Un reciente homenaje literario reabre el debate sobre Borges, la herencia dantesca y la apropiación intelectual en las letras hispanoamericanas
Buenos Aires, julio de 2025. El nombre de Dante Alighieri vuelve a ocupar titulares, no por una efeméride convencional, sino por la confluencia de dos acontecimientos con una resonancia inesperada: la reedición crítica de la Divina Comedia con ensayos del poeta y traductor argentino Jorge Aulicino, y la divulgación de un presunto plagio de Jorge Luis Borges relacionado con su lectura del infierno dantesco. La literatura, como campo de tensiones simbólicas, se ha convertido una vez más en escenario de disputas sobre autoría, legado y reinterpretación.
Aulicino, uno de los referentes actuales en la poesía argentina, presentó en la Biblioteca Nacional un trabajo que no solo rescata la obra de Dante, sino que la entrelaza con los desafíos contemporáneos de la lectura y la traducción. En sus palabras —retomadas por medios culturales como Página/12, Le Monde des Livres y The New York Review of Books— la Comedia “es un texto vivo, que nos empuja a reinterpretar la justicia, la política y la poesía desde un lugar que no admite neutralidades”. En un giro inusual, sin embargo, el evento literario quedó eclipsado por una revelación polémica: un manuscrito inédito atribuido al joven Borges que, según un grupo de filólogos italianos liderados por Gianni Amelotti (Università di Bologna), contiene fragmentos tomados casi literalmente de una traducción italiana de 1872, sin atribución alguna.

El clásico de Dante Alighieri, traducido y anotado por Jorge Aulicino (Sello: Edhasa)
Aunque el hallazgo carece aún de validación plena por parte de la Real Academia Argentina de Letras, ha sido suficiente para detonar un debate feroz en el ámbito intelectual. Especialistas en estudios borgianos como Laura Rosato —curadora de la Biblioteca Nacional— han minimizado el hecho, argumentando que “Borges concebía la intertextualidad como un arte mayor”, mientras que críticos del Instituto Iberoamericano de Berlín han señalado que “la línea entre homenaje y apropiación ha sido históricamente ambigua en la obra borgiana”.
El contexto político y cultural global no es indiferente a este tipo de controversias. En un mundo donde la propiedad intelectual se redefine en medio de tensiones por la inteligencia artificial generativa, la idea de “plagio” comienza a desdibujarse. Plataformas como OpenAI, DeepMind y Alibaba DAMO ya han sido acusadas de entrenar sus modelos sobre obras literarias sin permiso explícito, lo que ha llevado a legislaciones emergentes desde Bruselas hasta Seúl. En este clima, la discusión sobre Borges cobra una nueva dimensión: ¿hasta qué punto las prácticas literarias del siglo XX anticipaban, sin saberlo, los dilemas éticos del siglo XXI?
Desde la óptica de Phoenix24, el caso también reabre una vieja herida en América Latina: la constante necesidad de validación desde centros de poder cultural europeos. Mientras en Italia se exige una reevaluación del canon borgiano, en Buenos Aires el enfoque es más introspectivo. Aulicino, en una entrevista exclusiva con medios locales, sostuvo que “la verdadera traición sería dejar de leer a Borges por una supuesta infidelidad textual. Lo que nos legó es una arquitectura del pensamiento, no una propiedad registral de las palabras”.

“Se convirtió en un monumento en el que solo entran algunos devotos que logran penetrar el misterio”, afirmó Aulicino sobre la “Divina Comedia”
Entre tanto, la reedición de la Divina Comedia con las notas de Aulicino se convierte en un inesperado superventas, y las librerías de la Avenida Corrientes registran un inusual repunte de interés por Dante. No por nostalgia, sino porque, como bien recordaba el mismo Borges en uno de sus ensayos: “Todo lector es un redactor de la eternidad”.
Y aunque la sombra de un presunto plagio parece proyectarse sobre uno de los autores más reverenciados de habla hispana, lo que se impone es otra lectura: la de una cultura en constante diálogo, hecha de apropiaciones, resonancias y traducciones interminables.

Aulicino explicó cómo Borges utilizó palabras textuales del poeta italiano en su reconocido “Poema conjetural”, donde narra los últimos pensamientos de Francisco Narciso de Laprida (Foto: EFE/Manuel Hernández de León)
En un mundo donde los algoritmos ya leen, traducen y escriben, la pregunta no es si Borges copió, sino si alguna vez existió el acto puro de creación literaria. Quizá, como Dante, seguimos transitando círculos de lectura donde cada palabra ya fue dicha antes… solo que en otro idioma, en otro siglo, o por otra inteligencia.
Esta nota fue elaborada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en información pública, fuentes internacionales verificadas y análisis geopolítico independiente.
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