Mercedes Speroni y Silvina Tenenbaum encaran el monstruo en danza

La danza no cura el miedo, lo desviste; es allí donde emerge, crudo y humano.

Buenos Aires, agosto de 2025

En la sala El Excéntrico de la 18, ubicada en Villa Crespo, se estrenará en septiembre la obra Por suerte me tengo a mí. Un espectáculo que no pretende exorcizar el miedo; más bien lo convoca para revisarlo en carne viva. Bajo la dirección y presencia escénica de Mercedes Speroni, en dupla creativa con Silvina Tenenbaum, la pieza pone en escena una danza contemporánea teñida por el butoh, tradición japonesa que hace de cada movimiento una confesión del alma.

La propuesta ocurre los domingos 7, 14, 21 y 28 a las ocho de la noche. Allí, Speroni y Tenenbaum enfrentan lo invisible: un “monstruo” interno, metáfora del miedo cotidiano, del rechazo a verse a solas con esa sombra. No se busca superar el dolor sino mirarlo, convivir con la fragilidad y el rechazo, usar la espalda y la respiración para decir lo que a veces no cabe en palabras.

Mercedes Speroni y Silvina Tenenbaum interpretan una pieza sobre el miedo, la autoestima y la confrontación con las propias sombras

Speroni viene de una formación que va desde la danza clásica hasta la contemporánea, incorporando cuerpo teatral para explorar los límites del cuerpo marcado por el trauma. Su experiencia en la Compañía de Danza Mujeres, así como en piezas como Hembra o El nombre del mundo es noche, y su recorrido como directora de obras y realizadora audiovisual, le otorgan una mirada política y emocional compleja.

Tenenbaum aporta otro cuerpo sensible, formado en danza teatro y acrobacia. Ha trabajado en la Compañía Eléctrica y en proyectos infantiles con la coreógrafa Lucía Russo, además de impartir talleres que comunican desplazamientos corporales con imaginación. Juntas, construyen una tensión entre control y trance, entre lo suave y lo abrupto, lo público y lo íntimo.

El equipo creativo detrás de esta obra aporta otro nivel. En vestuario está Catalina Pieres, en iluminación José Binetti, en maquillaje Celeste Navarro, en sonido Jero Bort y en video su hermano Pedro Speroni. Fervor Danza se encarga de la producción general, con Iván Mintz asistiendo en la dirección. Cada nombre suma textura, cada giro en el escenario se vuelve atmósfera, cada luz una sombra emergente.

Este espectáculo dialoga con corrientes performativas globales, particularmente con la estructura simbólica del butoh, esa danza que hace visible lo reprimido. América Latina aporta su propia memoria corporal marcada por traumas, ausencias y melodramas históricos, mientras Europa reconoce en estas prácticas híbridas un terreno fértil para repensar lo contemporáneo. En contextos globales, los festivales de danza contemporánea destacan cómo la escena independiente argentina redefine el lenguaje escénico desde la herida, no desde la pose.

El valor de Por suerte me tengo a mí no está solo en su técnica o en su potencia visual, sino en su apuesta ética: permitir que el miedo se vuelva coreografía, que el rechazo se transforme en movimiento. Al verlas, uno entiende que aceptar la sombra no es rendirse, sino negociar con ella, hacerse compañía desde el rigor del cuerpo.

Al bajar la luz final y correr el telón, la obra deja algo más que silencio: deja una pregunta abierta sobre cómo seguimos con nosotros mismos cuando el miedo ya no está afuera, sino en el centro del escenario.

Phoenix24: inteligencia para audiencias libres.
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