El estreno marca un puente entre historias íntimas y panoramas sociales, señalando una voz chilena que emerge en el cine contemporáneo latinoamericano.
San Sebastián, España — Septiembre 2025
Dominga Sotomayor presenta su más reciente obra fílmica como película inaugural de la Competencia Latinoamericana en el Festival de San Sebastián, un reconocimiento que subraya su compromiso con narrativas que entretejen lo personal y lo colectivo. La película, cuyo título se mantiene reservado hasta su proyección oficial, explora los silencios domésticos tras un trauma compartido, la memoria como paisaje donde convergen pasado y presente y la necesidad de construir relatos que desafían los discursos hegemónicos. Sotomayor, directora chilena con trayectoria marcada por una estética sobria y una mirada potente hacia las periferias emocionales, abre esta edición del certamen con una obra que hace del interior el espacio de la denuncia y de la intimidad el lugar de la resistencia.

La película ‘Limpia’ de Dominga Sotomayor inaugura la competencia latinoamericana en el Festival de San Sebastián. El filme chileno, basado en la novela de Alia Trabucco, explora la relación entre una empleada doméstica y una niña de clase alta
La decisión de elegir esta película como apertura de la Competencia Latinoamericana no es azarosa: viene precedida de éxitos en festivales independientes, elogios por su estilo visual, una dirección de actores que privilegia la escucha y la imagen contemplativa, y una narrativa que apuesta por la elipsis, los silencios narrativos, los planos largos. Sotomayor ha construido una filmografía donde lo rural, lo urbano, lo cotidiano y lo borrado conviven, y asume riesgos formales que pocas directoras latinoamericanas encaran con esa convicción.

“Es una película que retrata un mundo muy específico chileno”, dice Dominga Sotomayor
El Festival de San Sebastián, con su larga historia de descubrimiento de cine iberoamericano y su prestigio creciente, ofrece un escenario estratégico para situar esta película en debates cinematográficos sobre identidad, género, memoria y poder. Al inaugurar con esta obra, el certamen reafirma su apuesta por creaciones que no solo entretienen, sino que interpelan, que exigen revisión de historias omitidas, que ponen en foco lo invisible en el entramado social latinoamericano.
En palabras de críticos que ya han presenciado pases previos, la obra logra transportar al espectador a través de sonidos mínimos, espacios íntimos, pausas que pesan tanto como los diálogos, rostros que lo dicen todo sin decir palabras. La película funciona como escucha visual, como espacio para sentir lo no dicho, lo olvidado: la infancia fracturada por el ausente, la búsqueda de significado tras el duelo, la reconstrucción a partir de fragmentos.

El Festival de San Sebastián impulsa el cine latinoamericano con programas de apoyo a la producción y distribución regional. La sección Horizontes Latinos incluye filmes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Uruguay.
Sotomayor, al elegir un tema que toca lo privado como lo público, infunde universalidad a una historia que podría parecer local: intercambio de generaciones, sombras de dictaduras, abandono emocional, resiliencia. Su lente dirigida al cuerpo, al espacio doméstico, al paisaje humano cruzado por heridas antiguas, ofrece una apuesta estética que no renuncia a lo político.
El montaje, aún por conocerse en su totalidad, ha sido anticipado como una suma de atmósferas: la luz tenue, los decorados austeros, el paisaje latinoamericano visto como parte de la memoria, la música como eco silencioso. Se dice que la directora recurrió a actores no profesionales en algunos roles, lo que amplifica la autenticidad narrativa y potencia la emoción sin artificios.
La recepción en San Sebastián podrá definir el rumbo de esta película en festivales posteriores, distribución internacional y visibilidad crítica. Se espera que distribuidores presentes en el festival valoren su fuerza simbólica, su pertinencia temática, su estilo arraigado pero renovador. Para la cinefilia latinoamericana, la obra representa una convocatoria a mirar hacia adentro, a reconocer grietas, silencios y afectos rotos como materia cinematográfica valiosa.
Queda por ver también cómo resonará entre audiencias diversas: entre quienes buscan cine reflexivo, quienes esperan historias de frontera emocional, quienes se sienten interpelados por el cine que confronta. Pero si algo parece claro, es que Sotomayor no ha venido a subordinar su voz al espectáculo, sino a revelar aquello que duele y que pervive, que exige memoria, exigencia ética y potencia estética.
Detrás de cada dato, hay una intención. Detrás de cada silencio, una estructura.
Behind every data point, there’s an intention. Behind every silence, a structure.