Seúl, julio de 2025
La última temporada de Squid Game ha catapultado a Netflix a cifras históricas. Con más de 122 millones de visualizaciones en solo unos días, la producción surcoreana no solo consolidó su poder narrativo, sino que impulsó a la plataforma a superar sus expectativas financieras del segundo trimestre.
Netflix reportó ingresos por 11 080 millones de dólares y una ganancia neta de 3 100 millones, con utilidades por acción de 7,19 USD. Según informes del Wall Street Journal y análisis del Peterson Institute, la compañía ha consolidado una fórmula eficaz: contenido original global, segmentación regional y una estrategia de monetización híbrida.
El éxito de Squid Game no se limita al plano audiovisual. Su narrativa sobre desigualdad, meritocracia fallida y alienación social ha sido objeto de análisis en universidades como la LSE y la Universidad Nacional de Seúl. Además, Corea del Sur ha capitalizado el fenómeno como herramienta de diplomacia cultural, reafirmando su liderazgo en la industria del entretenimiento global.
La serie también generó ingresos adicionales por más de 200 millones de dólares a través de productos licenciados, videojuegos y eventos inmersivos, según estimaciones de Kantar y la Korea Creative Content Agency. El impacto se refleja en la tasa de retención de audiencia: los usuarios completaron la temporada en un promedio de 3.4 días, según Nielsen.

Pese a estos resultados, la reacción bursátil fue cautelosa. Las acciones de Netflix retrocedieron entre un 1 % y un 5 % en operaciones posteriores al anuncio. Analistas del Financial Times y Bloomberg atribuyen esta caída a la incertidumbre sobre la sostenibilidad del modelo basado en “mega-hits”. El éxito es celebrado, pero también genera presión por replicarlo.
Frente a esto, Netflix ha anunciado inversiones en nuevos centros de producción en África, Europa del Este y el Sudeste Asiático. El objetivo: diversificar voces y evitar la dependencia de fenómenos únicos. Asimismo, fortalece sus divisiones de eventos en vivo, publicidad y experiencias personalizadas, para amortiguar la saturación del modelo tradicional.
Desde una óptica macroeconómica, el debilitamiento del dólar ha favorecido las cifras de la plataforma, según datos del FMI. Pero la competencia con Disney+, Prime Video y Apple TV+ se intensifica. Cada actor optimiza su catálogo, ajusta tarifas e incorpora modelos con publicidad, modificando el mapa del consumo global.
El caso Squid Game también introduce una dimensión geopolítica. La serie, no anglosajona y altamente simbólica, representa una alternativa cultural al mainstream hollywoodense. Expertos del MIT Media Lab señalan que su éxito reside en narrativas emocionalmente universales, conectadas con tensiones contemporáneas. En ese sentido, Netflix se convierte en actor blando del poder cultural global.
En paralelo, el modelo surcoreano de exportación cultural —conocido como “Hallyu” o “ola coreana”— se ha consolidado como herramienta estratégica del gobierno de Seúl. De acuerdo con el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo de Corea del Sur, el contenido audiovisual coreano generó más de 13 mil millones de dólares en exportaciones en 2024. Este fenómeno no solo impulsa la economía creativa, sino que también posiciona a Corea como un referente de diplomacia cultural, capaz de influir en percepciones globales…
La respuesta de otras plataformas no se ha hecho esperar. Disney+ ha acelerado su producción en India y el sudeste asiático; Prime Video, por su parte, ha reforzado su alianza con estudios latinoamericanos; mientras Apple TV+ invierte en contenidos europeos de corte artístico. Todas buscan capturar la atención de audiencias más segmentadas y escapar del efecto “burbuja” de las franquicias estadounidenses tradicionales.
De cara al futuro, la plataforma apuesta por títulos como Wednesday y Stranger Things, pero la presión es clara: el algoritmo puede viralizar una historia, pero solo una estrategia coherente puede sostener una hegemonía narrativa. Netflix enfrenta una paradoja: el fenómeno que lo impulsa también podría revelar su talón de Aquiles.
En suma, Squid Game reafirma la capacidad del contenido regional para dominar audiencias globales, pero también expone la fragilidad estructural del éxito viral. En el tablero del streaming, cada historia es una pieza geopolítica, y cada clic, una apuesta bursátil.
Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes públicas, monitoreo internacional y análisis independiente del entorno audiovisual y financiero contemporáneo.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team based on public information, international monitoring, and independent analysis of the current audiovisual and financial landscape.