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El falso ciego de Vicenza: medio siglo de fraude al Estado italiano

by Phoenix 24

Cuando la oscuridad no estaba en los ojos, sino en la ética.
Roma, octubre de 2025

Italia quedó atónita tras conocerse uno de los fraudes más insólitos y prolongados de su historia reciente. Un hombre de 70 años, residente en Arzignano, en la provincia de Vicenza, fue acusado de fingir ceguera total durante más de medio siglo para recibir subsidios por discapacidad visual. La Guardia de Finanzas reveló que, desde 1972, el sospechoso habría cobrado ayudas públicas que superan el millón de euros.

Con las pruebas reunidas y una pericia médica que confirmó la inexistencia de ceguera, la Fiscalía decidió procesar al acusado por el delito de estafa al Estado. (Foto AP/Luca Bruno)

El caso se destapó luego de una investigación silenciosa que se extendió por más de dos meses. Los agentes de la Policía económica italiana siguieron al hombre y lo grabaron realizando tareas cotidianas sin asistencia: manipulaba herramientas de jardinería, cruzaba calles, elegía frutas en el mercado y pagaba con billetes que sacaba de su propio bolsillo. Las imágenes, según el informe policial, fueron tan claras que no dejaron margen para la duda.

“Acudía al mercado municipal de forma totalmente autónoma, examinaba los productos con precisión y seleccionaba frutas y verduras antes de pagar en efectivo”, señaló el comunicado oficial de la Guardia de Finanzas. Tras verificar las pruebas, una pericia médica confirmó que el acusado no padecía ceguera alguna. La Fiscalía ordenó su procesamiento por estafa al Estado, la suspensión inmediata de los subsidios y una auditoría fiscal que ya ha detectado más de 200.000 euros en ingresos ilícitos en los últimos cinco años.

El fraude se descubrió gracias al cruce de información entre el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INPS), el Instituto Nacional de Seguros contra Accidentes (INAIL) y bases de datos policiales, que revelaron inconsistencias en las prestaciones. Las autoridades sospechan que el engaño se mantuvo tanto tiempo gracias a la falta de controles periódicos y a una red burocrática que durante décadas no contrastó los datos de los beneficiarios.

El caso ha despertado un fuerte debate en Italia sobre los vacíos del sistema asistencial. En un país donde las ayudas sociales representan un componente esencial de la red de protección estatal, episodios como este erosionan la confianza pública y alimentan la percepción de impunidad. “No se trata solo de un delito económico, sino de una herida moral contra todos los ciudadanos que realmente necesitan apoyo”, declaró un portavoz del Ministerio de Finanzas.

La historia tiene antecedentes recientes. Apenas dos días antes, otro hombre fue arrestado en Castellammare di Stabia, cerca de Nápoles, tras fingir ceguera durante veinte años y defraudar al Estado con su esposa como cómplice. Aunque padecía una leve discapacidad visual, el acusado podía desplazarse y realizar tareas con normalidad. Ambos fueron detenidos el 7 de octubre tras comprobarse que habían cobrado más de 150.000 euros en subsidios.

Casos similares se han repetido en distintas regiones italianas. En 2010, la Guardia de Finanzas detectó un fraude en Lecce, donde un hombre simuló ceguera durante 38 años para obtener una pensión de invalidez. Fue grabado caminando solo por calles transitadas y haciendo compras sin dificultad. Ese episodio, que parecía excepcional, hoy adquiere nueva relevancia.

Más allá del escándalo, el episodio revela un problema estructural: los sistemas de asistencia, concebidos para proteger a los vulnerables, se han vuelto vulnerables a su vez. El uso fraudulento de fondos públicos no solo vacía las arcas del Estado, sino que debilita la empatía social hacia quienes realmente necesitan ayuda.

La Fiscalía de Vicenza ha anunciado que solicitará el reembolso total de las sumas percibidas de forma ilegal y que el acusado podría enfrentar una condena de hasta ocho años de prisión. Sin embargo, la dimensión del engaño —cincuenta años de oscuridad fingida— trasciende lo jurídico y toca lo simbólico: medio siglo mirando sin ver y cobrando sin culpa.

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