Marina de Tavira nunca ha sido una actriz que se conforme con lo superficial; su carrera siempre ha estado marcada por la versatilidad y la profundidad, lo que la ha llevado a interpretar papeles que no únicamente exigen técnica, sino también una entrega total del cuerpo y la voz.
De esta manera, durante más de dos décadas, la actriz nominada al Oscar por su trabajo en Roma ha logrado destacar en el mundo del cine, el teatro y la televisión; sin embargo, pocos proyectos la han enfrentado al desafío de lo íntimo y lo doloroso como Antígona González.
La obra Antígona González como instrumento de conciencia colectiva

Basada en el texto de la poeta mexicana Sara Uribe, esta adaptación de la tragedia clásica de Antígona resuena en un México contemporáneo, donde la violencia, las desapariciones forzadas y la injusticia social obligan a mirar de frente realidades dolorosas. La decisión de Marina de participar en este proyecto no fue casual. Desde que decidió dedicarse al teatro, Antígona había rondado su mente. “Es un personaje que ha sido escrito y reinterpretado muchísimas veces; yo lo estudié mucho desde que me formaba en teatro y he leído casi todas las versiones que hay. En algún momento, un amigo escritor puso en mis manos Antígona González y ahí supe que esa era la Antígona que tenía que hacer, porque es la que habla sobre nuestro país”, recuerda la actriz de la serie de suspenso Now and Then de Apple TV+ en entrevista para GQ México y Latinoamérica.
Respecto al texto de Sara Uribe, De Tavira lo describe como un “poema escénico”, prosa poética que, a través de la palabra, traduce lo terrible en arte y memoria. Para la actriz, abordar este tipo de obras no requiere sólo de construir la psicología de un personaje clásico, sino de prestar voz y cuerpo a un dolor colectivo. “No aspiro a decir que estoy encarnando la experiencia de una desaparición forzada, porque no podría ni siquiera atreverme a eso. Lo que estoy haciendo es poner mi voz para nombrarlo en voz alta”, confiesa.
Otro punto a destacar es que el trabajo de preparación para una obra de esta naturaleza, exige algo más que técnicas actorales tradicionales. Marina se ha documentado a fondo sobre los contextos de violencia y desaparición en México y América Latina, leyendo reportajes y estudiando textos periodísticos. Esta rigurosa investigación le permitió acercarse a la obra con respeto, conciencia y responsabilidad, en el entendido de que el teatro, en este caso, no únicamente es un arte, sino también un acto de memoria y justicia.

El impacto social de Antígona González es otra de las dimensiones que la actriz subraya. La obra se ha convertido en un grito nacional, un recordatorio constante de la necesidad de visibilizar las injusticias. “Hay que hablar de esto hasta que pare. No podemos callarnos, y yo lo único que sé hacer es teatro”, dice con convicción.
La obra de teatro también le permite a Marina transmitir un mensaje concreto al público: la importancia de apoyar a los colectivos de personas buscadoras y visibilizar la desaparición forzada. Señala que, aunque muchos no saben cómo ayudar, siempre existen formas de contribuir: informarse, hablar del tema, brindar apoyo económico o unir esfuerzos solidarios. La obra se convierte así en un llamado a la acción, donde la palabra escénica se transforma en instrumento de justicia y conciencia colectiva.
El amor de Marina de Tavira por el teatro
Para Marina de Tavira, el teatro sigue siendo el núcleo de su felicidad profesional. A pesar de sus incursiones en televisión y cine –donde obtuvo su nominación al Oscar–, es sobre el escenario donde se siente como en casa. “El teatro, a pesar de que muchas veces se trata de retratar lo terrible, es el lugar en el que soy más feliz”, confiesa. El encuentro con el público, el silencio compartido en la oscuridad de la sala, la concentración en cada palabra y gesto, le proporcionan una satisfacción que ninguna otra experiencia artística ha podido darle.
Su carrera, como ella misma la describe, ha sido “apasionante, laboriosa, dedicada y hermosa”. Esta pasión se refleja en su compromiso con los proyectos que elige, incluso aquellos que implican un dolor profundo, como Antígona González. La actriz confiesa que, al inicio de su trayectoria, rechazó múltiples oportunidades en televisión para completar su formación teatral, decisiones que en su momento le causaron incertidumbre, pero que hoy sabe que fueron fundamentales para su desarrollo profesional y personal.

De Tavira también destaca la relevancia del teatro frente a otros medios de comunicación en la actualidad. “La llegada de la inteligencia artificial, el auge de las redes sociales y la información inmediata han modificado la manera en que consumimos contenido, pero el teatro mantiene su valor único: la experiencia compartida en silencio, cara a cara, donde cada espectador es testigo de un proceso que ocurre en tiempo real y frente a sus ojos”, asegura con emoción. “Es ya casi el único lugar en donde nos vamos a sentar en silencio junto a otras personas, sin aparatos, sin teléfono, para compartir algo que va a tener un principio y un final”, señala, subrayando la vigencia y la necesidad de mantener vivo el encuentro escénico. (Hay que recordar que la actriz regresó este año al teatro con la puesta en escena de Un tranvía llamado deseo).
En Antígona González, en particular, Marina de Tavira demuestra que el teatro puede ser simultáneamente íntimo y universal. Su interpretación no solo da voz a la tragedia, sino que también te invita a reflexionar, a involucrarse y a solidarizarse con los afectados. La obra se convierte así en un recordatorio de que el arte tiene el poder de transformar, de educar y de sensibilizar, de poner en palabras lo que a menudo preferimos ignorar. (GQ).