Desde su tierra natal, la investigadora impulsa formas críticas de pensar el arte desde una perspectiva feminista, con un seminario y un taller que buscan descentralizar la escena y activar la memoria colectiva.
Tucumán, julio de 2025 — La reconocida curadora y doctora en arte contemporáneo María Laura Rosa regresa a su provincia para encabezar dos actividades clave que apuntan a repensar el vínculo entre feminismo, estética y política cultural. Se trata del seminario “Dormir en la luz… estar despiertxs en la oscuridad” y el taller “Extramuros”, ambos organizados por el Estudio Maleza y programados para los primeros días de agosto. Estas jornadas, abiertas a artistas, estudiantes, curadores y gestores culturales, combinan trabajo teórico y análisis de casos reales para pensar la curaduría desde una praxis ética, afectiva y política.
Con un enfoque transversal, el seminario explorará los nudos entre arte feminista, curaduría y procesos de subjetivación. Temas como el mito del genio masculino, la legitimación patriarcal del canon artístico, los vínculos entre ecofeminismo y producción visual, así como la inclusión de memorias disidentes y afectos en la curaduría, serán ejes centrales de trabajo. La propuesta busca romper con formatos académicos verticales, favoreciendo el diálogo crítico y la co-construcción de saberes. En paralelo, el taller “Extramuros” se presenta como un espacio íntimo para compartir proyectos en proceso, donde Rosa acompañará desde su experiencia investigaciones curatoriales y propuestas interdisciplinarias que operan desde los márgenes.
La trayectoria de María Laura Rosa respalda la apuesta. Investigadora del CONICET y profesora en la Universidad de Buenos Aires, ha desarrollado una obra clave para la historia del arte feminista en América Latina, con especial foco en los años setenta y ochenta. Su participación como curadora en instituciones de Argentina, México y Brasil ha contribuido a la visibilización de genealogías críticas, desplazando el eje de legitimación de los centros urbanos hacia narrativas múltiples y regionales. Su regreso a Tucumán no sólo tiene un carácter afectivo: representa una apuesta por la descentralización cultural y el fortalecimiento de circuitos autónomos de pensamiento y acción.
Los organizadores, Cecilia Quinteros Macció y Gabriel Toscano, señalaron que estas actividades no responden a una agenda institucional, sino a una voluntad de intervención micropolítica en el campo artístico local. El Estudio Maleza, que desde su fundación articula producción, pensamiento y formación, se consolida así como un nodo clave en el circuito autogestivo del NOA. En palabras de Quinteros, “es urgente hacer del arte un espacio de cuidado, crítica y transformación, y eso solo se logra colectivamente”.
Mónica Millán, en Fundación Santander, curada por Rosa
Este tipo de iniciativas no son aisladas. En otros países como México, Colombia y Uruguay, han surgido en los últimos años experiencias similares donde la curaduría feminista opera como forma de resistencia y archivo vivo. Colectivos como Tlacuilas y Retrateras, en Ciudad de México, o la Red de Curadurías Críticas en Montevideo, vienen proponiendo metodologías que hibridan activismo, archivo y afecto. Estos movimientos responden a una necesidad común: disputar el sentido del arte desde una lógica emancipadora.
Para analistas culturales consultados por Phoenix24, el impacto de estas jornadas podría ir más allá de su marco inmediato. En contextos de precarización, polarización y extractivismo simbólico, pensar curaduría con enfoque feminista es también una forma de resistencia epistemológica. Implica desarmar los dispositivos que históricamente han invisibilizado a artistas mujeres, disidencias sexuales, pueblos originarios o comunidades racializadas. Pero también exige imaginar formas más horizontales de producir, exhibir y narrar.
Al promover un espacio donde teoría y práctica se cruzan en tiempo real, Rosa propone no sólo una mirada crítica, sino una acción concreta: hacer de la curaduría una herramienta situada, colectiva y sensible. Su paso por Tucumán no se limita a una visita académica; es parte de un proceso mayor de activación territorial, en el que el arte vuelve a ocupar su lugar como dispositivo ético, político y afectivo.
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