Isabel Allende afirma que “todo lo que aprendí en el periodismo me sirvió para la literatura”

Una conexión profunda que transformó su oficio narrativo y dio forma a su voz literaria.

Santiago, septiembre de 2025. En una entrevista reciente, Isabel Allende reflexionó sobre el papel que desempeñó el periodismo en su formación como escritora y afirmó que cada lección aprendida en las redacciones fue decisiva para su posterior desarrollo literario. A sus 83 años, la autora chilena considera que las habilidades adquiridas en la prensa, desde formular preguntas incisivas hasta construir textos bajo presión, siguen siendo el corazón de su estilo narrativo y la base de su prolífica carrera.

Allende explicó que el periodismo le enseñó a “ir al grano” desde la primera línea, a generar tensión en el lector y a plantear la historia con claridad. “Todo lo que aprendí en el periodismo me sirvió para la literatura”, confesó al recordar sus primeros años como reportera. Fue en ese contexto donde aprendió a enfrentar entrevistas difíciles, a persuadir a sus interlocutores para que revelaran información y a moverse con seguridad en entornos desconocidos. Cada experiencia, dijo, fortaleció su intuición narrativa y su capacidad para contar historias desde el detalle y la observación.

Ese entrenamiento temprano también forjó una disciplina que marcaría su trayectoria como novelista. El ritmo implacable de los plazos, la necesidad de entregar textos con calidad en tiempos limitados y la obligación de investigar a fondo antes de escribir fueron herramientas que trasladó directamente a su proceso creativo. “Sin esa exigencia diaria, probablemente no habría escrito la obra que tengo hoy”, reconoció. Gracias a esa disciplina, Allende ha publicado más de treinta libros traducidos a decenas de idiomas, muchos de ellos convertidos en referentes de la literatura hispanoamericana contemporánea.

Para la escritora, el periodismo no fue una etapa pasajera, sino una escuela de humanidad y oficio. Recuerda cómo debía tocar puertas, entrar en casas desconocidas y formular las preguntas adecuadas para llegar al fondo de las historias. Ese contacto con la realidad alimentó su sensibilidad y su curiosidad, dos elementos que considera esenciales en cualquier escritor. Aprendió a escuchar con atención, a leer silencios y a comprender que la verdad suele esconderse detrás de lo que no se dice. Hoy, esas lecciones se reflejan en la profundidad psicológica de sus personajes y en la complejidad emocional de sus tramas.

Allende también destacó cómo el periodismo le enseñó a valorar el poder de los detalles. En sus novelas, los escenarios están minuciosamente construidos y los personajes se revelan a través de gestos sutiles, características que, según ella, provienen de la observación entrenada en años de cubrir historias reales. La precisión, el ritmo y la claridad informativa que exige el periodismo se transformaron en su obra en herramientas narrativas que aportan verosimilitud y riqueza literaria.

Aunque no siente nostalgia por sus años en los medios, Allende afirma que no cambiaría esa etapa por nada. Fue, en sus palabras, una plataforma que le dio la fortaleza necesaria para enfrentar el proceso creativo con constancia, paciencia y perseverancia. “El periodismo me dio el músculo para escribir”, asegura, convencida de que sin esa experiencia su carrera literaria habría tomado un rumbo distinto.

Su testimonio también pone en evidencia un fenómeno común en la literatura latinoamericana: muchos de sus escritores más influyentes comenzaron como periodistas. Allende ve en esa coincidencia una señal de que ambos oficios, lejos de estar separados, se alimentan mutuamente. El periodismo, con su enfoque en la realidad y el dato, aporta estructura y rigor; la literatura, con su libertad imaginativa, da profundidad y emoción. Juntos, conforman una herramienta poderosa para explorar el mundo y contarlo con autenticidad.

En última instancia, la autora considera que su trayectoria demuestra que la literatura no se opone al periodismo, sino que puede surgir de él. La curiosidad, el compromiso con la verdad y el respeto por las historias humanas que aprendió en las salas de redacción siguen presentes en cada página que escribe. Su voz narrativa, moldeada por esa doble formación, ha permitido que sus obras trasciendan fronteras y conecten con millones de lectores en todo el mundo.

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