El anuncio israelí ha encendido alarmas y llevado el conflicto a la mesa del Consejo de Seguridad.
Nueva York, agosto de 2025 — La determinación del primer ministro Benjamin Netanyahu de expandir la ofensiva militar hacia la mayor urbe de la Franja ha sido calificada por el secretario general de la ONU, António Guterres, como “una peligrosa escalada” que amenaza con agravar la crisis humanitaria y aumentar el riesgo para los rehenes capturados desde el 7 de octubre de 2023. La convocatoria de la sesión fue impulsada por varios miembros del organismo, entre ellos el representante palestino Ryad Mansour, quien denunció que Israel planea una evacuación forzada de civiles y la imposición de una administración interina sin participación de Hamás ni de la Autoridad Palestina.
El rechazo internacional ha sido inmediato. Alemania anunció la suspensión de exportaciones militares hacia Israel, alegando que la operación carece de objetivos políticos claros y que podría derivar en un deterioro irreversible de la situación humanitaria. Los Países Bajos, por su parte, calificaron la iniciativa como “un paso equivocado” y cancelaron el envío de unidades navales previstas para la cooperación con Israel, argumentando que Gaza pertenece a los palestinos y que la ofensiva no aliviará la crisis humanitaria.
Este nuevo episodio se suma a un conflicto que, tras casi dos años de hostilidades, ha dejado más de 60.000 muertos y ha destruido gran parte de la infraestructura civil. En julio, una ofensiva israelí sobre Rafah fue señalada por líderes palestinos como preludio de una segunda Nakba, mientras que las operaciones de marzo ya habían arrasado escuelas, mezquitas y refugios, lo que la ONU describió como una posible estrategia de castigo colectivo.
En paralelo, el Consejo de Seguridad ha mantenido un debate intenso sobre el bloqueo impuesto a la Franja. Durante sesiones previas, la mayoría de los miembros calificaron de inaceptable la responsabilidad israelí en la hambruna que sufre la población de Gaza, mientras que Israel culpó a Hamás de la crisis, acusando a la organización de acaparar la ayuda humanitaria y de utilizar a los cautivos como herramienta de presión.
La reunión de este sábado podría convertirse en un momento decisivo para la diplomacia internacional. El organismo se enfrenta a la disyuntiva de respaldar nuevas resoluciones que exijan un alto el fuego inmediato y el acceso sin restricciones de ayuda humanitaria, o aceptar que, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, cualquier medida sea bloqueada por vetos de miembros permanentes. Las resoluciones de 2024, que reclamaban un cese de hostilidades y un intercambio de prisioneros, fueron aprobadas con dificultad y, en la práctica, incumplidas sobre el terreno.
Vista de un campamento de tiendas de campaña en el que se refugian palestinos desplazados por la ofensiva militar israelí, en la ciudad de Gaza, este 8 de agosto de 2025 (REUTERS/Dawoud Abu Alkas)
El impacto regional de esta escalada es innegable. La Liga Árabe convocó también una sesión extraordinaria a petición de Palestina, que calificó la iniciativa israelí como un acto de “escalada genocida”. Las autoridades palestinas advierten que el control militar de Ciudad de Gaza podría provocar una intensificación del hambre, el desplazamiento forzado y la fragmentación definitiva del territorio.
Más allá del frente inmediato, esta situación pone a prueba la capacidad de la ONU para actuar como mediador efectivo en conflictos de alta intensidad. El desgaste institucional del Consejo de Seguridad, sumado a la rivalidad entre potencias con intereses opuestos en la región, limita las opciones de una respuesta unificada. Al mismo tiempo, los actores humanitarios sobre el terreno reportan que la combinación de bombardeos, bloqueos y cortes de suministros básicos ha generado un escenario de emergencia que, de no revertirse, podría desembocar en una crisis masiva de refugiados hacia Egipto y otros países vecinos.
En términos geopolíticos, la ofensiva proyectada sobre Gaza no solo se interpreta como una maniobra militar, sino como un mensaje político hacia aliados y adversarios. Para Israel, mantener el control operativo de la ciudad es una forma de garantizar que Hamás no pueda reconstituir su capacidad militar. Para buena parte de la comunidad internacional, sin embargo, el plan abre la puerta a una ocupación prolongada y a un ciclo de violencia que difícilmente podrá resolverse con medios exclusivamente militares.
El desenlace de esta convocatoria dependerá de la capacidad de los miembros del Consejo para encontrar un punto de consenso que no diluya el sentido de urgencia. Si la reunión se traduce en una nueva resolución firme y verificable, podría abrirse una ventana para aliviar la crisis y sentar las bases de una negociación política. Si, por el contrario, se impone el bloqueo diplomático, el escenario más probable será una prolongación del conflicto y un agravamiento de la tragedia humanitaria.
La reunión del sábado no solo discutirá un plan militar; en realidad, debatirá la vigencia del derecho internacional en un contexto donde las normas parecen ceder ante la fuerza de los hechos consumados. Y será, al mismo tiempo, una prueba de fuego para la capacidad de la ONU de frenar una escalada que amenaza con borrar lo que queda de Gaza como entidad política y social.
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