Una invitación a la aceptación, al encuentro interno y a iluminar lo común como acto de humanización.
Buenos Aires, septiembre de 2025.
Isha Escribano, médica, escritora, música, instructora de yoga y estudiosa de la cultura oriental, acaba de publicar El camino de la aceptación. Durante una conversación en el streaming de Infobae sostuvo que compartir lo que nos hace bien es esencia humana. Su obra no emerge del ámbito académico sino del ejercicio real de quien da luz mediante lo aprendido, lo sentido, lo transformado.
Ella cuenta que muchas de las prácticas que implementa hoy no fueron enseñadas en la facultad de medicina. Enseñar yoga, compartir técnicas de respiración y mantras la hizo experimentar la medicina como algo vivo. Hacer música, escribir textos con la intención de llevar luz, compartir todas esas experiencias humanas que nutren lo que somos. “Lo que hacemos acá al fin de cuentas es compartir la experiencia humana”, dice.
Escribano reflexiona sobre aceptación personal: sin amor propio, sin abrazo interno, sin sentirse a gusto consigo misma es difícil mostrarse al otro desde la generosidad. Destaca la diferencia entre inclusión y diversidad; la diversidad puede invitarse a una fiesta pero la inclusión es que te saquen a bailar. Sin embargo subraya que el ideal no es importarte si te invitan o te sacan a bailar sino que tú seas la fiesta en sí.
Su nuevo libro propone una senda hacia esa aceptación profunda. Enseña que aceptarnos no solo como lo que proyectamos sino como lo que callamos, como aquello que cargamos sin compartir. Que nuestra voz interior merece ser mirada. Que no se trata de lo que tienen otros, de lo que aparentan sino de lo que sentimos, de lo que somos, de cómo nos sostenemos a nosotros mismos.
La experiencia de compartir según Escribano trasciende lo meramente físico o lo visible. No es solo intercambiar acciones sino empatía. Cultura interior. Capacidad de reflejar al otro sin juzgar que lo que hace es diferente. Aceptación de curvas, de sombras, de silencios que también hablan.
Habla de práctica espiritual como medicina para el alma. De que cada vez que compartimos canción, respiración, silencio o cuidado del otro sanamos partes de nosotros. De que no todos los días somos la mejor versión pero que cada gesto que entrega compasión suma. Que ser humano es también permitir que otros nos vean en nuestras grietas y que eso cree vínculo.

Escribano subraya que la humanidad no está hecha solo de logros sino de momentos frágiles: el miedo, la duda, la necesidad de sostén. Que compartir es permitir fragilidad, buscar conexión más allá de la perfección o la apariencia. Que la aceptación no es destino sino camino; un caminar lleno de tropiezos, encuentros y revelaciones pequeñas.
La autora insiste en que compartir no exige recursos exteriores sino presencia interior. Puede ser una palabra amable, una canción sencilla, respirar juntos, escuchar. Puede ser ser visible sin máscaras, dejar caer pretensiones. Que compartir es reconocer que no estamos solos en nuestro vivir. Que en ese reconocimiento florece pertenencia.
El diálogo que propone El camino de la aceptación rompe la distancia entre lo espiritual y lo cotidiano. Lo que habitualmente se convierte en filosofía desligada se vuelve práctica vital: aceptarnos para mirar al otro, compartir para encontrar reflejo. Ser fiesta sin depender de invitaciones, ser luz que no necesita escenario.
En definitiva, Isha Escribano nos propone una forma de humanidad alternativa: una que no se define por lo que acumula sino por lo que entrega; que no mide calor por extravagancia sino por autenticidad; que no espera permiso para mostrarse sino que decide brillar desde dentro.
“No se mide cuanto luz proyectas sino cuanto calor compartes; no se pesa lo que acumulas sino lo que entregas desde lo que eres.” / “You are not measured by how much light you shine but by how much warmth you share; nor by what you accumulate but by what you give from who you are.”