Un accesorio ligero y con IA que prescinde del display, pero no del debate sobre privacidad, moda y autonomía digital.
Seúl, agosto de 2025 — Samsung prepara un giro estratégico en el competitivo mundo de los wearables: lanzar unas gafas inteligentes sin display — similares a las Ray-Ban Meta — con cámara, micrófono y altavoces integrados, diseñadas para operar con comando de voz e inteligencia artificial. El proyecto, que apunta a ser presentado en 2026, busca posicionarse como una alternativa más accesible y práctica dentro del ecosistema Galaxy, en un momento en el que las grandes tecnológicas redibujan la frontera entre moda, conectividad y vigilancia.
La apuesta de Samsung se inserta en una dinámica de alianzas estratégicas: la compañía participa en el desarrollo de Android XR junto con Google y marcas de óptica de prestigio como Warby Parker y Gentle Monster. Estos modelos más sofisticados incluirán pantallas de realidad aumentada, pero la versión “sin display” que prepara Samsung representa una vía más pragmática y económica para acelerar la adopción masiva de gafas inteligentes. Con un diseño liviano y estético, la compañía pretende que el dispositivo se convierta en un accesorio de uso cotidiano, no en un prototipo de laboratorio.
El hardware se espera profundamente integrado con smartphones Galaxy, relojes inteligentes y sistemas de inteligencia artificial como Gemini, ampliando el control del ecosistema Samsung. Este enfoque responde a la estrategia de crear una red cerrada en la que cada dispositivo refuerza la dependencia del usuario hacia la marca. La cámara y el micrófono permitirán grabación de video y audio de manera discreta, mientras que los altavoces y el control por voz facilitarán interacciones rápidas en movimiento.
Sin embargo, la innovación también despierta interrogantes. La ausencia de una pantalla obliga a depender exclusivamente de comandos vocales y gestuales, lo que eleva la vulnerabilidad en contextos de privacidad y ciberseguridad. Expertos advierten que el uso de cámaras portátiles siempre supone un riesgo de vigilancia intrusiva, tanto desde el Estado como desde actores privados. En paralelo, la moda tecnológica se convierte en un factor determinante: las gafas no solo deberán convencer como herramienta útil, sino como accesorio estético que pueda ser aceptado en espacios públicos y laborales.
En el tablero global, Samsung busca disputar un terreno dominado por Meta, que ya ha vendido más de dos millones de unidades de sus gafas Ray-Ban, y por Apple, que prepara un modelo de realidad aumentada con enfoque premium. Según proyecciones del mercado, el sector de gafas inteligentes podría expandirse desde los 25,000 millones de dólares en 2025 hasta más de 1.6 billones en 2032, consolidándose como uno de los segmentos más dinámicos de la industria tecnológica. En este marco, el lanzamiento surcoreano no solo responde a un interés comercial, sino a la lógica geopolítica de la soberanía digital y la necesidad de competir en innovación con las grandes firmas estadounidenses.
Más allá de la batalla empresarial, las gafas sin pantalla de Samsung anticipan un cambio cultural. Si el smartphone transformó la relación entre humanos y datos al trasladar la estación de información al bolsillo, este nuevo dispositivo aspira a ser el puente entre la visión y la inteligencia artificial, sin necesidad de pantallas. La pregunta, aún abierta, es si los usuarios estarán dispuestos a aceptar un accesorio que promete libertad digital mientras expone la vida privada a nuevas formas de control y registro.
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