Victoria y tropiezo en París: cómo arrancaron los argentinos en el Masters 1000

Entre la ilusión y el desencanto, el tenis argentino inició su participación en París con un saldo dividido.
París, octubre de 2025.

El primer día de competencia en el Masters 1000 de París entregó dos caras muy distintas para el tenis argentino. Francisco Cerúndolo celebró un debut convincente, mientras Sebastián Báez volvió a tropezar en una racha que empieza a preocupar. Ambos representan, de algún modo, la tensión constante del tenis sudamericano: el esfuerzo técnico frente a la exigencia emocional de sostener el rendimiento en una gira europea que no perdona.

Cerúndolo, actual número 45 del ranking mundial, impuso autoridad desde el primer set ante el bosnio Damir Džumhur, un jugador experimentado que no logró encontrar ritmo ante la consistencia del argentino. El porteño selló un marcador de 6-3 y 6-3 en apenas una hora y media, apoyado en un servicio confiable y una derecha profunda que desarmó los intentos de reacción de su rival. En los momentos de mayor presión, mantuvo la calma y cerró los puntos con determinación, lo que refleja un crecimiento mental notorio respecto a la temporada anterior.

El siguiente desafío será frente al serbio Miomir Kecmanović, un adversario incómodo por su estilo físico y su regularidad desde el fondo de la pista. El enfrentamiento promete ser exigente: Kecmanović transita un repunte en su rendimiento y suele desgastar a sus oponentes mediante intercambios prolongados. Desde el entorno técnico de Cerúndolo destacan que el objetivo inmediato es sostener el enfoque punto a punto, una tarea que el propio jugador reconoció como su prioridad en esta etapa del calendario.

El avance del bonaerense también tiene una lectura estadística relevante. Con 17 victorias en torneos de categoría Masters, se aproxima a los registros históricos de figuras argentinas como Juan Martín del Potro y David Nalbandián, quienes alcanzaron 18 triunfos en sus mejores temporadas. La ATP sitúa a Cerúndolo entre los jugadores con mayor crecimiento en puntos obtenidos durante el último trimestre, lo que refuerza su condición de referente de la nueva generación latinoamericana.

Del otro lado del cuadro, la jornada resultó amarga para Sebastián Báez. El porteño cayó ante el británico Cameron Norrie por 6-3 y 6-4 en un duelo que nunca logró dominar. A lo largo del encuentro, Báez mostró dificultad para sostener la intensidad desde el segundo saque y concedió quiebres decisivos en los momentos clave. Su lenguaje corporal transmitió frustración y cierta desconexión táctica, síntoma de una racha negativa que acumula ocho derrotas en sus últimas once presentaciones.

Esa tendencia preocupa dentro de su equipo de trabajo, especialmente porque Báez había cerrado el año anterior con logros importantes en torneos ATP 250 y una consistencia que lo había catapultado al Top 30. La falta de confianza en los partidos cerrados y la disminución de su efectividad en canchas duras son factores que ahora busca corregir junto a su entrenador, consciente de que la temporada está llegando a su tramo final y que cada resultado influye en la clasificación para los grandes eventos del próximo año.

El martes será un día de alto tráfico argentino en las pistas de París-Bercy. Francisco Comesaña, número 68 del mundo, enfrentará al canadiense Félix Auger-Aliassime, quien llega revitalizado tras una buena gira asiática. Comesaña superó la fase de clasificación con autoridad, y su principal fortaleza reside en la agresividad de su primer servicio. Por otra parte, Tomás Etcheverry y Camilo Ugo Carabelli protagonizarán un duelo nacional con matices de laboratorio: ambos se conocen desde juveniles y comparten entrenador ocasional. El vencedor se medirá con el alemán Alexander Zverev, actual número tres del ranking y candidato firme al título.

El contexto del Masters 1000 de París agrega presión a los latinoamericanos, que históricamente han tenido resultados irregulares en esta superficie. Las canchas indoor tienden a favorecer a jugadores de servicio potente y devoluciones cortas, un terreno menos propicio para el juego de construcción pausada característico de los sudamericanos. Sin embargo, el rendimiento de Cerúndolo demuestra que la adaptación técnica y la preparación física pueden compensar las desventajas estructurales.

En términos generales, el inicio argentino en París refleja una dualidad profunda: por un lado, la consolidación de un jugador en ascenso que parece comprender su madurez competitiva; por otro, la vulnerabilidad de un talento joven que aún no logra estabilizar su rendimiento frente a la presión. Este contraste no solo define una jornada deportiva, sino que también revela la distancia que separa la regularidad del potencial, una línea delgada que decide carreras enteras en el circuito profesional.

El público parisino respondió con calidez ante la entrega de los argentinos, una constante que ha caracterizado la relación entre el tenis francés y los jugadores de América del Sur. La energía en el estadio recordó que, más allá de los marcadores, el tenis sigue siendo una narrativa de resistencia personal. Cada golpe cuenta una historia de esfuerzo acumulado, de viajes interminables y de la búsqueda obsesiva por mantener el equilibrio emocional frente a la incertidumbre del resultado.

En definitiva, la jornada inaugural del Masters 1000 dejó un mensaje claro: la competitividad global no concede márgenes, y cada presentación define más que un marcador. Para Cerúndolo, París puede ser el punto de consolidación definitiva; para Báez, una advertencia sobre la necesidad de reordenar su juego interior antes de que la temporada se apague.

La narrativa argentina en París, con sus luces y sombras, reafirma que el éxito en el tenis moderno ya no depende solo del talento, sino de la capacidad de sostenerlo en la adversidad. La élite es un espacio que no se hereda: se conquista día a día, set a set, sin red de seguridad.

Phoenix24: claridad en la zona gris. / Phoenix24: clarity in the grey zone.

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