El embargo muta y se renueva mientras Washington apunta al corazón económico del régimen cubano: la industria turística. El rediseño de las sanciones marca un giro calculado con implicaciones geopolíticas regionales.
Washington – La Habana, julio de 2025.
La administración del expresidente y actual candidato Donald J. Trump ha intensificado su ofensiva económica contra el régimen cubano con un nuevo paquete de sanciones dirigido a la infraestructura turística de la isla. En un movimiento que redefine la política de contención hacia La Habana, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la inclusión de una docena de entidades hoteleras y operadores turísticos en la lista de restricciones financieras del Office of Foreign Assets Control (OFAC), muchas de ellas vinculadas directa o indirectamente al conglomerado militar GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
Según fuentes oficiales consultadas por Phoenix24 en Washington, la decisión responde a lo que se ha calificado como una “reconfiguración estratégica del embargo”, basada en el principio de sancionar aquellos sectores que brindan “oxígeno financiero directo al aparato autoritario cubano”. Esta medida forma parte del diseño de una nueva arquitectura de presión que combina acciones diplomáticas con herramientas de inteligencia económica, en sincronía con aliados conservadores del continente y sectores del exilio cubano en Florida.

El contexto de este endurecimiento no es menor. A semanas de la Convención Nacional Republicana, Trump intenta recuperar el protagonismo frente al electorado hispano y redoblar su apuesta por una política exterior más agresiva, particularmente en América Latina. Fuentes del Council on Foreign Relations señalan que este nuevo embargo indirecto refleja la estrategia de “asfixia blanda”: atacar las fuentes de ingresos del régimen sin recurrir a intervenciones militares o bloqueos explícitos. Esta línea de acción también le permite enviar una señal de continuidad ideológica ante sus seguidores más duros, quienes exigen acciones concretas frente a gobiernos percibidos como hostiles al orden occidental.
Desde Europa, las reacciones no se hicieron esperar. El Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, expresó “preocupación” por el impacto humanitario de estas sanciones, argumentando que podrían profundizar la crisis social en la isla. Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, país con inversiones hoteleras relevantes en Cuba, advirtió que las medidas podrían vulnerar acuerdos bilaterales firmados en el marco del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y Cuba. Algunos diplomáticos europeos evalúan la posibilidad de presentar una queja formal en el marco de la Organización Mundial del Comercio si las sanciones llegan a afectar a empresas con capital mixto o contratos previamente establecidos.

Fotografía de archivo, tomada el pasado 12 de febrero, en la que se registró a un grupo de turistas al tomar fotos frente a la catedral de La Habana (Cuba) (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Del lado latinoamericano, el gobierno de México ha guardado silencio oficial, aunque diplomáticos cercanos a la Cancillería revelaron a Phoenix24 que “se analiza cuidadosamente el impacto de las medidas en las relaciones trilaterales con Estados Unidos y Cuba”. Brasil, por el contrario, ha endurecido su posición en línea con Washington tras la reciente visita de su canciller a Miami, donde mantuvo encuentros con grupos opositores cubanos. En este contexto, el escenario regional podría bifurcarse entre países que alineen su política exterior con Washington —como ha sucedido con Paraguay o Guatemala— y aquellos que mantendrán una distancia diplomática crítica, como Colombia, Chile o Bolivia.
En paralelo, informes del Center for Strategic and International Studies (CSIS) apuntan a que este nuevo giro en la política hacia Cuba forma parte de una estrategia más amplia que busca reconfigurar las alianzas regionales en el Caribe, utilizando el turismo como un vector de presión geoeconómica. Expertos en seguridad hemisférica han señalado que el turismo, especialmente controlado por entidades militares como Gaviota S.A. y Cubanacán, se ha convertido en un canal crucial de financiamiento para actividades internas de control social, vigilancia y represión política. De mantenerse esta línea de sanciones, es probable que otras áreas sensibles, como telecomunicaciones y servicios financieros ligados al control de la moneda libremente convertible (MLC), entren en la mira del Tesoro estadounidense.
El régimen de La Habana respondió calificando las sanciones como “un acto de agresión económica” y “una violación flagrante del derecho internacional”, mientras moviliza a sus diplomáticos para denunciar la medida ante el G77 y la ONU. Medios estatales cubanos como Granma y Cubadebate replicaron un mensaje unificado de resistencia, asegurando que “el pueblo cubano ha sobrevivido a peores intentos de estrangulamiento económico”. Sin embargo, en la narrativa interna empieza a preocupar el impacto acumulativo de las restricciones. Con una contracción del PIB estimada en -3.7% para 2025 y sin expectativas de inversión extranjera significativa, los márgenes de maniobra del régimen se estrechan.

Varias personas pasan por delante del nuevo hotel Selection La Habana, de la cadena española Iberostar, en La Habana, Cuba, el 24 de enero de 2025 (AP Foto/Ramón Espinosa)
Más allá de los discursos, la presión sobre el sector turístico amenaza con profundizar la recesión económica de la isla. De acuerdo con estimaciones del Banco Central de Cuba filtradas a través de fuentes en Madrid, las pérdidas proyectadas podrían superar los 800 millones de dólares en ingresos anuales si se mantiene la restricción sobre los paquetes turísticos desde EE.UU., sumado a la caída del turismo europeo por temor a represalias legales secundarias. En este escenario, los flujos migratorios hacia Estados Unidos y países vecinos podrían reactivarse con intensidad, reconfigurando también la agenda migratoria de la región y tensando aún más las relaciones fronterizas.
En el tablero internacional, China ha mantenido una postura de prudente neutralidad, si bien ha incrementado discretamente su apoyo logístico a través de acuerdos de cooperación tecnológica con el Ministerio de Comunicaciones cubano, lo cual abre una ventana de reacomodo multipolar en el Caribe. Mientras tanto, Rusia ha ofrecido aumentar el número de vuelos charter hacia Cuba desde Moscú y San Petersburgo, compensando parcialmente la pérdida del turismo occidental. En caso de que estos actores multipolares consoliden su presencia, el Caribe podría convertirse en un nuevo epicentro de competencia estratégica entre bloques rivales, alterando el equilibrio post-Guerra Fría aún vigente en la región.
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