Una noche de libros compartidos que busca transformar la espera en acto simbólico.
Buenos Aires, septiembre de 2025
Una convocatoria inusual se ha hecho eco entre lectores, editores y promotores literarios: la vigilia aireana, programada para el 8 de octubre en el barrio porteño de Flores, aspira a reunir a seguidores de César Aira en una expresión pública de apoyo. Se invita a los asistentes a llevar libros del autor, instalarse desde las 19:00 horas y convertir ese encuentro en un reclamo simbólico dirigido a la Academia Sueca para que considere otorgarle el Premio Nobel de Literatura.
Organizada por Daniel Mecca y la editorial La Conjura, la acción combina homenaje, creatividad y una dosis de ironía literaria. “César Aira es un escritor dadaísta”, dice Mecca; su intención es que la vigilia refleje ese carácter irreverente, mientras manifiesta, en tono colectivo, que “defiendan lo que nuestro líder se ganó por derecho propio”.
El evento responde a un historial de candidaturas de Aira al Nobel, las cuales aún no se han concretado en reconocimiento. Por eso la vigilia no se limita a reclamar un galardón, sino a manifestar que su obra ha cultivado una comunidad fiel que rechaza la espera pasiva. En años recientes también se ha propagado la campaña #PagaAira, que aseguraba devolver el dinero a quienes compraran sus libros si resultaba laureado, y la reedición de Aira o muerte de Mecca como gesto complementario de movilización literaria.
La convocatoria no solo opera como presión simbólica, sino como performance literaria: cada ejemplar llevado al encuentro funciona como testimonio y ritual colectivo. En la voz de los organizadores, la vigilia tiene una doble finalidad: activar el apoyo público y evidenciar que, para muchos, la postergación del Nobel ya ha sido una ofensa simbólica.
Más allá de lo inmediato, la vigilia aireana representa una variante contemporánea de acción cultural: no busca derribar estructuras de poder sino insertarse en ellas mediante gesto reflexivo. Aunque su impacto en la Academia Sueca es incierto, fortalece el valor simbólico del acto literario como manifestación política discreta.
La noche del 8 de octubre convertirá un barrio porteño en escenario literario, y los libros en ruido.
Cada silencio habla. / Every silence speaks.