La OMS insta a subir los impuestos al tabaco, alcohol y bebidas azucaradas para salvar millones de vidasGinebra, julio de 2025

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado un llamado global urgente para que los países aumenten de manera significativa los impuestos al tabaco, las bebidas alcohólicas y los productos azucarados, con el objetivo de reducir el número de muertes prematuras, mejorar la salud pública y reforzar los sistemas sanitarios nacionales.

Bajo la iniciativa “3 by 35”, la OMS propone que cada nación eleve al menos en un 50 % los precios de estos productos mediante cargas fiscales antes del año 2035. Esta medida busca frenar el avance de enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes y las afecciones cardiovasculares, responsables de más del 75 % de las muertes en todo el mundo. Además, la estrategia apunta a generar recursos estables para financiar sistemas de salud que enfrentan crecientes presiones estructurales.

Según estimaciones del organismo, la aplicación de estos impuestos podría prevenir hasta 50 millones de muertes prematuras en las próximas cinco décadas y generar más de un billón de dólares en ingresos fiscales. El impacto sería particularmente relevante en países de ingresos medios y bajos, donde la ayuda internacional se ha reducido drásticamente y las finanzas públicas atraviesan situaciones críticas.

Actualmente, unos 140 países ya han aplicado algún tipo de aumento significativo al precio del tabaco en la última década. En Europa, 26 países gravan al menos el 75 % del precio final del cigarro, aunque los avances son desiguales y particularmente lentos en algunas ex repúblicas soviéticas. En América Latina, Colombia ha mostrado resultados prometedores, con una reducción notable en el consumo tras implementar una reforma fiscal integral en 2023.

La evidencia internacional sugiere que el aumento de impuestos sobre estos productos tiene múltiples efectos positivos: disminuye su consumo, especialmente entre adolescentes y poblaciones vulnerables; estabiliza ingresos públicos; y permite destinar fondos a sectores prioritarios como salud, educación y seguridad alimentaria.

Sin embargo, esta estrategia enfrenta resistencias. La industria tabacalera, por ejemplo, ha intensificado sus esfuerzos de cabildeo político y campañas de desinformación en diversos países, argumentando que las alzas impositivas fomentan el contrabando y perjudican la economía informal. En países como Australia, el auge del comercio ilícito ha disminuido los ingresos fiscales previstos, generando debates sobre la eficacia de los controles fronterizos.

A pesar de ello, organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OCDE han respaldado públicamente la iniciativa de la OMS, señalando que los llamados “impuestos saludables” son una de las herramientas más costo-efectivas para mejorar los indicadores sanitarios y reforzar la sostenibilidad fiscal. Fundaciones como Bloomberg Philanthropies también han destinado recursos para apoyar la implementación técnica de estas políticas.

La propuesta se articula en tres pilares: incrementos graduales y predecibles en los impuestos; asignación directa de parte de la recaudación a programas de salud pública y protección social; y coordinación interinstitucional entre ministerios de salud, finanzas, sociedad civil y centros de investigación.

No obstante, los desafíos persisten. En regiones con baja capacidad institucional, la resistencia política y la presión empresarial pueden frenar o revertir los avances. La variabilidad de los marcos fiscales también promueve distorsiones: en zonas donde los impuestos son elevados, proliferan productos sustitutos de menor calidad o redes ilegales de distribución.

En contraste, países como Sudáfrica y Filipinas han logrado integrar políticas fiscales coherentes, fortaleciendo la vigilancia estatal y utilizando la recaudación para ampliar el acceso a servicios médicos. Estas experiencias ofrecen un marco replicable para países que desean avanzar sin depender exclusivamente de la cooperación internacional.

El mensaje de la OMS es claro: no se trata solo de medidas fiscales, sino de una decisión política de largo alcance. Aplicar impuestos al tabaco, alcohol y bebidas azucaradas no es una solución mágica, pero representa una herramienta poderosa para enfrentar epidemias silenciosas, proteger generaciones futuras y blindar financieramente a los sistemas de salud.

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