No obstante, es muy importante recordar que el ir a terapia no significa que seamos poco inteligentes o que seamos débiles, al contrario, muchas personas deciden pedir ayuda de un profesional para poder profundizar aún más en el autoconocimiento y en las mejores prácticas para una vida plena. Incluso, este es un proceso que todas las personas podemos aprovechar, sin importar el género, la edad ni el contexto social.
En todo caso, cuando estamos en el proceso de decidir si ir o no a terapia, podemos dudar no solamente de si es algo negativo o positivo, como mencionamos antes, sino también de qué implicaciones tiene a nivel emocional, social, en ámbitos de tiempo, dinero, de autoestima, etc. y por eso, aquí reunimos algunos de los elementos más complicados de ir a terapia que no siempre se mencionan. Después de todo, es importante saber qué nos espera de este proceso para tomar una decisión consciente.
Hay muchas corrientes
Existen muchos tipos de terapia y cada uno de estos tiene sus particularidades al momento de conducir las sesiones y de plantear los temas que podrían ser sensibles para ti. Por ejemplo, un psicólogo propio de la corriente del psicoanálisis se podrá detener mucho más en tu pasado como una fuente de conducta presente, que un psicólogo practicante de la teoría conductista, que más bien buscará estrategias para enseñarte cómo modificar una conducta en el tiempo presente. En ese sentido, lo primero que debes saber es qué tipo de enfoque quieres tener en tus sesiones y con base en eso, buscar a alguien que sea representativo de ella.
No todos los psicólogos son para ti
Si ya decidiste el tipo de terapia que quieres tener, pero todavía no te sientes cómodo o en confianza, debes saber que también puede haber terapeutas que no sean tu estilo de persona y que puedes elegir a otro que sí lo sea. Es normal cambiar de psicólogo en varias ocasiones, hasta encontrar a una personalidad con la que te sientas seguro.
A momentos, te sentirás fatal
Al acudir a terapia, no siempre saldrás feliz de tus sesiones. Al contrario, habrá días en que salgas sintiéndote más triste o enojado que como estabas antes de entrar a consulta. Debes saber que esto es normal y que es parte del proceso de reconocimiento de emociones que debes vivir en tus encuentros. En todo caso, intenta comunicarle estos pensamientos y emociones a tu terapeuta, quien sabrá entender si son parte normal del proceso o si quizá es buena idea balancear el tipo de pláticas que se suscitan en la sala.
Puedes preguntar lo que gustes
No creas que tu terapeuta es un ente extraño al que no le puedes preguntar tus dudas. Si quieres conocer más sobre el proceso, sobre tu día a día o sobre cualquier tema, puedes hacerlo. No estás solo en esto.
Aún así, es fundamental mencionar que sin importar cuán retador o demandante pueda ser ir a terapia, no cabe duda de que a la larga sus efectos son positivos. El autoconocimiento es una excelente herramienta para llevar una vida más plena, para aprender qué nos gusta y en dónde queremos limitar nuestra rutina y para poder compartir con nosotros mismos y con el resto del mundo una versión saludable y plena de quienes somos. (GQ).