Cascada mortal en Gaza: la ONU eleva a 875 los fallecidos al intentar acceder a ayuda humanitaria

El drama en Gaza cambia de rostro: los muertos ya no solo son víctimas de bombardeos, sino también de la desesperación ante la ayuda

Ginebra, julio de 2025 — La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha confirmado que al menos 875 palestinos han muerto en las últimas seis semanas al intentar acceder a asistencia humanitaria en la Franja de Gaza. De ellos, 674 perdieron la vida en las inmediaciones de centros de distribución gestionados por una fundación respaldada por autoridades estadounidenses e israelíes, mientras que otros 201 murieron en las rutas de los convoyes que transportaban alimentos y medicinas.

La distribución de ayuda se ha convertido en un punto crítico donde convergen el hambre, el miedo y la violencia. Los centros señalados están protegidos por sistemas de seguridad altamente militarizados, bajo control de contratistas privados, con protocolos ajenos al estándar humanitario internacional. Pese a que se afirma haber entregado más de 20 millones de raciones, la ONU ha denunciado que estos mecanismos de reparto son “intrínsecamente inseguros” y no cumplen con los principios de neutralidad, humanidad e imparcialidad exigidos en contextos de conflicto armado.

Los incidentes no son aislados. Se han documentado múltiples tiroteos dirigidos contra multitudes hambrientas, incluidos casos en los que se disparó desde vehículos blindados y torres de observación. Según testimonios verificados, muchos de los muertos presentaban impactos de bala en la espalda o el abdomen, lo que sugiere que intentaban huir y no atacar. La respuesta oficial ha sido el reforzamiento de cercos, zonas de acceso restringido y advertencias de seguridad que, lejos de proteger a la población, agravan la desconfianza y la desesperación.

La situación humanitaria en Gaza se ha deteriorado de forma dramática. La escasez de combustible paraliza hospitales, impide el tratamiento de heridos y bloquea la producción de agua potable. La mayoría de la población permanece desplazada, sin acceso a electricidad, atención médica ni alimentos estables. La ONU ha advertido sobre un colapso total de los sistemas básicos de supervivencia si no se desbloquea el ingreso seguro y sostenido de ayuda internacional.

La comunidad internacional observa con creciente alarma el uso de tácticas de control letales en torno a puntos de ayuda. Expertos en derecho humanitario sostienen que estos hechos podrían constituir crímenes de guerra si se confirma que los disparos fueron realizados sin justificación y contra civiles desarmados. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos ha pedido una investigación independiente sobre cada incidente, incluyendo responsabilidad individual de mandos, operadores y diseñadores de los protocolos de seguridad.

La evolución de este escenario plantea tres caminos posibles. En un escenario de continuidad, se mantendrán los operativos actuales con un endurecimiento de la crítica internacional, pero sin acciones concretas. En uno de disrupción, la presión diplomática podría escalar hacia sanciones o cortes de cooperación bilateral, especialmente si nuevas matanzas se repiten. En una bifurcación emergente, se están considerando mecanismos alternativos como corredores humanitarios controlados por terceros neutrales, o rutas marítimas para abastecer Gaza desde puertos regionales sin intermediación militar directa.

Los 875 muertos no son solo cifras. Son la señal de una crisis ética global en la que el acceso a un saco de arroz o una botella de agua puede costar la vida. La línea entre asistencia y castigo se ha desdibujado, y Gaza, una vez más, se convierte en el epicentro de un debate que enfrenta principios universales contra cálculos tácticos. La ayuda humanitaria, hoy, se entrega entre ráfagas.

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