Home SaludEntrenar demasiado temprano podría afectar el rendimiento de los atletas de élite

Entrenar demasiado temprano podría afectar el rendimiento de los atletas de élite

by Mario López Ayala, PhD

El reloj no solo marca la hora; también define el músculo que responde.

Madrid, 22 de noviembre de 2025.
Un estudio reciente advierte que la práctica deportiva a primeras horas del día, tan celebrada por entrenadores tradicionales, podría no ser la estrategia ideal para atletas que compiten en niveles máximos de exigencia. Los análisis revelan que durante los primeros minutos de la mañana el cuerpo opera por debajo de su umbral natural de eficiencia: la temperatura interna es más baja, la energía disponible no ha alcanzado su punto óptimo y los ritmos circadianos aún no activan plenamente los sistemas neuromusculares. Esto significa que el esfuerzo que se realiza al alba suele producir menos rendimiento del esperado, aun cuando la disciplina personal no falte.

La investigación comparó sesiones de entrenamiento realizadas al amanecer con otras efectuadas a media mañana y observó diferencias significativas en potencia, velocidad y resistencia. Para los especialistas, la explicación es fisiológica: el organismo necesita tiempo para entrar en fase activa, y forzar al cuerpo antes de ese punto natural puede derivar en pérdidas de eficiencia que, acumuladas a lo largo de semanas, afectan el desempeño competitivo. Incluso en atletas altamente adaptados, la transición del estado de reposo profundo a la activación muscular completa requiere un periodo más extenso del que muchas rutinas habituales permiten.

El estudio también advierte que el entrenamiento intenso a primera hora eleva el riesgo de fatiga prematura, dado que el sistema nervioso central se encuentra en una etapa donde la reactividad es menor. Esto no invalida la práctica matutina, pero sí obliga a repensarla: la preparación física de élite no consiste solo en volumen e intensidad, sino en sincronizar el ejercicio con los momentos biológicos de mayor rendimiento. Ignorar esa sincronía puede traducirse en lo que los autores llaman “energía perdida”, un desgaste que no suma y que entorpece la progresión atlética.

Los entrenadores enfrentan así un desafío estratégico: desplazar la sesión a un horario que respete el ritmo natural del atleta o ajustar de manera profunda la cronobiología individual para que el cuerpo alcance su pico funcional a la hora deseada. La decisión no es intuitiva, sino técnica. Implica medir temperatura corporal, variabilidad cardíaca, calidad del sueño y niveles de alerta cognitiva para determinar con precisión cuándo el deportista está en su mejor momento para entrenar o competir.

Estos hallazgos extienden un debate necesario en el deporte contemporáneo: la idea de que madrugar garantiza superioridad física se enfrenta ahora a la evidencia científica que pide calibrar no solo el esfuerzo, sino el momento exacto en que ese esfuerzo será más productivo. En un entorno donde las diferencias entre ganar y perder se reducen a milésimas, la hora del entrenamiento deja de ser costumbre y se convierte en una variable estratégica.

El rendimiento real empieza cuando el cuerpo deja de luchar contra el reloj y el reloj empieza a trabajar para el cuerpo.

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