¿Una razón más para evitar la desaparición de las abejas? Estos insectos ultraimportantes para la vida no solo polinizan nuestros cultivos, también ofrecen beneficios que todavía estamos descubriendo, incluso en el veneno que producen para protegerse de depredadores. Desde hace algunos años, investigadores del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) han realizado experimentos con el veneno de abeja para determinar si es posible potenciar los efectos terapéuticos del tratamiento más eficaz para la enfermedad de Parkison. Sus hallazgos fueron publicados recientemente en una revista académica.
Tres puntos básicos que hay que entender antes de explicar de qué va este hallazgo. Número uno. El mal de Parkison es un trastorno neurodegenerativo progresivo del sistema nervioso que afecta principalmente el control del movimiento. Se produce porque las neuronas de una región del cerebro llamada sustancia negra van muriendo de forma gradual, lo que reduce la producción de dopamina, un neurotransmisor esencial para coordinar los movimientos.
Número dos. En la actualidad, el Parkinson no tiene cura y tampoco existe un tratamiento capaz de revertir la progresión de la enfermedad. Sin embargo, existen varias terapias eficaces que ayudan a controlar los síntomas, mejorar la calidad de vida y mantener la autonomía de los pacientes durante muchos años.
Número tres. El tratamiento más utilizado para aliviar los síntomas motores del Parkinson consiste en suministrar levodopa (L-DOPA). Este medicamento actúa como un precursor de la dopamina: al llegar al cerebro, las neuronas lo convierten en dopamina, compensando parcialmente la pérdida de este neurotransmisor. Generalmente se administra en combinación con carbidopa o benserazida, sustancias que impiden que la levodopa se transforme en dopamina antes de llegar al cerebro, lo que aumenta su eficacia y reduce efectos secundarios como náuseas.
Ahora bien, según los hallazgos reportados por los investigadores de la UdeG en Neuroprotection, la combinación de veneno de abeja liofilizado con el tratamiento estándar basado en levodopa y carbidopa mejoró tanto el desempeño motor como algunas capacidades cognitivas en un modelo experimental con ratones, superando los resultados obtenidos con los medicamentos convencionales por sí solos.
Veneno como tratamiento
¿Cómo se llegó a este resultado? Para empezar, los científicos provocaron en ratones una lesión selectiva de las neuronas dopaminérgicas por medio de la administración de 6-hidroxidopamina (6-OHDA), una neurotoxina que reproduce varios de los déficits motores y conductuales característicos de la enfermedad. Posteriormente, los animales se dividieron en cuatro grupos: uno sano, otro con la lesión sin tratamiento, un tercero tratado únicamente con levodopa-carbidopa y un cuarto que recibió la combinación de esos medicamentos junto con la apitoxina, que es el veneno de abeja, administrado una hora después.
Los tratamientos comenzaron 13 días después de inducir la lesión y continuaron hasta el día 30. Los resultados arrojaron que los animales tratados únicamente con L-DOPA recuperaron inicialmente parte de su capacidad motora, pero ese beneficio disminuyó con el paso de los días, tal como se esperaba. En contraste, los ratones que también recibieron veneno de abeja conservaron un uso prácticamente equilibrado de las patas delanteras hasta el final del experimento, alcanzando valores comparables con los animales sanos.
Algo similar ocurrió con otro indicador del deterioro motoro conocido como “arrastre de la pata”. Mientras que los animales lesionados continuaron mostrando esa alteración, tanto el tratamiento convencional como la combinación con veneno redujeron el problema. Sin embargo, la mejoría fue ligeramente mayor en el grupo que recibió ambos tratamientos (L-DOPA + apitoxina).
Las diferencias fueron todavía más evidentes en una prueba diseñada para evaluar la lateralización del movimiento. En ella, los ratones deben caminar por un corredor y recuperar alimento colocado a ambos lados. Los animales con Parkinson experimental tienden a ignorar el lado afectado por la lesión, reflejando la pérdida de función dopaminérgica. Los investigadores observaron que la combinación de levodopa y veneno de abeja permitió una recuperación mucho mayor que la obtenida con el tratamiento convencional, lo que sugiere una mejor conservación de la función motora.
El beneficio no se limitó al movimiento. Los científicos también analizaron la memoria con una prueba de reconocimiento de objetos. En condiciones normales, los ratones dedican más tiempo a explorar un objeto nuevo que uno conocido. Los roedores con la lesión cerebral perdieron esa capacidad de discriminación, mientras que aquellos tratados con levodopa mostraron un desempeño limitado. En cambio, los ratones que recibieron además veneno de abeja mantuvieron una capacidad de reconocimiento comparable a la del grupo sano durante todo el estudio.
Limitaciones y futuras investigaciones
Aunque el trabajo se centró en evaluar el comportamiento y no investigó directamente los mecanismos biológicos responsables de estos efectos, los autores señalan que el veneno de abeja contiene diversos moléculas con propiedades de interés. Entre ellas se encuentran la melitina, la fosfolipasa A2 y la apamina, compuestos que en investigaciones previas han sido asociados con acciones antiinflamatorias, antioxidantes y moduladoras de la actividad neuronal. Sin embargo, los propios investigadores subrayan que estas posibles explicaciones permenecen como hipótesis, ya que el presente estudio no realizó análisis bioquímicos ni histológicos que permitan confirmar esos mecanismos.
“Nuestros hallazgos demuestran los prometedores beneficios conductuales del veneno de abeja como complemento de la terapia con L-DOPA/carbidopa, pero se necesita más investigación para comprender los mecanismos subyacentes”, indicó Alma Karen Lomeli Lepe, autora principal del estudio, en un comunicado de prensa. Sus colegas en esta investigación fueron Silvia Josefina López Pérez y Marco Antonio Noriega Ruiz.
Limitaciones del trabajo: la investigación se realizó exclusivamente en ratones y, como señaló la profesora Lomeli Lepe, evaluó únicamente cambios conductuales. Aunque verificaron que la lesión cerebral fue inducida correctamente, no cuantificaron directamente la supervivencia de las neuronas dopaminérgicas ni midieron marcadores de inflamación o estrés oxidativo. En consecuencia, los resultados muestran una mejoría funcional, pero no demuestran que el veneno de abeja proteja las neuronas o modifique el curso de la enfermedad.
Aunque todavía es muy pronto para explorar aplicaciones clínicas, los hallazgos aportan una línea de investigación prometedora. Si futuras investigaciones respaldan estos resultados, el veneno de abeja podría convertirse en un tratamiento complementario capaz de prolongar o potenciar los beneficios de la levodopa, el medicamento más importante contra el Parkinson desde hace décadas. Y sí, una razón más, entre muchas, para luchar por la conservación de las abejas. (W).