Un eje naval creciente: cómo China y Rusia intensifican su presencia conjunta cerca de Japón

Maniobras de poder estratégico en alta mar: ejercicios navales planeados desde Vladivostok reflejan una alianza militar sin límites en medio de tensiones globales.

Beijing / Moscú, 6 de agosto de 2025

China y Rusia han iniciado maniobras navales conjuntas denominadas “Joint Sea‑2025” en aguas del Mar de Japón, frente a la costa de Vladivostok y a escasa distancia del territorio japonés. Las operaciones, que incluyen ejercicios de artillería, guerra antisubmarina, defensa aérea y simulacros de rescate, constituyen un nuevo hito en la cooperación estratégica entre ambas potencias militares, consolidando una alianza operacional que ya no se limita a la retórica diplomática.

El momento elegido no es inocente. Las maniobras comenzaron apenas dos días después de que el presidente estadounidense Donald Trump ordenara el despliegue de dos submarinos nucleares como advertencia tras declaraciones provocadoras del exmandatario ruso Dmitry Medvedev. Aunque los ejercicios ya estaban programados, su coincidencia con la nueva escalada retórica entre Moscú y Washington refuerza el mensaje de unidad y fuerza entre Rusia y China.

Imagen de Archivo de una fragata china (EPA/BIANCA DE MARCHI)

Desde que declararon su “asociación sin límites” en 2022, ambas naciones han incrementado su coordinación en todos los frentes: ejercicios navales, patrullas aéreas, maniobras en el Ártico y simulacros de defensa costera. En el plano naval, esta cooperación se ha vuelto más compleja, más sincronizada y más simbólica. Ya no se trata solo de proyectar disuasión, sino de demostrar que sus respectivas flotas pueden operar juntas en escenarios de guerra moderna.

El despliegue actual incluye un destructor antisubmarino ruso, submarinos diésel-eléctricos de ambas armadas, un buque chino de rescate y varios destructores de guerra de superficie. El objetivo es lograr interoperabilidad táctica en zonas sensibles, un avance notable si se considera que hasta hace pocos años Moscú y Pekín evitaban compartir capacidades navales estratégicas.

Tokio, por su parte, ha advertido en un informe oficial que las actividades militares conjuntas entre China y Rusia son ya la principal amenaza geoestratégica en su entorno inmediato. El gobierno japonés ha redoblado sus esfuerzos para reforzar su cooperación defensiva con Estados Unidos y Corea del Sur, reactivando simulacros conjuntos y reforzando su escudo antimisiles.

A nivel simbólico, las maniobras de “Joint Sea‑2025” expresan más que una cooperación táctica: representan la consolidación de una arquitectura militar paralela al orden liberal occidental. Para Moscú, que enfrenta aislamiento y sanciones desde la guerra en Ucrania, la alianza naval con China ofrece una plataforma para romper ese cerco. Para Pekín, en cambio, Rusia es un socio útil para expandir su influencia marítima sin depender exclusivamente de sus propias fuerzas.

Imagen de archivo. Buques de guerra navegan durante el ejercicio conjunto de la Armada de Irán, China y Rusia en el Golfo de Omán, Irán. 12 de marzo de 2025 (Agencia de Noticias de Asia Occidental)/Folleto vía

El mensaje es claro: frente a un Pacífico cada vez más militarizado, Beijing y Moscú ya no temen operar al unísono en aguas disputadas. Si antes lo hacían por separado, ahora lo hacen como bloque. Y eso obliga a replantear las reglas de seguridad regional.

Mientras tanto, los analistas regionales observan tres trayectorias posibles. La más predecible es la continuidad de esta cooperación militar anual, con ejercicios cada vez más complejos que amplíen su alcance hacia el Mar de China Meridional o incluso el Ártico, consolidando un nuevo patrón de disuasión binacional. Pero también se vislumbra un escenario de disrupción: un incidente no calculado —una colisión, un error de señal o una incursión aérea— podría escalar en cuestión de horas y tensar al límite las relaciones entre el eje China-Rusia y la alianza Tokio–Washington. Por último, en un plano más difuso, algunos expertos advierten que actores como India, Vietnam o incluso Irán podrían redefinir sus alianzas navales, reconfigurando el tablero del Indo-Pacífico hacia una bifurcación de bloques rivales.

En cualquier caso, el mar deja de ser frontera y vuelve a ser teatro. Y los buques, más que armas, son ya símbolos flotantes de una nueva arquitectura multipolar que navega —a plena vista— por la superficie de un mundo cada vez más dividido.

Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis geopolítico riguroso.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team with verified international sources, public data, and rigorous geopolitical analysis.

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