Pogacar afianza su dominio y reina en Tres Valles Varesinos

Ninguna escapatoria: su ofensiva ratifica que el ciclismo tiene un nombre este año.

Varese, octubre de 2025.
Tadej Pogacar volvió a mostrar cuán lejos puede estirarse su sombra en el pelotón. En la clásica Tres Valles Varesinos, el ciclista esloveno impuso su ley con un ataque decisivo a menos de veinte kilómetros de la meta, dejando atrás a favoritos y rivales para coronarse con autoridad. La victoria no solo alimenta su palmarés, sino que reafirma su dominio total en una temporada que parece escrita a su medida.

Con un tiempo de 4 horas, 34 minutos y 28 segundos en los 200 kilómetros que separan Busto Arsizio de Varese, Pogacar conquistó una de las pruebas más emblemáticas del calendario de otoño. Fue apenas unos días después de haberse proclamado campeón europeo en ruta, un logro que consolida una racha de victorias que ya suma diecinueve en el año. Con este triunfo, el corredor del UAE Team Emirates alcanzó las 107 victorias profesionales, un registro reservado para las grandes leyendas del ciclismo moderno.

Sus perseguidores apenas pudieron sostener el ritmo. Albert Withen Philipsen y Julian Alaphilippe completaron el podio a 45 segundos del esloveno, sin capacidad de respuesta ante su potencia. El mexicano Isaac del Toro, que había formado parte del grupo de escapados, perdió contacto en los tramos decisivos, víctima del ritmo implacable impuesto por su líder de equipo.

Más que una victoria, la actuación de Pogacar fue una demostración de hegemonía. El ciclista de Komenda consolidó la sensación de que no hay terreno neutral en el pelotón actual: cada carrera se transforma en su tablero táctico, y cada rival se ve obligado a reaccionar o resignarse. Su lectura estratégica, su control del viento y su capacidad para cambiar de ritmo con precisión quirúrgica le permiten dominar incluso las pruebas donde el azar suele dictar sentencia.

La Tres Valles Varesinos, prueba clásica que cierra la temporada europea, ha sido históricamente un escenario de confirmación para los grandes campeones. En esta edición, Pogacar ejecutó con la frialdad de quien conoce exactamente cuándo atacar, sin alardes ni dramatismo, simplemente con el peso natural de su superioridad.

Su victoria no solo desgasta físicamente a sus adversarios, sino también mentalmente. Ya no compiten únicamente contra Pogacar, sino contra la idea de su invencibilidad. Cada triunfo amplía esa distancia simbólica que convierte su figura en un referente inalcanzable.

El calendario todavía guarda algunas citas antes del cierre del año, pero el esloveno parece haber dejado un mensaje claro: mientras otros luchan por sobrevivir a la exigencia del circuito, él corre en otra dimensión. La verdadera incógnita no es si alguien podrá vencerlo, sino quién se atreverá a intentarlo.

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