Home WomenAmanda Seyfried sorprende con un complejo musical religioso en Venecia

Amanda Seyfried sorprende con un complejo musical religioso en Venecia

by Phoenix 24

Cuando lo sagrado se convierte en arte visceral, el cine desafía categorías conocidas.

Venecia, septiembre 2025

Amanda Seyfried deslumbró en el Festival de Cine de Venecia con un papel que marca un cambio radical en su trayectoria. Interpretó a Ann Lee, la fundadora del movimiento Shaker del siglo XVIII, en The Testament of Ann Lee, una película que combina drama, música ritual y exploración de liderazgo femenino. Para la actriz, la experiencia fue, en sus propias palabras, “iluminación, terapia y catarsis”, un ejercicio de liberación creativa que dejó huella en el público y en la crítica.

La cinta, dirigida por Mona Fastvold, compite por el León de Oro y se ha consolidado como una de las propuestas más audaces del festival. Seyfried ofrece una actuación cargada de fuerza espiritual, moviéndose entre la dulzura y la intensidad emocional. Fastvold señaló que la actriz supo equilibrar ternura y radicalidad, cualidades indispensables para encarnar a una mujer que lideró con convicción y fe, aunque a veces en la frontera de la incomprensión.

El guion, escrito por Fastvold y Brady Corbet, explora la vida de Ann Lee y la comunidad Shaker en Estados Unidos

La propuesta estética del filme es singular. Se aleja del musical convencional para acercarse a lo ritual y lo hipnótico. Escenas coreografiadas, música inspirada en cantos Shaker y una puesta visual de gran rigor histórico construyen un universo místico que resulta perturbador y fascinante. Esa mezcla convierte la película en una obra que difícilmente se acomoda a etiquetas fáciles.

El público lo entendió así. Tras la proyección, el teatro estalló en una ovación de quince minutos, una de las más largas en la historia reciente del festival. La emoción fue visible en el rostro de Seyfried, quien lloró al recibir la respuesta de los asistentes. Para la actriz, conocida mundialmente por su papel en Mamma Mia!, el regreso al musical desde una perspectiva completamente distinta supuso una reinvención personal y profesional.

El film plantea interrogantes complejos sobre la fe, la sexualidad, el poder femenino y el sacrificio espiritual. Ann Lee aparece como una líder que desafió las normas de su tiempo, promoviendo el celibato y defendiendo la igualdad entre hombres y mujeres en su comunidad. La narrativa no impone juicios; en cambio, invita a que el espectador explore la ambigüedad del personaje y se confronte con sus propias percepciones de la religión y la política de género.

El proyecto también destacó por su producción. Realizado en 70 mm y con un presupuesto de 10 millones de dólares, apuesta por un lenguaje visual que recuerda al cine artesanal de gran formato. La música, compuesta por Daniel Blumberg, combina repertorio tradicional con arreglos contemporáneos, generando una atmósfera cargada de misticismo y trance.

Mona Fastvold y su co-guionista Brady Corbet concibieron la obra como un ejercicio de exploración histórica y emocional, más que como un relato lineal. La directora defendió el riesgo estético y narrativo de la película, consciente de que su complejidad podía generar división entre los críticos. Sin embargo, la contundente recepción en Venecia confirmó que el público valora propuestas que no buscan la comodidad, sino la conmoción.

El regreso de Amanda Seyfried a un musical, tras años de distancia del género, no fue un movimiento calculado sino un salto al vacío. En sus declaraciones posteriores al estreno, confesó que nunca había experimentado una conexión tan profunda con un personaje. Para ella, Ann Lee no fue solo un papel, sino una experiencia transformadora. Esa entrega se reflejó en la pantalla y explicó, en gran parte, el entusiasmo del público.

En definitiva, The Testament of Ann Lee es una película que desafía al espectador. No solo cuenta la historia de una líder religiosa radical, sino que invita a reflexionar sobre el lugar de lo espiritual y lo femenino en la historia y en el presente. Amanda Seyfried logró que esa figura olvidada adquiera una nueva dimensión y, al hacerlo, reescribió también su propio lugar en el panorama del cine contemporáneo.

La narrativa también es poder.
Narrative is power too.

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