Las nuevas ofensivas aéreas desafían la frágil tregua negociada y reavivan las tensiones en la frontera sur libanesa
Tel Aviv / Beirut, julio de 2025 – Pese al alto el fuego mediado por Estados Unidos y vigente desde noviembre de 2024, Israel ha intensificado su ofensiva militar contra posiciones de Hezbollah en Líbano, con bombardeos que se extienden desde el Valle de la Bekaa hasta zonas estratégicas de Baalbek y el sur del país. Se trata de una de las escaladas más contundentes desde la firma del acuerdo, y ha despertado preocupación en la comunidad internacional sobre la sostenibilidad del frágil pacto.
Las Fuerzas de Defensa de Israel justificaron la operación como una respuesta a los presuntos movimientos de rearme de Hezbollah, respaldados por información de inteligencia que advertía de nuevas infraestructuras operativas cerca de la frontera. Autoridades libanesas, en cambio, denunciaron al menos siete ataques aéreos recientes con víctimas civiles, incluidos muertos y heridos en comunidades del este del país.
El acuerdo de tregua negociado en noviembre pasado estipulaba el retiro mutuo de las fuerzas combatientes de las zonas cercanas al río Litani. Israel, en efecto, evacuó la mayoría de sus tropas para febrero de 2025, aunque mantuvo cinco puestos estratégicos. Por su parte, Hezbollah aseguró haber replegado a sus combatientes, aunque informes de inteligencia señalan que parte del arsenal permaneció oculto en la región, en violación del acuerdo.
Desde finales de 2024, las violaciones al cese al fuego han sido casi diarias, pero en las últimas semanas se han intensificado. A finales de junio, una ola de más de veinte bombardeos en pocos minutos alcanzó blancos militares y edificios residenciales, incluida una torre en Nabatieh, donde murieron varios civiles. Las autoridades libanesas calificaron la acción como una “violación flagrante de la soberanía nacional”.
En una operación reciente en el Valle de la Bekaa, al menos doce personas murieron, entre ellas cinco combatientes de Hezbollah y varios desplazados sirios que habitaban las inmediaciones. Israel alegó que se trató de un ataque preventivo para evitar la reconstrucción de la infraestructura bélica de Hezbollah, a quien acusan de usar zonas civiles como escudos.
En el plano político, el presidente libanés Joseph Aoun ha endurecido su postura hacia Hezbollah y propuso que el grupo entregue su armamento al Ejército Nacional. La iniciativa, presentada al gabinete, también exige el retiro total israelí, una desescalada inmediata y el reforzamiento de las fuerzas armadas con ayuda internacional. Hezbollah ha rechazado rotundamente cualquier desarme, calificándolo como una rendición ante Tel Aviv.
El trasfondo estratégico revela una tendencia preocupante: Israel estaría recurriendo cada vez más a la supremacía aérea y a operaciones de inteligencia anticipada como mecanismo disuasivo, incluso a costa de la credibilidad del alto el fuego. Diplomáticos europeos advierten que estos ataques, lejos de debilitar a Hezbollah, podrían consolidar su influencia local si el Estado libanés no logra proteger a sus ciudadanos.
La paradoja del momento reside en que los acuerdos diplomáticos siguen en pie, pero la realidad del terreno se rige por la lógica de la represalia táctica y el desgaste silencioso. En este nuevo tablero, la tregua formal parece una máscara tenue para una guerra no declarada que se libra con precisión quirúrgica, drones invisibles y explosiones al amanecer.
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