El Departamento del Tesoro revela una operación clandestina entre Yemen y Emiratos que sostenía ataques en el Mar Rojo
Washington, julio de 2025 — En un nuevo esfuerzo por cortar los canales financieros del movimiento rebelde hutí, Estados Unidos ha impuesto sanciones contra siete nuevos objetivos implicados en la importación ilegal de petróleo y el lavado de dinero para financiar actividades armadas en Yemen. La red, que operaba entre los Emiratos Árabes Unidos y territorios controlados por los hutíes, generaba ingresos multimillonarios utilizados para sostener ataques marítimos y adquirir tecnología bélica.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro identificó a dos individuos clave: Muhammad Al-Sunaydar, señalado como principal intermediario en la compra de petróleo iraní para el grupo, y Yahya Mohammed Al-Wazir, presunto responsable del blanqueo de ganancias a través de transacciones comerciales ficticias. Cinco empresas, incluyendo una planta cementera en la región de Amran, fueron utilizadas como fachada para canalizar recursos hacia fines militares.
Este golpe financiero responde al aumento de la actividad hostil por parte de los hutíes en el Mar Rojo, donde los ataques a buques comerciales se han intensificado desde 2024. Washington considera que estos ingresos ilegales, que superan los 12 millones de dólares según estimaciones internas, permiten al grupo mantener sus capacidades ofensivas pese a las restricciones internacionales. La red habría triangulado cargamentos de combustible desde Irán y los redistribuía mediante compañías registradas en jurisdicciones tolerantes al secretismo bancario.
La sanción implica el congelamiento inmediato de activos y la prohibición de transacciones con entidades estadounidenses. Además, se activa un mecanismo de vigilancia en colaboración con socios europeos y del Golfo Pérsico, incluyendo inspecciones más rigurosas en rutas marítimas estratégicas. La medida se inscribe dentro del marco legal de la Orden Ejecutiva 13224, que permite actuar contra quienes apoyen materialmente a organizaciones designadas como terroristas.
Estados Unidos ya había reincorporado a los hutíes a su lista de entidades terroristas extranjeras en enero de 2024, tras una serie de ataques con drones y misiles dirigidos contra navíos internacionales. En ese contexto, se sancionaron también navieras y operadores logísticos vinculados a operaciones ilícitas de transporte de crudo.
Expertos en seguridad regional señalan que estas sanciones, si bien no garantizan por sí solas la desarticulación del flujo financiero hutí, representan una barrera significativa. Algunos analistas sostienen que la acción puede elevar el costo operativo del grupo y obligarlo a recurrir a rutas más riesgosas o menos eficientes. Otros, sin embargo, advierten que mientras exista apoyo encubierto de actores estatales, especialmente desde Teherán, los efectos serán limitados.
La implicación geopolítica va más allá del conflicto yemení. La estabilidad del Mar Rojo es crítica para el comercio global: más del 10% del tráfico marítimo mundial transita por esta región. Interrupciones derivadas de conflictos localizados tienen consecuencias sistémicas para cadenas de suministro, energía y comercio. En ese sentido, las acciones contra redes financieras no solo buscan limitar la capacidad de fuego hutí, sino preservar un orden marítimo esencial para la economía internacional.
Mientras se fortalece la cooperación entre Estados Unidos, Reino Unido, Francia y países del Consejo de Cooperación del Golfo, la comunidad internacional observa con atención la evolución de este frente híbrido, donde convergen tráfico de hidrocarburos, financiamiento ilícito y desestabilización regional. La guerra ya no se libra solo con armas, sino con algoritmos, sanciones y bitácoras marítimas intervenidas.
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