El alcalde de Chilpancingo, Alejandro Arcos, fue brutalmente asesinado menos de una semana después de tomar posesión de su cargo, en la última ola de violencia dirigida contra políticos mexicanos. La muerte de Arcos se produce en medio de un aumento de la violencia relacionada con los cárteles en Guerrero, uno de los estados más violentos de México, mientras las autoridades prometen hacer justicia y abordar la arraigada crisis de seguridad del país.
Alejandro Arcos, alcalde de Chilpancingo, en el sur de México, ha sido asesinado a menos de una semana de haber tomado posesión de su cargo, según informaron las autoridades el domingo 6 de octubre. Se trata del último de una serie de ataques contra políticos en el país latinoamericano, azotado por la violencia.
El asesinato de Arcos, “nos llena de indignación”, escribió en las redes sociales la gobernadora del estado de Guerrero, Evelyn Salgado, sin dar más detalles sobre las circunstancias.
Los medios de comunicación locales informaron de que Arcos fue decapitado, pero no ha habido confirmación oficial.
El difunto alcalde fue elegido en junio en representación de una coalición opositora que incluía al Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual denunció su asesinato como un “crimen cobarde” y pidió justicia.
“¡Basta ya de violencia e impunidad! Las y los guerrerenses no merecen vivir con miedo”, demandó el PRI en su cuenta de X.
Su asesinato se produjo días después del de otro funcionario municipal, Francisco Tapia, según el presidente del PRI, Alejandro Moreno.
“Llevaban menos de una semana en el cargo. Funcionarios jóvenes y honestos que buscaban el progreso de su comunidad”, subrayó Moreno en X.
Guerrero, un estado sumido en la violencia derivada del crimen organizado
Se trata de uno de los estados más pobres de México, que ha sufrido años de violencia vinculada a las guerras territoriales entre cárteles que luchan por el control de la producción y el tráfico de drogas.
En 2023, se registraron 1.890 asesinatos en el estado, que alberga la ciudad de Acapulco, considerado antiguo patio de recreo de ricos y famosos ahora asolado por la delincuencia.
En todo México, más de 450.000 personas han muerto y decenas de miles han desaparecido en una espiral de violencia desde que el Gobierno desplegó el Ejército para combatir el narcotráfico en 2006.
Los políticos, sobre todo a nivel local, suelen ser víctimas del derramamiento de sangre relacionado con la corrupción y el multimillonario tráfico de drogas.
Enfrentarse a la violencia de los carteles, que convierte los asesinatos y secuestros en algo cotidiano en México, es uno de los principales retos a los que se enfrenta Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta del país.
Sheinbaum, exalcaldesa de Ciudad de México, que tomó posesión el 1 de octubre, se ha comprometido a mantener la estrategia de “abrazos, no balas” de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, que consiste en utilizar la política social para atajar la delincuencia de raíz.
Justamente, el martes 8 de octubre la mandataria dará a conocer su plan de seguridad. Al menos 24 políticos fueron asesinados durante un proceso electoral especialmente violento que precedió a las elecciones de junio, en las que la figura clave del partido gobernante ganó de manera holgada según las cifras oficiales.(F24).