A pesar de las sanciones occidentales, el petróleo ruso fluye a través de India, se refina y regresa a Occidente como productos legales. El resultado: Moscú sigue recaudando miles de millones mientras la arquitectura de sanciones se debilita.
Nueva Delhi / Bombay, agosto de 2025 — India se ha convertido en un actor clave del comercio global de energía, pero no como simple consumidor: en los últimos meses, ha operado como un conducto estratégico para el petróleo ruso sancionado. Crudo con grandes descuentos llega a refinerías indias, se transforma en gasolina, diésel u otros derivados, y luego se exporta legalmente a países como Australia o Estados miembros de la Unión Europea. El mecanismo es legal en apariencia, pero financieramente beneficia a Moscú y socava los objetivos de las sanciones internacionales.
Para mediados de 2025, Rusia representaba entre el 35% y 40% de las importaciones totales de petróleo de India —una proporción inédita antes de 2022—. Aproximadamente el 60% de ese volumen es procesado por refinerías privadas, el resto por estatales. Analistas estiman que India ha pagado cerca de 133 mil millones de dólares por crudo ruso en lo que va del año, siendo el segundo mayor comprador global, solo detrás de China.

El petrolero Nevskiy Prospect, propiedad del principal grupo petrolero de Rusia, Sovcomflot. REUTERS/Yoruk Isik
El caso de Australia es ilustrativo: desde 2023 ha importado más de 3.700 millones de dólares en combustibles procesados en India, provenientes de petróleo ruso. Este comercio habría generado unos 1.850 millones de dólares en ingresos fiscales para el Kremlin, pese a que Canberra prohíbe oficialmente la compra directa de crudo ruso. Europa también recibe derivados desde India, reforzando el papel de Nueva Delhi como una “puerta trasera” energética en el sistema internacional.
Desde Washington, la presión ha escalado. El presidente Donald Trump ha amenazado con imponer aranceles de hasta 100% a productos indios si no se reducen estas operaciones. Para la Casa Blanca, India está ayudando —aunque indirectamente— a financiar el esfuerzo bélico ruso en Ucrania.
Las autoridades indias han respondido con firmeza. Argumentan que los acuerdos de petróleo son decisiones soberanas, derivadas de contratos de largo plazo y necesidades de seguridad energética. El Ministerio de Asuntos Exteriores ha calificado las críticas de Occidente como hipócritas, señalando que muchas potencias del G7 aún mantienen flujos comerciales con Rusia en otros sectores clave. Además, recalcan que interrumpir importaciones de forma inmediata generaría inestabilidad económica y energética interna.
El sistema logístico que sostiene esta red incluye barcos antiguos operados por empresas opacas, conocidos como parte de la “flota en la sombra”. Estas embarcaciones navegan bajo banderas de conveniencia, cambian de nombre en altamar y evitan rutas tradicionales de seguimiento. Al llegar a puertos indios, el petróleo se refina y los productos derivados se etiquetan como originarios de India, lo que los exime de sanciones directas. Legalmente es válido. Estratégicamente, es un atajo.

El primer ministro indio, Narendra Modi, hace un gesto durante una conferencia de prensa conjunta con el presidente estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca en Washington, D.C., EEUU. REUTERS/Kevin Lamarque
Más allá del plano comercial, el dilema es profundamente geopolítico. Para EE.UU., India está erosionando la eficacia del tope de precios impuesto al crudo ruso y debilitando el cerco económico contra Moscú. Para India, la prioridad es mantener bajos los precios del combustible y sostener su crecimiento económico. En el centro de todo están las refinerías estatales, intermediarios navieros y una diplomacia energética que oscila entre pragmatismo y desafío.
Si Washington decide aplicar aranceles o sanciones secundarias, el impacto económico sobre India podría ser severo. Se calcula que más de 18 mil millones de dólares en exportaciones indias —incluyendo productos agrícolas y manufactureros— estarían en riesgo. Para el mercado petrolero global, el efecto sería igual de crítico: sin cerrar esta vía, Rusia seguiría recibiendo ingresos significativos. Solo en junio, se estima que el Kremlin obtuvo 12.600 millones de dólares por exportaciones energéticas, y podría superar los 153 mil millones al cierre de 2025.
India, tradicionalmente alineada con una política exterior de no alineamiento, se encuentra ahora en el centro de la arquitectura sancionadora global. Su papel como nodo comercial energético —al mismo tiempo que desafía a Occidente y sostiene su autonomía estratégica— es símbolo de una nueva multipolaridad donde las normas son flexibles y la moral, selectiva.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. REUTERS/Ken Cedeno
Porque en esta danza de intereses, India no solo es espectadora. Es conductora, mediadora y beneficiaria. La puerta trasera sigue abierta —y el precio lo paga el sistema de sanciones internacionales.
Este contenido fue generado por Phoenix24 a partir de investigación propia, monitoreo internacional y validación cruzada de hechos relevantes, manteniendo una postura editorial crítica y documentada.
This content was generated by Phoenix24 through original research, international monitoring, and cross-validation of relevant facts, maintaining a critical and well-documented editorial stance.