Home CulturaNolan en la mira: “La Odisea” desata polémica por rodar en territorios ocupados

Nolan en la mira: “La Odisea” desata polémica por rodar en territorios ocupados

by Phoenix 24

El nuevo proyecto cinematográfico del director británico genera tensión por su rodaje en el Sáhara Occidental, territorio disputado cuya ocupación por Marruecos ha sido denunciada como ilegal por organismos internacionales.

Londres, julio de 2025 — El prestigioso director Christopher Nolan vuelve a ocupar titulares, pero esta vez no por la innovación técnica de su cine, sino por una controversia geopolítica que envuelve su más reciente superproducción, La Odisea. El conflicto estalló tras confirmarse que parte del rodaje tuvo lugar en Dakhla, ciudad situada en el Sáhara Occidental, región considerada por la Organización de las Naciones Unidas como un “territorio no autónomo pendiente de descolonización”, ocupado de facto por Marruecos desde hace casi medio siglo.

Diversos colectivos de derechos humanos, entre ellos el Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara), acusaron al equipo de Nolan de contribuir a la normalización de la ocupación marroquí en un contexto de represión sistemática contra la población saharaui. Según declaraciones públicas de la dirección del festival, filmar en Dakhla —ciudad fortificada con presencia militar activa y desplazamientos forzados— es equivalente a ignorar el sufrimiento histórico de un pueblo sin representación internacional efectiva.

El llamado a detener el rodaje fue acompañado por exigencias directas a los actores involucrados, como Matt Damon y Zendaya, para que expresen su solidaridad con la causa saharaui. Hasta ahora, ni Nolan ni Universal Pictures han emitido respuesta pública alguna, lo cual ha incrementado la tensión mediática. Analistas cinematográficos y diplomáticos consultados por Phoenix24 coinciden en que el silencio de la producción podría interpretarse como una falta de sensibilidad hacia una problemática con implicaciones históricas profundas.

La polémica se agudiza al considerar que La Odisea es una de las producciones más ambiciosas del cine occidental en esta década. Con un presupuesto superior a los 250 millones de dólares, se trata del primer largometraje rodado íntegramente en IMAX de 70 milímetros. La adaptación libre del poema homérico cuenta con un reparto estelar que incluye a Anne Hathaway, Robert Pattinson, Charlize Theron, Lupita Nyong’o y Tom Holland, en un recorrido fílmico que abarca locaciones en Grecia, Islandia, Italia y Reino Unido, además del cuestionado rodaje en Dakhla.

Si bien la dimensión artística del proyecto ha sido destacada por la crítica especializada, el rodaje en un territorio bajo ocupación militar pone en entredicho el papel ético del cine global. Expertos en derecho internacional señalan que filmar en zonas en disputa sin autorización de las comunidades locales puede considerarse una forma de blanqueamiento cultural, donde la narrativa audiovisual invisibiliza realidades coloniales vigentes.

Esta no es la primera vez que Nolan se enfrenta a una tormenta mediática. Tras su rehabilitación judicial en 2023 —luego de ser absuelto de acusaciones personales que amenazaron con poner fin a su carrera— el director había optado por mantener un perfil bajo. La Odisea, concebida como su regreso triunfal a la gran pantalla, ahora se convierte en el epicentro de un dilema entre libertad creativa y responsabilidad política.

La comunidad saharaui, por su parte, ha reiterado que su problema no es con el arte, sino con el uso del arte como herramienta de legitimación. A través de comunicados, organizaciones han advertido que lo que se representa en pantalla tiene un peso simbólico que puede reforzar, de forma indirecta, estructuras de ocupación. En ese sentido, sostienen que “filmar en el Sáhara Occidental como si fuera Marruecos es una forma de propaganda involuntaria”.

La controversia ha despertado también discusiones más amplias en el mundo cultural: ¿puede el cine seguir siendo neutral en contextos de conflicto estructural? ¿Qué responsabilidad tienen los creadores y las industrias culturales en la geografía política del planeta? Aunque las cámaras de Nolan ya se han retirado de Dakhla, la pregunta sigue abierta. En un mundo donde el cine globaliza emociones, pero también geografías, cada locación elegida puede ser más que un fondo estético: puede ser un acto político en sí mismo.

Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis riguroso, en coherencia con el contexto global vigente.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team using reliable sources, public data, and rigorous analysis in alignment with the current global context.

You may also like