Home CulturaArqueólogos encuentran algo inesperado entre 10.000 huesos de una cueva: son las primeras pruebas de que los neandertales los convertían en herramientas en Rumanía

Arqueólogos encuentran algo inesperado entre 10.000 huesos de una cueva: son las primeras pruebas de que los neandertales los convertían en herramientas en Rumanía

by Phoenix 24

En arqueología, una pieza diminuta puede cambiar la interpretación de todo un yacimiento. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en Abri 122/1200, un enclave del Paleolítico medio situado en las gargantas de Vârghiș, en los Cárpatos orientales de Rumanía. Entre más de 10.000 restos óseos, los investigadores han identificado decenas de piezas con modificaciones producidas por seres humanos. Algunas fueron empleadas como herramientas.

El descubrimiento resulta especialmente interesante por lo que faltaba hasta ahora. El uso de huesos por los neandertales está documentado desde Europa occidental hasta zonas próximas a las montañas de Altái, pero el territorio rumano constituía una llamativa ausencia en ese mapa. El trabajo publicado en 2026 en Journal of Quaternary Science, firmado por Monica Mărgărit y sus colaboradores, aporta la primera evidencia de esta práctica en Rumanía.

No estamos, además, ante espectaculares objetos tallados destinados a ocupar una vitrina de museo. Buena parte de las piezas son pequeñas, discretas y aparentemente poco excepcionales. Ahí reside precisamente una de las claves del estudio: quizá la tecnología neandertal fabricada sobre hueso haya sido durante mucho tiempo menos visible de lo que realmente fue.

Un yacimiento ocupado durante miles de años

Abri 122/1200 conserva testimonios correspondientes al Paleolítico medio, en una secuencia situada aproximadamente entre hace 230.000 y 60.000 años. Las excavaciones realizadas en 2014 recuperaron herramientas líticas y abundantes restos de fauna, entre ellos animales de grandes dimensiones como bisontes y rinocerontes lanudos.

Había, sin embargo, una pregunta difícil de resolver. Si los grupos que frecuentaron aquel lugar eran capaces de fabricar instrumentos de piedra y explotar grandes animales, ¿por qué no aparecían herramientas de hueso semejantes a las conocidas en otros territorios habitados por neandertales?

La respuesta podía estar literalmente delante de los arqueólogos. El problema era reconocerla. Tradicionalmente, los fragmentos óseos más pequeños no siempre recibieron la misma atención que las piezas completas o anatómicamente identificables. Para un especialista interesado en reconstruir qué animales aparecían en un yacimiento, un pequeño fragmento difícil de clasificar podía aportar poca información. Para alguien que busca huellas de utilización, en cambio, ese mismo trozo puede resultar fundamental.

El equipo cambió así la escala de observación. En lugar de buscar únicamente objetos de hueso claramente manufacturados, examinó las superficies y bordes en busca de señales mucho más sutiles: zonas pulidas, redondeamientos, estrías, impactos y otros desgastes compatibles con el contacto repetido contra diferentes materiales.

Los neandertales no siempre fabricaban herramientas complejas: podían aprovechar un pequeño fragmento de hueso, utilizarlo para una tarea concreta y abandonarlo después.

83 huesos que cuentan otra historia

De los más de 10.000 restos analizados, 83 presentaban modificaciones antropogénicas inequívocas, según los resultados difundidos sobre la investigación. Entre ellos aparecieron piezas interpretadas como instrumentos relacionados con distintas actividades, desde el trabajo de materiales hasta labores de raspado, afilado o percusión.

Algunos huesos habrían funcionado como retocadores empleados durante la fabricación o mantenimiento de herramientas de piedra. Otros muestran características compatibles con instrumentos utilizados sobre materiales más blandos. También se identificaron piezas con funciones similares a cuñas y dos ejemplares empleados como percutores.

La cuestión importante es que muchos de estos instrumentos parecen responder a una tecnología oportunista. Los neandertales no necesitaban transformar siempre un hueso mediante una larga cadena de fabricación. Un fragmento con una forma adecuada podía recogerse, utilizarse para resolver una necesidad concreta y abandonarse poco después.

Esta sencillez tiene una consecuencia arqueológica considerable. Una herramienta cuidadosamente tallada resulta relativamente fácil de distinguir de un resto de comida. Un hueso recogido y usado durante unos minutos puede acabar pareciéndose mucho a cualquier otro fragmento producido durante el descuartizamiento de un animal. Miles de años después, la diferencia puede quedar reducida a unas cuantas marcas microscópicas.

Los investigadores fabricaron sus propias herramientas

Identificar una marca no basta para saber qué la produjo. Los huesos pueden romperse, erosionarse o sufrir alteraciones después de quedar enterrados. Para comprobar sus interpretaciones, los investigadores recurrieron a la arqueología experimental.

El procedimiento consistió, en esencia, en volver a realizar determinadas actividades con huesos modernos y observar las huellas resultantes. Los instrumentos experimentales fueron utilizados sobre diferentes materiales y después examinados microscópicamente. Sus rastros pudieron compararse así con los conservados en los ejemplares arqueológicos.

Este tipo de experimentación permite separar comportamientos humanos de procesos naturales y, al mismo tiempo, aproximarse al uso que pudo recibir cada objeto. La combinación del análisis microscópico con las reproducciones experimentales reforzó la interpretación de que determinados fragmentos de Abri 122/1200 no eran simples desechos.

El hallazgo obliga además a reconsiderar colecciones excavadas hace décadas. Si estas herramientas pudieron permanecer inadvertidas en un conjunto ya recuperado, es razonable plantearse cuántas piezas semejantes pueden continuar almacenadas en cajas y depósitos arqueológicos de otros yacimientos. A veces, un descubrimiento no exige excavar una cueva nueva, sino hacer preguntas nuevas a materiales conocidos.

El descubrimiento aporta la primera evidencia de utilización de herramientas de hueso por los neandertales documentada en Rumanía.

El gran misterio continúa dentro de la cueva

Hay una paradoja en Abri 122/1200. El contexto arqueológico pertenece al mundo del Paleolítico medio y la tecnología encaja con comportamientos conocidos entre los neandertales, pero hasta el momento no se han encontrado restos humanos neandertales en el yacimiento.

Por ello, los investigadores buscan ahora una prueba biológica que permita reforzar esa asociación. Una de las posibilidades pasa por analizar el sedimento en busca de ADN antiguo. Esta técnica ha adquirido especial importancia porque puede detectar la presencia de poblaciones humanas incluso cuando no aparecen esqueletos reconocibles.

También se están estudiando los propios restos óseos. El desafío es enorme: encontrar entre miles de fragmentos una posible pieza humana puede convertirse en una auténtica búsqueda de una aguja en un pajar.

Mientras esa búsqueda continúa, los pequeños instrumentos ya han cubierto un vacío importante en el registro arqueológico de los Cárpatos. Y dejan una lección particularmente sugerente: la capacidad tecnológica de los neandertales no siempre quedó grabada en grandes objetos. En ocasiones sobrevivió en un hueso roto, utilizado durante una tarea cotidiana y arrojado al suelo hace decenas de miles de años. (M).

You may also like