Home BusinessAIE y OPEP dividen al mercado petrolero mientras Ormuz sigue cerrado

AIE y OPEP dividen al mercado petrolero mientras Ormuz sigue cerrado

by Phoenix 24

El mismo mercado produce dos futuros incompatibles.

Estrecho de Ormuz, agosto de 2026

La Agencia Internacional de la Energía y la Organización de Países Exportadores de Petróleo presentaron previsiones opuestas sobre el consumo mundial de crudo en 2026, mientras el cierre prolongado del estrecho de Ormuz altera los flujos energéticos internacionales. La AIE anticipa la primera caída anual de la demanda desde la paralización económica provocada por la pandemia. La OPEP, en cambio, todavía espera un crecimiento, aunque ha reducido sus cálculos durante cuatro meses consecutivos. Entre ambas estimaciones existe una diferencia aproximada de 2.2 millones de barriles diarios.

La AIE prevé que la demanda mundial disminuya 1.6 millones de barriles diarios frente a 2025. Su nueva estimación representa una revisión a la baja de 510 mil barriles respecto de la proyección publicada en julio. El organismo atribuye la contracción al cierre de Ormuz y al encarecimiento de los combustibles, factores que están limitando el consumo y debilitando la actividad en distintos mercados. Para la segunda mitad del año, redujo su previsión en alrededor de 550 mil barriles diarios.

La OPEP conserva una lectura menos pesimista y calcula que el consumo crecerá en 580 mil barriles diarios durante 2026. Sin embargo, su previsión anterior contemplaba un incremento de 780 mil barriles, lo que confirma que incluso el bloque productor reconoce un deterioro del escenario. La organización sostiene que la guerra y las interrupciones logísticas han causado menos daño a la demanda del que estiman los analistas occidentales. La discrepancia no es únicamente estadística, pues refleja dos interpretaciones distintas sobre la profundidad de la crisis energética.

La oferta mundial aumentó en julio hasta alcanzar 101.5 millones de barriles diarios, después de sumar 2.4 millones respecto del mes anterior. A pesar de esa recuperación, la producción permaneció 6.3 millones de barriles por debajo del nivel registrado un año antes. Alrededor de 8.3 millones de barriles diarios de capacidad productiva del Golfo continuaban paralizados. Esta reducción explica por qué el mercado sigue enfrentando tensiones incluso cuando la demanda también muestra señales de debilidad.

La producción de los países del Golfo subió hasta 23.9 millones de barriles diarios, pero sus exportaciones descendieron a 15 millones. El estrecho de Ormuz volvió a quedar prácticamente cerrado a comienzos de julio, después de nuevos ataques contra petroleros e infraestructura energética. Los cargamentos transportados por la región cayeron de alrededor de 20 millones a 12 millones de barriles diarios. El petróleo puede continuar extrayéndose, pero su valor estratégico disminuye cuando no existe una ruta segura para llevarlo hasta los compradores.

La incertidumbre se extiende también hacia Bab el Mandeb, otro paso marítimo decisivo para el comercio entre Asia, Oriente Medio y Europa. Sin un acuerdo que garantice la navegación por ambos corredores, la AIE espera que la producción mundial disminuya 4.3 millones de barriles diarios durante el año. Las reservas observadas bajaron en 69 millones de barriles durante julio y quedaron ligeramente por debajo de 7.9 mil millones. Desde el comienzo de la guerra, el inventario acumulado se habría reducido en aproximadamente 410 millones de barriles.

La divergencia entre la AIE y la OPEP influye directamente en gobiernos, productores, refinerías, inversionistas y consumidores. Si la demanda cae como anticipa la agencia con sede en París, el mercado podría enfrentar una contracción económica provocada por precios elevados y escasez de suministros accesibles. Si la OPEP está más cerca de la realidad, la persistencia del consumo agravaría la presión sobre una oferta limitada. En ambos escenarios, la seguridad de las rutas marítimas resulta más determinante que la capacidad física de producción.

Los dos organismos coinciden, sin embargo, en que 2027 podría traer una recuperación considerable. La OPEP calcula un aumento de 2.2 millones de barriles diarios, mientras la AIE proyecta 2.4 millones. Esta última considera que el problema actual constituye un bloqueo temporal más que una desaparición estructural de la demanda. Bajo esa lectura, la reapertura de Ormuz permitiría liberar consumo aplazado y reconstruir rápidamente los flujos comerciales.

Ese escenario depende de una desescalada política y militar que todavía no está garantizada. La AIE supone que los suministros se restablecerán gradualmente y que la contracción de 2026 dará paso a un fuerte incremento de la oferta al año siguiente. Sus cálculos transformarían un déficit de 1.3 millones de barriles diarios en un superávit de 4.6 millones. Una reapertura tardía, parcial o sometida a nuevos ataques podría invalidar gran parte de esas previsiones.

La disputa entre la AIE y la OPEP revela que el mercado petrolero atraviesa una crisis de visibilidad, además de una crisis de suministro. Los analistas conocen la capacidad de producción, pero no pueden determinar cuánto crudo circulará, qué rutas permanecerán disponibles ni cómo responderán los consumidores a precios persistentemente altos. Ormuz se ha convertido en el punto donde la geopolítica modifica simultáneamente la oferta, la demanda y las expectativas. Mientras el estrecho siga cerrado, cada previsión energética será también una apuesta sobre el rumbo de la guerra.

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