Un salto audaz que combina IA, gestos silenciosos y visión cotidiana redefinida.
Menlo Park, septiembre de 2025.
Mark Zuckerberg reveló la nueva generación de gafas inteligentes Meta Ray-Ban Display durante el evento anual Connect. El dispositivo incorpora una pequeña pantalla en la lente derecha capaz de mostrar información y notificaciones directamente en el campo visual del usuario, mientras una pulsera neural permite controlar funciones mediante gestos discretos. Según el ejecutivo, se trata de la culminación de más de diez años de desarrollo, con la meta de ofrecer una “superinteligencia personal” que mantenga al usuario presente en el momento, mientras amplía sus capacidades cognitivas y perceptuales sin depender del teléfono móvil.
El modelo, que estará disponible en Estados Unidos a partir del 30 de septiembre por 799 dólares, marca una apuesta clara de Meta por los wearables como interfaz central en la relación diaria con la tecnología. Entre sus funcionalidades están el subtitulado instantáneo de conversaciones, traducción en tiempo real, navegación sobre mapas visibles directamente en la lente, videollamadas, reproducción de contenido visual como fotos o redes sociales, todo gestionado sin sacar el dispositivo del bolsillo gracias a la pulsera neuronal.
No obstante, durante la presentación se produjeron fallos técnicos. Zuckerberg no pudo responder llamadas en vivo mediante las gafas debido a problemas con la conexión wi-fi. Se registró también un error durante una demostración del asistente de inteligencia artificial al intentar ilustrar su uso en el contexto de una receta, pues el chatbot indicó pasos incorrectos. El fundador de Meta atribuyó estas fallas a la conectividad, no al hardware mismo, aunque reconoció la incomodidad de que funciones clave no se mostraran como estaban previstas ante el público.

La pulsera neural, pieza clave de la experiencia, detecta señales musculares mínimas enviadas desde la muñeca para permitir controlar la interfaz con gestos como tocar el pulgar con el índice, seleccionar contenido, revisar mensajes, ver fotos. Es un método pensado para ser discreto, pensado para que la tecnología se haga presente solo cuando se necesite, reduciendo la dependencia de botones físicos o gestos visibles.
En términos de autonomía, se calcula que la batería del dispositivo permite seis horas de uso continuo, con hasta treinta horas adicionales usando el estuche de carga. La pantalla integrada se apaga automáticamente tras unos segundos de inactividad para evitar distracciones. El brillo es formidable, lo suficientemente alto como para asegurar visibilidad incluso en exteriores o bajo luz intensa, y la resolución ofrecida supera estándares previos en wearables de AR.
La privacidad fue un tema central. El diseño asegura que solo el usuario vea la pantalla, mitigando el riesgo de observadores ajenos, especialmente en conversaciones o conferencias. También se pensó en adaptabilidad: el dispositivo aprende con los gestos musculares del usuario, de modo que la interacción se vuelve progresivamente más intuitiva y personalizada.

En paralelo, Meta también mostró modelos orientados a otros perfiles de usuario. Las gafas deportivas Ray-Ban/Oakley Vanguard están diseñadas para quienes realizan ejercicio, incorporando cámara central, conectividad con dispositivos de seguimiento físico, resistencia al agua y audio suficiente para ambientes abiertos. Otros lanzamientos incluyen mejoras en sus líneas previas de gafas sin pantalla, así como nuevas opciones de realidad virtual.
El anuncio representa más que un gadget novedoso: es una declaración estratégica. Zuckerberg afirmó que las gafas son el formato ideal para la integración diaria de la inteligencia artificial, porque pueden ver, oír, responder, comprender el contexto y asistir sin que el usuario abandone la realidad presente. En ese sentido, Meta vislumbra un futuro en el que los smartphones sean superados por dispositivos inmersivos y portátiles que actúen como extensiones de la percepción humana.
Sin embargo, los analistas advierten que el camino hacia ese ideal tiene obstáculos. El precio elevado, la dependencia de infraestructura de conectividad y el riesgo de que ciertas funciones no funcionen fluidamente en todas las situaciones reales son puntos críticos. Más allá de lo mostrado en escenario, la adopción masiva podría tardar si la tecnología no se perfecciona para cumplir expectativas legítimas de fiabilidad, duración y comodidad.

Las gafas Ray-Ban Display, con todos sus avances, representan un experimento necesario: una apuesta por redefinir lo cotidiano, por apostar a lo que vendrá. Si lo prometido se cumple en la práctica, los usuarios podrían experimentar una forma distinta de interactuar con el mundo digital, una en la que ver, escuchar y hablar se combine con asistencia inteligente de modo sutil. Si no, este lanzamiento quedará como otro paso importante pero aún imperfecto en la ruta hacia lo verdaderamente invisible.
“La superinteligencia no se anuncia, se integra; la revolución no se estrena, se practica.” “Superintelligence is not announced, it is integrated; revolution is not premiered, it is practiced.”