Toribia Lero al Senado: la voz indígena que desafía la perpetuidad política de Evo Morales

Cuando un líder renuncia a ser vidente para convertirse en espejo, se convierte en amenaza visible para los imperios que no toleran reflejos incómodos.

La Paz, Bolivia – agosto de 2025

Toribia Lero Quispe, defensora histórica de los derechos indígenas y de las mujeres en Bolivia, ha irrumpido en la contienda electoral con un mensaje frontal: detener la perpetuación del poder en manos del expresidente Evo Morales, a quien acusa de intentar eternizarse en el escenario político boliviano “cueste lo que cueste”. Candidata al Senado por Cochabamba, Lero representa un nuevo bloque de resistencia democrática que combina raíz indígena, ética feminista y crítica institucional.

Con más de tres décadas de activismo en comunidades originarias del altiplano, Lero no es una figura improvisada ni testimonial. Ha sido parte del Parlamento Andino, ha enfrentado amenazas por denunciar violencia estatal contra mujeres indígenas, y ha sostenido una agenda de descolonización política basada en la autodeterminación real de los pueblos. Hoy, considera que Morales, lejos de representar ese horizonte, lo ha secuestrado.

La campaña 2025 en Bolivia está marcada por la polarización, el resurgimiento de tensiones violentas y una fractura profunda en el Movimiento al Socialismo (MAS). Morales fue inhabilitado oficialmente por el Tribunal Constitucional para postular a un nuevo mandato, en cumplimiento de los límites constitucionales ya ratificados por instancias internacionales. Sin embargo, ha creado un nuevo partido, EVO Pueblo, con el que busca reinsertarse indirectamente en la arena electoral mediante figuras de confianza.

Frente a este escenario, Lero ha denunciado que Morales manipula estructuras partidarias, judiciales y mediáticas para mantener su influencia, incluso desde la sombra. Su candidatura se alinea con organizaciones democráticas, colectivos indígenas autónomos y movimientos feministas que exigen renovación real, sin tutelas ni caudillismos.

“La democracia no es propiedad de nadie, ni se hereda ni se impone. Se construye con voces diversas y con respeto al voto del pueblo”, afirmó Lero en un mitin reciente en Tiquipaya. Su discurso se diferencia de otros sectores opositores en un punto clave: no busca simplemente desplazar a Morales, sino desmontar la lógica centralista y vertical que ha caracterizado a varios gobiernos del pasado reciente.

En paralelo, diversas regiones del país —especialmente Potosí y Oruro— han mostrado señales de desgaste hacia el liderazgo histórico de Morales. La juventud urbana, sectores campesinos no alineados y liderazgos emergentes dentro del propio MAS han comenzado a deslindarse del relato hegemónico que lo presenta como único garante del “proceso de cambio”.

Toribia Lero apuesta por una plataforma que articula consulta libre e informada en territorios indígenas, justicia comunitaria no patriarcal, gestión del agua y de la tierra con enfoque ancestral, y respeto a las autonomías regionales. También ha abogado por una transición que permita reconciliación sin impunidad, en referencia a los episodios de violencia registrados durante las crisis políticas de 2019 y 2020.

Sus críticos, tanto en filas oficialistas como entre opositores tradicionales, intentan deslegitimarla tildándola de “candidata testimonial” o de “disidente sin estructura”. Sin embargo, Lero ha logrado conectar con una franja ciudadana que no se siente representada por los bloques dominantes. Su campaña es austera pero constante, basada en asambleas comunitarias, redes de mujeres rurales, jóvenes migrantes y exdirigentes sindicales desplazados por la concentración del poder.

El momento es delicado. Bolivia enfrenta una elección marcada por la posibilidad de una segunda vuelta, donde las fragmentaciones internas del oficialismo pueden abrir espacio a candidaturas intermedias o coaliciones inesperadas. En ese contexto, la figura de Lero no solo sirve de contrapeso moral, sino también de opción política real para articular una agenda no populista, no oligárquica y profundamente territorial.

Más allá del resultado electoral, lo que está en juego es una disputa por el significado mismo del poder indígena en Bolivia. ¿Debe seguir mediado por figuras masculinas, centralistas y autorreferenciales? ¿O puede ser reconfigurado desde una mirada colectiva, horizontal y contemporánea? Lero apuesta por lo segundo.

Mientras Evo Morales ensaya fórmulas para mantener su influencia sin ser candidato, y mientras la oposición tradicional carece de una narrativa cohesionada, la irrupción de Toribia Lero podría convertirse en una bisagra política. No por cantidad de votos, necesariamente, sino por la fuerza simbólica de recordar al país que el poder indígena no nació con Evo… y tampoco morirá con él.

Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis riguroso, en coherencia con el contexto global vigente.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team using reliable sources, public data, and rigorous analysis in alignment with the current global context.

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