Home WomenCortisol alto y por qué se te hincha el abdomen: La relación crucial que debes entender

Cortisol alto y por qué se te hincha el abdomen: La relación crucial que debes entender

by Phoenix 24

Si sufres de inflamación, distensión y estrés (habiendo probado todo) sabrás que intentar mantener el cortisol a raya –la famosa hormona del estrés cuyo nombre científico era un gran desconocido hasta hace relativamente poco para la mayoría de los mortales– es la gran obsesión de los últimos tiempos.

No nos culpo. El acelerado ritmo de vida que llevamos; el vivir como si nos persiguiera un león por la selva teniendo a nuestro sistema nervioso siempre preparado para la defensa; y el haber asumido el estrés como modo de vida, han hecho que nos familiaricemos con este término.

Desde entonces hemos hablado largo y tendido de cómo nos afecta, pero puede que no tanto de su relación con la hinchazón abdominal y la falta de ligereza en el cuerpo. Y queremos abordarlo porque ese síntoma visible –a veces es erróneamente lo que más nos preocupa, aunque no debería ser así– puede ser una llamada de atención para bajar el ritmo. Y eso es lo verdaderamente importante: trabajar el ejercicio de parar, de hacer un alto.

Que nuestro abdomen se hinche a lo largo del día puede ser consecuencia de niveles altos de cortisol y de estrés mantenido en el tiempo. Y por mucho que hablemos de alimentos o hábitos que ayudan a controlarlo, la base puede estar en algo mucho más básico y necesario: descansar.

“Muchas veces sentirse más ligera empieza por poder parar”

Irene Vilches, especialista en drenaje linfático manual y bienestar femenino y creadora del tratamiento Revulife, da en el clavo al afirmar que “muchas veces, sentirse más ligera empieza también por poder parar”. La experta insiste en que esa conexión entre cuerpo y bienestar –de eso va su tratamiento, una combinación de maniobras de drenaje y modelado con un momento de relajación profunda que aporta calma y ligereza– es fundamental.

Al final la cadena de hábitos que implican las épocas de estrés puede entrañar cambios en la digestión aunque sigamos comiendo lo mismo. “Cuando estamos sometidas a estrés durante mucho tiempo, el cuerpo puede manifestarlo de distintas formas: dormimos peor, acumulamos tensión y la digestión puede volverse más pesada. Por eso, cuando recuperamos la calma, a menudo nos sentimos menos hinchadas. No significa que todo se deba al cortisol ni que esa hinchazón sea siempre inflamación: también puede haber distensión abdominal o retención de líquidos”, puntualiza.

Hinchazón abdominal más allá del cortisol

Vilches insiste también en que, aunque un vientre hinchado pueda coincidir con una etapa de estrés, no siempre responde a niveles altos de cortisol. “El intestino y el cerebro están en comunicación constante: cuando vivimos bajo presión, la digestión puede cambiar y podemos sentir más intensamente molestias como los gases. También pueden influir el ciclo menstrual, el estreñimiento o la alimentación. Por eso, cuando digo que el cuerpo habla, me refiero a prestar atención a lo que sentimos, no a interpretar la hinchazón como un diagnóstico”, reflexiona.

De hecho, la farmacéutica experta en menopausia Marta Masi, también insiste en la idea de no atribuir al cortisol toda la culpa de esa hinchazón. “La panza también escucha al cerebro. Cuando el estrés se prolonga, la respuesta del organismo, en la que participa el cortisol, puede influir en el ritmo intestinal y en cómo percibimos las sensaciones digestivas. Efectivamente el estrés puede contribuir, aunque la hinchazón tiene muchas causas y conviene valorar cada caso de forma individual, entendiendo qué hay detrás y elegir el apoyo adecuado”.

Por tanto, si bien esa hinchazón puede deberse a muchos otros motivos más allá del estrés, es interesante saber que en algunos casos (cada vez más) sí está relacionado y puede afectar tanto a procesos digestivos como al equilibrio de la microbiota. Y de alguna manera, si paramos y nos relajamos, podemos estabilizar nuestro sistema nervioso y que los procesos digestivos funcionen mejor.

Estados de alerta y estrés que afectan a la digestión:

La experta en nutrición consciente Klau Gago observa en consulta una tendencia generalizada entre las mujeres a sostener un estrés crónico que hace que el cuerpo intente adaptarse a un estado de alerta mantenido y normalizado. “Muchas de estas mujeres comen aparentemente bien, hacen ejercicio y se cuidan. Y aun así aparece cansancio persistente, hinchazón abdominal, piel más reactiva, dolores de cabeza o dificultad para dormir y esto se debe a que llevan demasiado tiempo funcionando bajo un mismo ritmo de exigencia”, explica. Precisamente ese estado de alerta continuo con niveles de cortisol elevados ocasiona señales que muchas veces se interpretan como problemas aislados. De ahí que siempre insista en una concepción holística de salud, no tanto basada solo en la alimentación. “No era la comida. Era mi cabeza”, explica en referencia a ese necesario cambio de paradigma.

Dicho todo esto, parece necesario hablar de hábitos que ayuden a controlar el estrés. Y aunque no hay nada nuevo en el horizonte –el consabido equilibrio entre sueño, buena alimentación y ejercicio físico es la clave– si necesitamos concretar por dónde empezar, Irene Vilches se queda con esto: “Sería caminar todos los días y levantarnos con frecuencia cuando pasamos muchas horas sentadas. Al dar un paso, los músculos de las piernas ayudan a que la sangre regrese hacia el corazón y favorecen también el movimiento de la linfa. Es un gesto sencillo que podemos incorporar sin reservar un momento especial para cuidarnos”, concluye. (V).

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