Home PoliticsLegado bajo juicio: los Macron demandan a influencer estadounidense por campaña difamatoria

Legado bajo juicio: los Macron demandan a influencer estadounidense por campaña difamatoria

by Phoenix 24

Cuando un espiral de desinformación trasciende fronteras, hasta la reputación de un jefe de Estado puede quedar en entredicho.

Washington–París, julio de 2025

Emmanuel y Brigitte Macron han presentado una demanda por difamación contra la influencer ultraderechista estadounidense Candace Owens en los tribunales de Delaware, acusándola de orquestar una “campaña de humillación global” basada en acusaciones falsas y destructivas. El objeto de la controversia es el podcast “Becoming Brigitte”, una serie de ocho episodios que acumula más de dos millones de visualizaciones y en la que Owens sostiene, entre otras falsedades extremas, que Brigitte Macron nació siendo su hermano Jean‑Michel Trogneux. Además, el contenido elabora teorías conspirativas sobre incestuosidad familiar y manipulación de la presidencia de Macron mediante programas de control mental auspiciados por la CIA—afirmaciones que los Macron rechazan categóricamente y que han provocado daños a su reputación y emociones.

Presentada como un expediente de 218 páginas, la demanda busca que un jurado determine si Owens actuó con “mala intención real”, es decir, si sabía que difundiría mentiras o lo hizo con negligencia deliberada respecto a la veracidad. El matrimonio presidencial solicita compensaciones sin monto público y daños punitivos. En sus fundamentos legales, los Macron sostienen que se agotaron todas las instancias previas de conciliación: el equipo legal solicitó retractación formal en múltiples ocasiones, sin éxito, y ahora se busca establecer la verdad en tribunales estadounidenses.

El caso es inusual: es poco frecuente que un líder mundial, en ejercicio de su cargo, recurra a la justicia de otro país por difamación, aunque no es el primero; figuras como Donald Trump también han entablado demandas similares. Lo significativo aquí es que los Macron avanzan con determinación frente a una conspiración perniciosa que surgió del fascinado mundo de los bulos digitales y se ramificó desde Youtube y redes sociales hasta medios auspiciados por celebridades como Tucker Carlson o Joe Rogan, amplificando su alcance global.

Este episodio institucional sigue un fallo precedente en Francia contra dos acusadoras del mismo tipo de rumor en 2021. Aunque una sentencia inicial las condenó, un tribunal de apelación revertió el fallo, y ahora Brigitte ha elevado el caso al Tribunal Supremo galo mientras simultáneamente defiende su honor en suelo estadounidense. El nuevo litigio subraya la persistencia de los bulos en el ámbito digital —y su potencial para permear en la arena diplomática— al punto de forzar acciones legales transatlánticas.

Según los documentos judiciales, Owens continuó su narrativa incluso después de haber sido notificada por los equipos legales de los Macron, lo que el abogado Thomas Clare describe como un ejemplo de desprecio deliberado por los hechos: “La campaña estaba diseñada para causar dolor y atraer notoriedad”, han declarado. En respuesta, Owens ha defendido su acción como un ejercicio de libertad de prensa y ha tildado la demanda de ataque a la Primera Enmienda.

Desde una perspectiva geopolítica y comunicacional, este proceso abre un debate sobre los límites entre libertad de expresión y difamación. También toca fibras sensibles en la gestión de crisis reputacional de gobiernos democráticos que operan en la era de la viralidad digital. En un entorno donde la polarización mediática global permite que teorías sin sustento se propagan con facilidad, la estrategia legal de los Macron intenta recuperar el control del relato oficial.

Si el caso prospera en Delaware, sentaría un precedente potente: influenciadores mediáticos podrían ser responsables legalmente por conspiraciones embriagadas de odio, incluso cuando trasciendan fronteras. Si fracasa, consolidaría la protección de discursos que, aunque ofensivos, se amparen en el paraguas de la libertad de expresión americana. En todo caso, los Macron están dispuestos a viajar a Estados Unidos para testificar y defender su imagen con firmeza y visibilidad.

Más allá de lo jurídico, hay un aspecto simbólico: la determinación de un jefe de Estado por proteger su vida privada y familiar, sin renunciar a la transparencia pública. Y, en un mundo donde los jefes de Estado suelen delegar ese campo en oficinas de prensa, los Macron deciden actuar personalmente, marcando una nueva línea en la batalla contra la desinformación digital.

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