadie, él estuvo. Lo amo”. Ese fue el tono del encuentro: más que un adiós, una confirmación de la huella que deja en quienes lo conocieron.

El lugar elegido no fue casual. El Parque de la Memoria, con su carga simbólica y su mirada al Río de la Plata, se conecta con una parte esencial de la biografía de Divinsky: su compromiso con la democracia, la libertad de expresión y la memoria histórica. Su hija Eleonora destacó que su padre “hizo mucho por la democracia en la Argentina”, recordando el exilio y el regreso, y su permanente defensa de la cultura como espacio de encuentro y resistencia.

El homenaje también reunió voces del mundo editorial y literario. Claudia Piñeiro lamentó su partida celebrando su calidad humana, y Juan Villoro lo definió como “un amigo entrañable que se ha ido para convertirse en leyenda, como Mafalda”. A través de cada testimonio, se dibujó el retrato de un hombre que vivía con curiosidad insaciable, pasión por los libros y una capacidad poco común para convertir el trabajo en un acto de amor.

Daniel Ulanovksy, Judith Gociol, Paula Tomassoni, Diego Rosemberg y otros, en el homenaje al editor de “Mafalda”.

Divinsky había pedido que sus cenizas fueran arrojadas al río, “en un lindo lugar”, porque amaba Buenos Aires con la misma intensidad con la que recorría sus calles, teatros y cafés. En esa última voluntad se sintetiza su espíritu: estar siempre en movimiento, abierto a la conversación y dispuesto a encontrar belleza incluso en los días más grises.

Iván Divinsky Molina y Liliana Swarcer, en la despedida a Daniel Divinsky.

La imagen final, con las aguas del Río de la Plata llevándose sus cenizas, quedará como una metáfora perfecta de su vida: un caudal que no se detiene, que sigue fluyendo y encontrando caminos nuevos, como las historias que ayudó a contar.

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