La detención de “El Mochomo” en 2008 detonó fracturas internas que resuenan en la actual guerra entre Los Chapitos y La Mayiza.
Ciudad de México / Culiacán, Sinaloa. La captura de Alfredo Beltrán Leyva, alias “El Mochomo”, en enero de 2008 marcó un quiebre decisivo en la historia del Cártel de Sinaloa, considerada la organización criminal más poderosa de México. El arresto, presentado como un logro clave en la estrategia de combate al narco del gobierno de Felipe Calderón, desencadenó una fractura interna sin precedentes que sembró las semillas de la actual guerra encarnizada.
El Mochomo, miembro de los Beltrán Leyva, había sido pieza clave en la alianza interna del cártel. Su aprehensión provocó un estallido de violencia entre facciones. Siete meses después, el 8 de abril de 2008, se documentaron narcomensajes exhibidos en puentes de Culiacán, evidenciando por primera vez un combate abierto y visible entre los antiguos aliados. El cártel, que hasta entonces seguía una estructura unificada, se transformó en una red fragmentada cuyas ramificaciones han llegado hasta hoy.
El conflicto prolongado estalló nuevamente en septiembre de 2023, cuando la extradición de Ismael “El Mayo” Zambada y los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán desató una pugna por el control territorial. Desde entonces, Culiacán se ha convertido en el epicentro de una narcoguerra interna que ha registrado más de 1 600 homicidios entre septiembre de 2024 y junio de 2025, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el diario Noroeste.
En los últimos días, la violencia alcanzó nuevos niveles: se descubrieron 20 cuerpos, incluidos cuatro decapitados y colgados de un puente, junto con otros hallazgos macabros en vehículos abandonados. Las autoridades han señalado que los mensajes dejados junto a los cuerpos adjudican la acción a la facción de Zambada Sicairos, conocida como La Mayiza, enfrentándose directamente con los Chapitos, liderados por los hijos de El Chapo.
Una reciente masacre en un centro de rehabilitación de Culiacán puso de manifiesto la brutalidad del conflicto: nueve personas fueron asesinadas a sangre fría en un ataque atribuido a los Chapitos que buscaban eliminar refugios de La Mayiza. Estas escaramuzas ya han causado cierres de escuelas, bloqueos de carreteras, saqueos y un éxodo silencioso de familias y trabajadores de la región.
Las víctimas no son cifras: se estima que más de 2 000 personas han sido asesinadas desde septiembre, entre civiles, menores y policías, mientras más de 1 700 han desaparecido. La estrategia actual de ambos bandos implica ataques selectivos a centros de rehabilitación y zonas urbanas para minar la capacidad del rival, según fuentes consultadas por Phoenix24.
El alcance del conflicto también involucra actores indirectos: estructuras de lavado de dinero, redes de artesanos de armas, empresas fachada y elementos infiltrados en cuerpos policiales y plantas automotrices del Triángulo Dorado. Organizaciones como el FBI y Europol han reportado vínculos con tráfico de fentanilo, mientras la designación de los cárteles como organizaciones terroristas por Estados Unidos presiona a México a actuar.
La administración estadounidense ha enviado apoyo logístico y amenazas de sanciones financieras para frenar el flujo de precursores químicos hacia laboratorios clandestinos. El gobierno de México, a través de Sedena y la Guardia Nacional, ha reforzado operativos en Sinaloa, aunque la estrategia enfrenta críticas por su impacto en la vida civil y la persistencia de focos de resistencia.
Este conflicto interno, que combina viejas rencillas con el poder geoestratégico del tráfico internacional de drogas, no solo transforma el paisaje criminal regional, sino que amenaza la estabilidad económica y social de entidades vecinas como Durango, Sonora y Baja California. La fractura original de 2008, lejos de haber sido superada, opera aún como sustrato de una guerra que parece no tener fin.
En el plano institucional, la Fiscalía General enfrentará el reto de rastrear redes financieras y políticas encubiertas, mientras que desde Bruselas se monitorea la evolución del conflicto como riesgo sistémico para la región. La probabilidad de infiltración en cadenas legítimas y la presión de Estados Unidos sugieren que la narcoguerra requerirá una respuesta más alemana, integrando defensa militar, diseño económico y cooperación internacional.
El resurgimiento de esta disputa histórica —entre herederos de El Chapo y El Mayo— confirma que el viejo cártel de Sinaloa no sólo fue una entidad criminal centralizada, sino que su ruptura fue el detonante de una dinámica de guerra prolongada. La tarea de cerrar aquella grieta se ha convertido en un imperativo para la seguridad y futuro de la región.
Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis riguroso, en coherencia con el contexto global vigente.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team using reliable sources, public data, and rigorous analysis in alignment with the current global context.