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Más de 500 drones profundizan la guerra entre Rusia y Ucrania

by Phoenix 24

La distancia ya no protege a los civiles.

Novorossiysk | Agosto de 2026

Un intercambio masivo de ataques aéreos entre Rusia y Ucrania dejó al menos cuatro civiles muertos, entre ellos un niño de ocho años, y extendió nuevamente la guerra hacia ciudades alejadas del frente. Ucrania lanzó una operación de gran escala contra objetivos rusos en el mar Negro, mientras Moscú respondió con misiles y drones sobre distintas regiones ucranianas. Las víctimas se registraron en Novorossiysk y Volna, dentro de la región rusa de Krasnodar, y en la ciudad ucraniana de Jersón. El episodio confirma que el conflicto ha entrado en una fase en la que la capacidad de golpear a larga distancia pesa tanto como los movimientos terrestres.

Las autoridades rusas informaron que dos personas murieron durante los ataques ucranianos contra el sur del país. En Novorossiysk perdió la vida un niño de ocho años, mientras otras ocho personas, incluido otro menor, fueron hospitalizadas con heridas de distinta gravedad. Una segunda víctima falleció en Volna después de que restos de un dron interceptado cayeran en el jardín de una vivienda. También se reportaron dos heridos en Gelendzhik, una ciudad turística situada sobre la costa del mar Negro.

El gobernador de Krasnodar, Veniamin Kondratyev, aseguró que la región enfrentó un aluvión de varios centenares de aeronaves no tripuladas. Los restos de los aparatos alcanzaron al menos 21 edificios en Novorossiysk, destruyeron ventanas y provocaron incendios en automóviles y zonas residenciales. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron destellos de las defensas antiaéreas, haces de sistemas láser dirigidos al cielo y una columna de humo elevándose sobre la ciudad. Parte de ese material no había podido verificarse de forma independiente durante las primeras horas posteriores al ataque.

El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber derribado 502 drones ucranianos sobre su territorio y el mar Negro durante la noche. La magnitud del despliegue convirtió la operación en una de las mayores incursiones aéreas atribuidas a Kiev desde el inicio de la invasión rusa a gran escala. La cifra también evidencia el esfuerzo necesario para saturar las defensas enemigas mediante oleadas simultáneas de aparatos con distintas trayectorias. Sin embargo, la interceptación de un dron no elimina por completo el peligro, porque sus fragmentos pueden caer sobre viviendas, carreteras y espacios públicos.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, describió la ofensiva como una operación singular contra la base naval de Novorossiysk. Kiev sostuvo que fueron alcanzadas posiciones de defensa aérea, muelles e infraestructura portuaria vinculada con las operaciones militares rusas. La instalación es considerada uno de los principales bastiones que conserva la flota rusa en el mar Negro, especialmente después de los ataques que obligaron a desplazar parte de sus capacidades desde Crimea. Su ubicación, a más de 300 kilómetros de la línea del frente, demuestra el alcance adquirido por las armas ucranianas.

Ucrania presenta estos ataques como una forma de degradar la infraestructura desde la cual Rusia sostiene su campaña militar. Moscú, en cambio, denuncia que las operaciones ucranianas ponen deliberadamente en riesgo a la población civil y a instalaciones económicas. La muerte del niño de ocho años coloca nuevamente en primer plano las consecuencias humanas de una estrategia basada en ataques de largo alcance. Más allá de los objetivos declarados, las familias afectadas viven una guerra cuya precisión tecnológica no impide que los proyectiles, los drones o sus restos lleguen a zonas habitadas.

Durante la misma noche, Rusia lanzó misiles y 138 drones contra territorio ucraniano, principalmente hacia Odesa y Sumy. La Fuerza Aérea de Ucrania aseguró que 112 aparatos fueron derribados o neutralizados antes de alcanzar sus objetivos. Aun así, los ataques rusos causaron la muerte de dos personas en Jersón y dejaron al menos dos heridos. Una de las víctimas fue una mujer cuya vivienda recibió un impacto durante el bombardeo.

Jersón permanece particularmente expuesta porque las fuerzas rusas se encuentran desplegadas en la orilla opuesta del río Dniéper. La proximidad permite ataques frecuentes mediante artillería, drones y otras armas capaces de alcanzar barrios residenciales en pocos minutos. Para sus habitantes, las alarmas y los refugios forman parte de una rutina impuesta por una línea del frente que atraviesa la vida cotidiana. La destrucción acumulada también dificulta el funcionamiento de hospitales, servicios públicos, transporte y asistencia humanitaria.

La creciente utilización de drones ha modificado la geografía del conflicto y debilitado la antigua distinción entre frente y retaguardia. Instalaciones militares, refinerías, puertos y centros logísticos pueden ser atacados desde grandes distancias, pero las ciudades que los rodean absorben una parte considerable del riesgo. Las defensas antiaéreas reducen los impactos directos, aunque no siempre pueden evitar la caída de fragmentos explosivos sobre la población. Cada nueva oleada obliga además a consumir interceptores costosos y mantiene a millones de personas bajo alertas prolongadas.

Kiev sostiene que sus operaciones dentro de Rusia responden a los bombardeos diarios de Moscú contra ciudades ucranianas. El Kremlin utiliza esos mismos ataques para justificar una defensa más intensa de su territorio y nuevas acciones contra infraestructura ucraniana. Esa dinámica alimenta un círculo de represalias en el que cada parte presenta la ofensiva anterior como fundamento de la siguiente. Mientras la diplomacia permanece estancada, la tecnología acelera una guerra que continúa cobrando vidas fuera de los objetivos estrictamente militares.

Los cuatro civiles muertos representan mucho más que el balance provisional de una noche de ataques. El niño fallecido en Novorossiysk, la persona alcanzada en Volna y las dos víctimas de Jersón muestran que la ampliación territorial de la guerra tiene un costo inmediato para quienes no participan en las decisiones militares. La escala de la operación podrá medirse en cientos de drones, defensas activadas e instalaciones dañadas. Su verdadera dimensión, sin embargo, permanece en las familias que recibieron la guerra directamente en sus hogares.

Hechos que no se doblan. / Facts that do not bend.

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