La guerra también se libra contra el olvido.
Buenos Aires, mayo de 2026. La guerra en Ucrania atravesó la Feria del Libro de Buenos Aires con una mesa marcada por el testimonio, la memoria y la urgencia de narrar mientras el conflicto sigue abierto. Eugenia Kuznetsova, Artem Chapeye y Héctor Abad Faciolince participaron en el encuentro “Voces desde Ucrania”, donde la literatura apareció menos como refugio estético y más como instrumento de resistencia moral. La frase sobre no querer que los hijos sean refugiados toda la vida condensó el núcleo emocional del debate: el exilio no es solo desplazamiento físico, sino una amenaza prolongada contra la identidad.
El encuentro mostró que escribir sobre Ucrania ya no puede separarse de la vida cotidiana bajo alarma, pérdida y ruptura familiar. Los autores abordaron la dificultad de contar una guerra en tiempo real, cuando todavía no existe distancia histórica y el dolor permanece en desarrollo. Esa tensión convierte a la literatura en un archivo vivo, capaz de registrar lo que las estadísticas no alcanzan a explicar.
La presencia de Ucrania en una feria latinoamericana también amplió el sentido político de la conversación. El conflicto dejó de ser únicamente una crisis europea para convertirse en una pregunta global sobre memoria, soberanía y responsabilidad cultural. Desde Buenos Aires, la guerra apareció como una advertencia sobre lo que ocurre cuando la violencia intenta convertir a una sociedad entera en población desplazada.
El fondo de la mesa fue claro: narrar también es impedir que la guerra administre el silencio. Frente al cansancio internacional y la normalización del horror, las voces reunidas insistieron en que contar el presente no es prematuro, sino necesario. Ucrania no solo pelea por territorio; también pelea por conservar el relato de quienes no quieren heredar a sus hijos una vida entera de refugio.
Contra la propaganda, memoria. / Against propaganda, memory.