Durante décadas, la narrativa dominante sobre la migración internacional ha sido unidireccional: millones de personas del sur global, especialmente de América Latina, se movilizan hacia el norte en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo, en los últimos años, ha emergido un fenómeno que comienza a inquietar a los centros de poder y también a las naciones emisoras: la remigración, o el retorno –forzado o voluntario– de migrantes a sus países de origen, en un contexto geopolítico cada vez más restrictivo y polarizado.
Este fenómeno, aún poco visible en la agenda pública, está comenzando a impactar profundamente en la arquitectura social, política y económica de países como México, especialmente bajo el nuevo liderazgo de Claudia Sheinbaum Pardo.
Una tendencia global, un efecto local
La remigración no es un simple “regreso a casa”. Es el resultado de múltiples fuerzas: políticas antimigrantes en EE.UU. y Europa, crisis económicas en países receptores, endurecimiento de los sistemas de asilo, y un nacionalismo rampante que demoniza al extranjero. Según la International Organization for Migration (IOM, 2023), más de 4.2 millones de personas fueron retornadas a sus países en los últimos tres años, ya sea por deportación o por decisiones propias ante contextos hostiles.
En Europa, el auge de la ultraderecha ha llevado a Francia, Italia, Alemania y el Reino Unido a fortalecer sus fronteras y acelerar procesos de expulsión. En Estados Unidos, el endurecimiento de políticas bajo la administración Biden, sumado al efecto Trumpista, ha generado una máquina de deportación silenciosa: menos mediática, pero igual de efectiva.
México: tierra de tránsito, ahora también tierra de retorno
En este tablero global, México no solo es país de tránsito o expulsor. Hoy es también un país de remigración, que recibe de vuelta a miles de sus connacionales desde Estados Unidos, Canadá y Europa, al tiempo que enfrenta una presión demográfica y económica por la llegada de migrantes centroamericanos, venezolanos y haitianos que tampoco pudieron permanecer en el norte.
Bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum, este fenómeno representa un desafío multidimensional:
- Social: los retornados llegan con expectativas, traumas, habilidades y rupturas familiares. Reinsertarlos en un mercado laboral precarizado y en comunidades que a veces los perciben como “extraños” es una bomba de tiempo.
- Económico: aunque algunos remigrantes aportan experiencia laboral y recursos, la mayoría vuelve sin ahorros ni red de apoyo. El Estado mexicano carece de un plan integral para su reintegración.
- Político: Sheinbaum hereda de López Obrador una política migratoria ambivalente: por un lado, sometida a las presiones de EE.UU. (recordemos el programa Quédate en México), y por otro, envuelta en un discurso humanitario que no se traduce en políticas públicas reales.
Remigración y gobernabilidad: el espejo invertido de la 4T
La remigración podría ser el talón de Aquiles de la Cuarta Transformación. Mientras la narrativa morenista insiste en la autosuficiencia, el rescate de la soberanía y la justicia social, la realidad migratoria expone profundas contradicciones: falta de empleos dignos, violencia estructural, y un sistema de bienestar incapaz de absorber el flujo humano que retorna.
Sheinbaum deberá enfrentar una paradoja: gobernar un país que aún expulsa migrantes, que es usado como “muro humano” por EE.UU., y que ahora también debe reinsertar a sus propios hijos e hijas devueltos del sueño americano roto.
Hacia un nuevo pacto migratorio
El México de hoy necesita replantearse su papel en el escenario migratorio global. La remigración exige una política pública transversal, que integre educación, salud mental, vivienda, empleo y seguridad. No basta con programas temporales ni discursos de bienvenida; se requiere una arquitectura institucional robusta que transforme el retorno en oportunidad, no en tragedia.
Y esto no solo es responsabilidad del Ejecutivo federal. Los estados, los municipios y las universidades deben involucrarse en el diseño de políticas de reabsorción social que reconozcan a los remigrantes como ciudadanos de pleno derecho, no como fantasmas del fracaso exterior.
Epílogo de frontera adentro
La remigración es una historia que apenas comienza a escribirse. Es la huella inversa de la globalización y la cara oculta de la política migratoria de las potencias. Mientras México sigue siendo puente, muro, refugio y expulsor, ahora también se convierte en punto final del viaje.
Sheinbaum tiene la oportunidad –y el reto– de mirar esta realidad de frente. No como una carga, sino como una oportunidad de construir un país más justo, con raíces profundas y brazos abiertos. Porque cuando los que se fueron vuelven, no siempre regresan por voluntad: a veces vuelven porque el mundo los expulsó.
Y en ese retorno, México se juega su futuro.
Referencias :
International Organization for Migration (IOM). (2023). World Migration Report 2023. https://www.iom.int/wmr-2023
Human Rights Watch. (2022). Deportations and Rights Violations in the Americas. https://www.hrw.org/
UNHCR. (2023). Forced Displacement in Numbers. https://www.unhcr.org/
Consejo Nacional de Población (CONAPO). (2024). Migración de retorno en México. https://www.gob.mx/conapo