Home CulturaMatías Ercole traslada el desarraigo y el paisaje al techo del Palazzo Braschi

Matías Ercole traslada el desarraigo y el paisaje al techo del Palazzo Braschi

by Phoenix 24

Hay instalaciones que invierten el mirar y, al hacerlo, también voltean la pertenencia.

Roma, noviembre de 2025.
En el marco de la edición de 2025 de Bienalsur, el artista argentino radicado en Italia, Matías Ercole, presenta la obra “Vieron caer al sol”, una instalación de gran escala alojada en el histórico Palazzo Braschi que desafía la perspectiva tradicional del espectador al reposicionar el paisaje sobre el techo de la sala. Un árbol sin raíces se suspende en el aire, las palmeras y cipreses flotan en la parte superior del lienzo y el público es invitado a recostarse para contemplar lo que usualmente se ve de pie. La sensación de desarraigo y de tránsito entre Buenos Aires y Roma, entre el estar y el pertenecer, se hace tangible desde el primer momento.

La pieza fue creada íntegramente en Roma durante un mes, sobre dos paneles de más de cinco metros, con una técnica de marouflage —papel encolado sobre tela— que luego fue intervenida con barniz a base de cera, capa oscura y herramientas punzantes como agujas y virutas de acero para rasgar la imagen y revelar vestigios. Ercole explica que su intención es trabajar “en capas”: lo técnico, lo narrativo, lo emocional se mezclan. De este modo no se trata solamente de contemplar una pintura sino de activar una experiencia donde el cuerpo debe moverse, recostarse, mirar hacia arriba para reconocer que el horizonte ha sido desplazado.

El artista ha señalado que el árbol sin raíces simboliza ese estar entre mundos: “No soy de acá ni de allá”, dice mientras busca articular la tensión de un origen porteño y un presente romano. La exposición plantea asimismo una pregunta tácita: si el sol ya no existe, ¿quiénes somos nosotros que lo vemos caer? Esa interrogación atraviesa la obra y redefine la relación del espectador con el paisaje, ya no como fondo sino como sujeto que se ubica debajo, que asume la posición de lo observado y lo observador al mismo tiempo.

La presencia de la obra en un espacio tan simbólico como el Palazzo Braschi, en el corazón de Roma, añade otra capa de lectura: una ciudad que contiene historia, arquitectura y turismo convive con una instalación que exige quietud, cambio de postura y desaceleración. Esa tensión entre el vértigo urbano y el reposo contemplativo conecta con el desarraigo que el artista explora: hombres, árboles, raíces, cielos, tiempos y geografías que parecen fuera de lugar, pero que en su desplazamiento adquieren un nuevo sentido.

Críticos culturales de Europa han observado que Bienalsur refuerza su carácter de “bienal global distribuida” al proponer espacios de reflexión sobre la naturaleza, el cuerpo, el entorno y la cámara visual desde latitudes múltiples. La obra de Ercole se ubica en ese mapa y confirma que el sur no es solo una coordenada sino un modo de ver el arte. Aquí, el público no se limita a levantar la mirada: debe recostarse, cambiar de eje y aceptar que el mundo puede estar por encima suyo. Y en esa inversión reside el mensaje.

Cuando el visitante abandona la sala, ha hecho algo más que ver un cuadro: ha cambiado su posición, ha alterado la relación con el espacio, ha asumido el desarraigo como experiencia estética. Roma, Buenos Aires, el árbol flota y el sol cae. En ese instante, el paisaje es accionado desde otro lugar.

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