Home EntretenimientoMac DeMarco: del caos absoluto a la calma total

Mac DeMarco: del caos absoluto a la calma total

by Phoenix 24

Hay una imagen que viene de inmediato a mi mente cuando pienso en Mac DeMarco y que refleja perfecto todo lo que su proyecto musical pudo haber significado hasta hace unos años. En ella se ve al cantautor de rodillas, sin playera, con las manos detrás de la espalda y compartiendo un beso con Nathan Fielder, quien parece estar tocando la guitarra como parte de su banda en esa presentación de 2019 en el icónico teatro Greek de Los Ángeles.

La imagen es poderosa por lo que representa. Fielder es uno de esos comediantes avant-garde que ha construido una valiosa carrera a partir de la exploración profunda de las obsesiones humanas y su humor involuntario y conmovedor. También canadiense, DeMarco es uno de esos músicos que, con mucha gracia en sus canciones y conciertos, ha sabido llegar a los oídos de millones de personas que parecen no tomarse demasiado en serio. El cuadro es una especie de Creación de Adán, una obra que, se ha dicho por ahí, representa “el libre albedrío humano, la necesidad de un ligero esfuerzo del hombre para alcanzar a Dios y la inmensidad de la gracia divina”.

No es solamente mi percepción: el mismo DeMarco parece haberlo pensado alguna vez. “Creo que hace unos años era recompensado por no hacer nada”, me dijo hace unas semanas cuando nos reunimos para conversar. “Cuando las cosas eran más salvajes, tal vez yo aportaba algo de esa energía, pero también reaccionaba a cómo el público se comportaba”.

Su discografía es casi tan impecable como míticos son sus conciertos. Una búsqueda en internet puede arrojar testimonios de aquella época en la que, en sus presentaciones en vivo, había —según algunos threads en Reddit— saltos hacia la multitud desde más de cinco metros, interpretaciones de canciones de Metallica sin ropa o incluso dedos en su trasero mientras tocaba. “Si un concierto es bueno, es muy bueno; y si es malo, es muy malo. Y es esa diferencia la que nos mantiene entusiasmados”.

De aquella imagen de Mac DeMarco en el libre albedrío del exceso hoy queda muy poco. Tal vez su última muestra es One Wayne G, un disco que publicó en 2023 con muchas cuasi-canciones que superaban las ocho horas de duración y que vio la luz después de su no tan afortunado Five Easy Hot Dogs de ese mismo año.

El nuevo Mac DeMarco

Mac DeMarco posando con un lago de fondo.

El Vernor Winfield McBriare Smith IV con el que me senté a conversar es claramente distinto a su personaje de Salad Days —uno de los mejores discos de rock de la década pasada— o Rock and Roll Night Club. La sobriedad ha sido parte de su vida desde 2020, cuando la gran plaga embriagó al resto del mundo, y su forma de mostrarse también ha cambiado. Hoy no se le escucha ansioso por demostrar nada, ni carga con esa prisa por no pasar desapercibido. “Creo que hay altas y bajas todos los días, pero en general estoy aprendiendo muchas cosas que me interesan. Estoy trabajando en cosas que he querido hacer desde hace mucho, comiendo buena comida y compartiendo momentos con las personas que amo”.

Desde mediados del año pasado, DeMarco ha residido en su natal Canadá, en una casa alejada de la ciudad, ubicada en una isla en el mar de los Salish, en British Columbia, un lugar que “solo es accesible en bote”, como narra la periodista Amanda Petrusich en su perfil para The New Yorker. En ese lugar, parece, la creatividad que brinda la sobriedad solo puede potenciarse. “Estoy trabajando duro y creo que el trabajo duro ha sido remunerado de varias formas. Ahora ni siquiera estoy buscando recompensa; solo me gusta ese sentimiento de estar trabajando en algo”, me dice reflexionando sobre estos últimos meses. “Cuando estoy de gira, solo quiero hacer las cosas mejor; y cuando no, me gusta trabajar en casa o haciendo nueva música. Solo me gusta crear: crear un mundo, una experiencia, una canción, renovar mi casa, lo que sea. Creo que eso es bueno para la mente y me trae mucha paz”.

Esa paz de la que habla es tan notoria hoy como la inestabilidad que antes lo gobernaba. Guitar, su más reciente disco, editado el año pasado, es la mejor prueba. “Seguro me equivoqué / lanzando hechizos y cantando canciones tontas”, se le escucha decir en una de las doce canciones que conforman el que es su disco mejor logrado desde el visceral This Old Dog (2017). Aquí DeMarco se aleja de la complejidad de sus creaciones más hiperactivas para dar paso a una cadencia en la guitarra que recuerda más a personajes como Neil Young o John Lennon que a su eterno Brian Wilson.

“Me gusta cuando las cosas son simples y funcionan, como un árbol”, asegura. Al Mac DeMarco de hoy ya no le da miedo volverse loco por vivir lejos de la ciudad; más bien prefiere aprender de la geografía que influye su obra. “El océano es impresionante para mí, los árboles también. En donde vivo parece que la naturaleza toma el control. Puedes resistirte, pero más bien aprendes a vivir con eso”. El Mac DeMarco de hoy es más profundo que nunca. “Es una cosa hermosa y creo que te hace ser humilde también, un recordatorio de que somos parte de algo más grande, del ecosistema de la madre naturaleza o como sea que quieras llamarlo”.

En apenas treinta minutos, Guitar muestra una de las facetas poco conocidas de su autor. “Home”, una de las piezas centrales del disco, lo encuentra recluido como en sus mejores momentos, pero ahora añorando su soledad. “Hoy en día prefiero estar solo / Ya no camino por esas calles que un día llamé hogar”, recita sobre una guitarra tan honesta como las letras que decide ponerle encima. “Rooster”, la canción con la que cierra, es una mirada sin cinismo al pasado con esperanza hacia el futuro. Ambas, como el resto de las canciones que conforman el disco, son tan simples que resultan de inmediato encantadoras al oído. “Cuando empecé a hacer Guitar solo puse un micrófono, ni siquiera le moví a la ganancia, no hice muchas modificaciones a nada. Las percusiones iban a sonar como tenían que sonar, no me importaba”, me dice sobre el proceso de capturar esa intimidad.

“Creo que es algo que predico siempre, el wabi-sabi: respetar el sonido, dejar que se escuche como se escucha. Y no estaba siguiendo ese consejo yo mismo. Con Guitar regresé a eso y me gusta mucho cómo suena, tiene una cosa natural y fue porque no le moví y dejé a las canciones vivir. A veces tienes que escucharte a ti mismo”. El sonido del disco podría ser descrito como minimalista en una primera vuelta, pero poco tiene de esa descripción si se escucha con atención. Se trata de un álbum que pareciera ser escaso en sus recursos en la forma, pero que más bien se revela como maximalista en su fondo: es una colección de canciones con exceso de honestidad, con atrevimiento en su aproximación a ella y tremendamente efectivo en su resultado final.

Guitar, el disco que redefine su sonido

Portada de Guitar de Mac DeMarco

Llegar ahí fue parte de un proceso de reconfiguración que hasta la fecha sigue presente en su día a día. Antes de Guitar grabó un disco que nunca nadie, más allá de él y su pareja, va a escuchar. “Creo que ese disco fue como un arranque de motor, tenía que hacerlo para que me aceitara un poco”, me confiesa sobre Hear The Music, una producción que al parecer quedará en la historia como un mito más en su carrera. “Fue como una práctica, porque hacía mucho tiempo que no componía un disco en forma. La razón por la que lo dejé fue porque me estaba volviendo loco tratando de regrabarlo, pero hay algo lindo ahí”. El arrojo de ese Mac DeMarco que editaba canciones en periodos cortos de tiempo parece, también, haber quedado atrás. “Por un lado soy muy feliz al compartir mucha música con mi público, pero por otro lado creo que está muy cool que exista un disco que es como de colección. No digo que sea bueno ni nada, pero está cool tenerlo ahí en el baúl”. Hay mucha música que DeMarco le ha dado a sus fans. “Con ese disco creo que lo que les estoy dando ahora es el lore y eso está cool”.

Fue con Hear The Music que los cables comenzaron a funcionar, incluso si la parafernalia superaba la ambición. Después de años, con ese disco fue que regresó al proceso de escribir canciones en forma y con el que también empezó a experimentar, quizá de más, con la grabación. “Hice de todo”, recuerda con una sonrisa en el rostro, de esas que solo pueden nacer producto del error y el hartazgo superados, “Construí cosas en mi garage, le añadí cosas a las percusiones, tenía baffles por todos lados y estaba haciendo jaulas con PVC, fue psicótico. Después decidí destruir todo y empezar de nuevo”.

Guitar está editado por Mac’s Record Label, su propio sello discográfico con el que ha lanzado sus últimos discos después de años de haber formado parte de Captured Tracks, esa disquera que marcó una época en la historia musical con discos clave de bandas como Beach Fossils, Wild Nothing o Juan Wauters. Empezar de nuevo para DeMarco no se trata solamente de destruir los demonios con los que uno carga, sino también de alejarse de aquellos que lo rodean. “Los Ángeles me vuelve loco a veces”, me dice, “Es raro, la manera en que las cosas se hacen ahí, cómo se promocionan y todo eso”. L.A. fue su casa durante más de diez años, aquellos en los que formó una carrera estable a través de los muchos agentes de una industria musical que ahoga a sus artistas en desesperación. “Nunca me metí realmente en ese mundo, como que solo estaba ahí existiendo. Es decir, es muy fácil comprar equipo ahí y cotorrear con mis amigos, pero todo el tiempo trabajé solo”.

La dinámica con su propia discográfica no es tan distinta, pero le ha dejado mucho más oxígeno para respirar. Mac’s Record Label está muy metida en la maquinaria porque no puede dejar de trabajar con agencias de publishing o merchandising, ni tampoco puede alejarse de la red que ofrecen las empresas de distribución. Sin embargo, ha sabido arreglárselas para tener más libertades de las que tenía con anterioridad. “Las personas que me ayudan a llevar la disquera de alguna forma me dejan hacer lo que yo quiera y, cuando llega el momento de ayudarme a hacer todo realidad, ellos lo hacen muy bien. Es un buen escenario no tener que darle cuentas a nadie y hacer lo que yo quiera. Estoy en una posición muy privilegiada al poder hacer eso”. Es una libertad que solo se pueden dar los artistas que han pasado media vida aprendiendo los trucos oscuros de la mano invisible de la música. “Tengo que operar bajo las reglas de la industria, pero trato de escribir mis propias reglas tanto como

El regreso

Mac DeMarco en el escenario de uno de sus shows

La razón de nuestra conversación fue el anuncio de una nueva gira por Latinoamérica, sus primeros conciertos en la región desde que en 2018 tocó en los Lollapalooza de Brasil, Chile y Argentina. Sus fechas en México se anunciaron unas semanas después y se llevarán a cabo en el marco del Festival Hipnosis de este año. “Esta vez será muy diferente”, amenaza, “Vamos a tocar en lugares pequeños, van a ser conciertos más personalizados y creo que nuestra vibra va a ser más fuerte esta vez”. Su historia en estos últimos años lo ha vuelto más detallista y, uno podría decir, perfeccionista en la manera en la que toca en vivo. “Ahora somos más sólidos en lo que somos”, me dice celebrando su lucidez, “He estado en giras durante mucho tiempo y he visto muchas cosas en ese tiempo. Algunas de esas cosas se han quedado y otras se las ha llevado el viento, pero ahora en este momento de mi vida puedo absorber más cosas, así que estoy emocionado de hacer eso en Latinoamérica”.

La nueva versión de Mac DeMarco se presenta a partir de este mes de abril en Brasil, Argentina, Chile, Perú y México después de años de no hacerlo. El tiempo no pasa en vano y, como él, muchas de las personas que escuchábamos sus canciones en sus mejores momentos hoy también somos diferentes. Uno podría decir que su audiencia también ha cambiado. “Creo que hay muchas personas nuevas jóvenes que quizá no tienen mucha relación con nuestro show en vivo y que más bien han escuchado los discos, creo que ellos no saben muy bien qué esperar”, teoriza sobre todas las personas que irán a verlo tocar en América Latina, “Creo que piensan que va a ser triste y meloso, pero se van a dar cuenta de que somos más raros en vivo y hasta graciosos. Seguramente se van a sentir extraños”.

Según me cuenta, los conciertos que ha dado hasta ahora, antes de que inicie la gira por la región, han tenido desarrollos diferentes pero siempre han terminado en buenos términos. “Si estoy teniendo una mala noche y me pongo un poco malvado en el escenario, aunque todos estemos pasando un mal momento, se convierte en algo bueno”. En sus palabras todavía hay pequeños rastros de aquel Mac DeMarco que poco pensaba sus acciones arriba del escenario y que invitaba a Nathan Fielder para pensar todavía un poco menos. Pero esos rastros se sostienen con una mente mucho más ágil para planearlo todo. “La banda que traigo ahora es tan buena que, aunque la caguemos un poco, suena increíble. Creo que hoy soy más duro en eso de lo que solía ser y eso es bueno, porque siempre estamos tratando de crecer y abrirnos nuevas puertas con la música”.

Mac DeMarco en uno de sus shows

Después de confesarme su entusiasmo por Toninho Horta, el extraordinario guitarrista de jazz brasileño que compartió créditos con personajes como Gal Costa, Sergio Mendes y Milton Nascimento (“Me lo presentó Pedro, el guitarrista que ahora está conmigo, lo vi tocar en Nueva York y es increíble”), DeMarco dibuja un futuro prometedor para su carrera, una que hasta la fecha cuenta con siete discos de larga duración, dos Ep’s y un puñado de presentaciones en vivo que quedan para la historia. “He escrito algunas canciones y he estado grabando mucho”, me confiesa. “Creo que me estoy interesando más en grabar en cinta, que es algo que no había hecho por mucho tiempo […] Por un tiempo me preguntaba por qué usaba una máquina de cassette o por qué usaba una máquina de dos pulgadas, pero hay una razón por la que estoy tan atraído a ese proceso y creo que es porque eso me hace divertirme más haciendo algo, es parte de una tradición y es interesante”.

“Ahora mismo he regresado a investigar el sonido, a tratar diferentes técnicas, a experimentar y algunas canciones van a salir pronto”, asegura, “Seguro también hago un nuevo disco pronto”. Ahora hay una nueva imagen en mi cabeza cuando pienso en Mac DeMarco después de nuestra conversación. En ella lo veo perfectamente bien vestido, con una mirada que parece captar los pequeños detalles como si fueran grandes aprendizajes y con un humor mucho menos cargado de banalidades. Puede que este Mac DeMarco sea menos divertido que el anterior, pero puedo pagar el precio con la música que nos ha dado hasta hoy. (GQ).

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