Los convenios refuerzan su estrategia de presión económica, combinando aranceles del 19 % con acceso preferencial para productos estadounidenses
Washington, julio de 2025 — Donald Trump anunció la firma de dos acuerdos comerciales bilaterales con Filipinas e Indonesia, en los que ambas naciones asiáticas se comprometen a eliminar aranceles para productos estadounidenses mientras aceptan que sus exportaciones hacia EE.UU. sean gravadas con una tarifa fija del 19 %. El movimiento forma parte de una estrategia más amplia de reconfiguración del comercio global, impulsada desde su retorno a la escena internacional, donde el proteccionismo pragmático se posiciona como herramienta diplomática.
El presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. viajĂł a Washington para concretar el acuerdo, definido por Trump como “beneficioso y estratĂ©gico para ambas naciones”. En paralelo, una delegaciĂłn de alto nivel de Indonesia suscribiĂł un pacto similar, en el que se destacan compras significativas de aeronaves, insumos agrĂcolas, maquinaria industrial y, sobre todo, minerales estratĂ©gicos clave para la transiciĂłn energĂ©tica, como nĂquel y cobalto.
Ambos acuerdos entrarán en vigor antes del 1 de agosto, fecha que marcaba el vencimiento del plazo autoimpuesto por Trump para imponer aranceles unilaterales a paĂses que no firmaran acuerdos comerciales preferenciales. En los Ăşltimos dos meses, la presiĂłn sobre gobiernos asiáticos aumentĂł drásticamente, en especial tras advertencias de medidas comerciales severas contra los paĂses que no “jueguen justo”, en palabras del exmandatario.

Trump desde el SalĂłn Oval, durante una reuniĂłn con su par de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr. (REUTERS/Kent Nishimura)
La fĂłrmula adoptada por Trump implica, en la práctica, una reapertura masiva del mercado estadounidense bajo condiciones controladas. Las naciones que acepten eliminar barreras para productos norteamericanos recibirán acceso limitado al mercado de EE.UU. pero con una carga arancelaria significativa. Filipinas e Indonesia son las primeras en aceptar este modelo, pero se especula que Vietnam y Malasia estarĂan negociando condiciones similares para evitar represalias econĂłmicas.
En el plano econĂłmico, el anuncio provocĂł una reacciĂłn inmediata de los mercados. El Ăndice S&P 500 alcanzĂł un nuevo máximo histĂłrico, impulsado por expectativas de expansiĂłn comercial y consolidaciĂłn de exportaciones estadounidenses en Asia. El Dow Jones tambiĂ©n mostrĂł alzas relevantes, mientras sectores tecnolĂłgicos ajustaron sus expectativas debido a las nuevas reglas en Asia, en especial en manufactura de chips y baterĂas.
Más allá del efecto bursátil, los acuerdos confirman un giro estratĂ©gico de EE.UU. hacia el Indo-PacĂfico, donde se conjugan intereses econĂłmicos, seguridad energĂ©tica y competencia geopolĂtica con China. Washington refuerza asĂ su influencia mediante una polĂtica comercial coercitiva pero negociada, que ofrece beneficios tangibles a cambio de disciplina econĂłmica y alineamiento geoestratĂ©gico.
En Filipinas, el acuerdo ha sido interpretado como una apuesta doble: se abren las puertas al capital norteamericano, pero se aceptan restricciones que podrĂan afectar a sectores industriales y agrĂcolas locales. En Indonesia, la clave del acuerdo es el acceso al mercado estadounidense para sus minerales, vitales para el desarrollo de tecnologĂas limpias. Ambos paĂses buscan tambiĂ©n garantizar cooperaciĂłn militar y asistencia en ciberdefensa, lo que sugiere que los pactos no son meramente comerciales, sino integrales.
Expertos del Centro de Estudios EstratĂ©gicos e Internacionales (CSIS) consideran que esta fĂłrmula podrĂa convertirse en el nuevo estándar de negociaciĂłn de Washington. Se espera que, ante la cercanĂa de las elecciones intermedias de 2026, Trump continĂşe utilizando estos acuerdos como argumento electoral frente a sus crĂticos, defendiendo su capacidad para proteger empleos, atraer inversiones y reforzar la posiciĂłn global de EE.UU.

En paralelo, organismos multilaterales como la OMC y el FMI observan con cautela este rediseño de la arquitectura comercial, que rompe con principios tradicionales de reciprocidad simĂ©trica y plantea interrogantes sobre sostenibilidad a largo plazo, tanto para las economĂas emergentes como para la estructura global de comercio.
AsĂ, el tablero del Indo-PacĂfico se vuelve un laboratorio econĂłmico y diplomático, donde cada acuerdo es tambiĂ©n una declaraciĂłn de alineamientos futuros. La geopolĂtica del comercio, más que nunca, se juega en cifras, cláusulas y calendarios. Y mientras los paĂses deciden quĂ© ceder para mantenerse cerca de Washington, el mensaje queda claro: el nuevo orden comercial estadounidense no se ofrece, se impone.
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